Película: Big fish

Tras el paréntesis comercial de la nueva versión de El planeta de los simios, Tim Burton vuelve al territorio que mejor le va, el fantástico de ribetes líricos, donde alcanzó cumbres memorables en Eduardo Manostijeras y, sobre todo, en Ed Wood. Ahora lo hace con una comedia fantástica en clave de conflicto intergeneracional, con hijo treintañero que acompaña a su padre en su enfermedad terminal, al que detesta por su afición a contar trolas, unas historias imposibles que a todo el mundo seducen (como buen viajante de comercio que ha sido), pero que al que lo ha escuchado hasta la saciedad desde la infancia le produce sopor, cuando no un cabreo considerable.


Plagada de personajes maravillosos (el gigante en busca de su lugar en el mundo, el maestro de ceremonias de circo que resulta ser un licántropo, el pueblo idílico donde todos van descalzos), la película tarda en entrar en materia, titubeante Burton en encontrar el tono adecuado. Cuando lo hace, se desliza ya con suavidad y seguridad hacia un final que reconciliará al hijo con su querido padre charlatán, no sin antes haber comprendido que la vida, casi siempre, es más agradable si se la adorna y fabula sobre ella que si se toma tal cual es.


No es, desde luego, el mejor Burton que hemos podido gozar, pero tiene la suficiente calidad como para destacarse del anodino cine norteamericano que habitualmente nos llega, salvo los independientes, que salvan reiteradamente los muebles de una industria que se repite más que el pepino.


Gran reparto, destacando el trabajo siempre espléndido de un Albert Finney que es un lujo desaprovechado por el cine; y no digamos la elegante decadencia de una Jessica Lange, a la que aquí se le saca poco partido. Algo más pasado de rosca está Ewan McGregor, aquí más galán que actor. Pero el que se roba la película, como casi siempre que aparece en pantalla, es Danny de Vito, estupendo hombre lobo metido a patrón de circo (¿o era al revés?).


 


Big fish - by , Jun 20, 2017
3 / 5 stars
Querido charlatán