Película: Bright

Esta película está disponible en el catálogo de Netflix, plataforma de Vídeo Bajo Demanda (VoD).

El cine de acción ha de buscar constantemente nuevos veneros y, sobre todo, nuevas historias que vistan adecuadamente el festival de mamporros que, en última instancia, es lo que se le pide a este tipo de productos. Con alguna frecuencia esa búsqueda de temas genera films interesantes que se escapan, aunque sea parcialmente, del estofado de luchas, tiros, explosiones y sangre que constituyen, en este descreído siglo XXI, su principal materia. Es el caso. El guion es de Max Landis, que es “hijo del cuerpo”: su padre es John Landis, director y guionista norteamericano que durante los setenta y los ochenta fue uno de los cineastas más populares de Hollywood; suyos son, por ejemplo, el legendario The Blues Brothers (en España estrenada con el horrible titulo de Granujas a todo ritmo) y, sobre todo, el mítico vídeoclip Thriller, que encumbró (aún más) a un Michael Jackson adolescente. Pues Landis Jr. parece que ha heredado el talento del padre para inventar ideas ingeniosas, aunque, como en este caso, parta de temas ya preexistentes; y es que no hay nada nuevo bajo el sol...

La trama se desarrolla en lo que parece un universo paralelo, aunque sus ciudades son como las de nuestro mundo, hasta el punto de que la acción tiene lugar en Los Ángeles. En ese universo paralelo, que temporalmente se sitúa en una época como la actual, existen (al menos...) tres razas, que se corresponden con otros tantos estratos sociales: los elfos, altos, rubios (no todos...), con orejas puntiagudas (como el Legolas de El Señor de los Anillos o el Spock de Star Trek), constituyen la clase alta; son elegantes, soberbios, inteligentes pero pagados de sí mismos; se saben la crème de la crème y actúan en consecuencia; los seres humanos, blancos, negros, hispanos, chinos, etcétera, con una morfología similar a la de la actual raza humana, constituyen una suerte de clase media; y los orcos, feos, verdes pero como desteñidos, que ocupan el estrato más bajo de la sociedad: vencidos en una inconcreta guerra de hace miles de años, no son esclavos pero les falta el canto de un duro; uno de ellos, Jakoby, ha conseguido entrar en el LAPD, Departamento de Policía de Los Ángeles, aunque está en el punto de mira de Asuntos Internos por, al parecer, haber dejado escapar al supuesto agresor de su compañero, Ward, de raza negra, que ocupa aquí el lugar que hubiera tenido antiguamente el poli blanco de una patrulla interracial. El policía orco se siente mal mirado por sus congéneres, que no lo consideran un pura sangre, pero también por los humanos, incluso sus colegas de la Policía, que siempre que pueden lo humillan. Ambos, Jakoby y Ward, son llamados a un servicio, pero cuando llegan al lugar de los hechos se encuentran con un cuadro dantesco...

Max Landis, como guionista, y David Ayer, como director, montan una vistosa película que, además de espectaculares escenas de acción (que va de suyo en una peli que se inscribe claramente en el género), plantea una situación de discriminación racial en la que los habituales discriminados en nuestro espacio-tiempo, los negros, serán ahora los que menosprecien y sojuzguen a otra raza que reputan inferior, entre el humano y el animal. El progresivo, accidentado acercamiento entre los dos polis protagonistas será, entonces, el meollo del film, aparte de curiosas irisaciones que recuerdan a la ya citada El Señor de los Anillos, pero en una clave plenamente contemporánea, como si la Tierra Media, Mordor y los otros míticos territorios tolkienianos, hubieran sido trasplantados y adaptados a un entorno plenamente moderno, urbano y actual. Así tendremos elfos y orcos, un Señor Oscuro cuyo regreso quieren invocar los villanos de turno (aquí los llamados Inferni) y un talismán de poderes taumatúrgicos (aquí la llamada Varita, trasunto del “Anillo para gobernarlos a todos” de la saga de Tolkien). Pero también tendremos evidentes influencias cristianas: ese mesías renacido que, con ello, cumple la Profecía...

También hay, aunque “sotto voce”, como en segundo plano, una cierta lectura del mundo en clave clasista: los elfos como la élite del planeta, con sus propios barrios, sus poderosas empresas; dirigen el gobierno y las instituciones; los seres humanos, una clase media desclasada, que no se plantea su propia existencia como tal si no es en relación con la clase inferior, los orcos, a los que desprecian; estos, a la defensiva, se constituyen en un estrato que rumia sordamente la venganza que esperan alguna vez poder llevar a cabo, mientras malviven en barrios pobres, con problemas de paro, delincuencia y desestructuración.

El conjunto, aunque pueda parecer un tanto cajón de sastre, presenta consistencia, no es incongruente, termina siendo una atractiva mixtura; la mezcla de todos esos elementos no chirría apenas, se insertan con naturalidad en esta historia que llevará a dos seres contrapuestos, mutuamente recelosos, a llegar a sentir recíprocamente lo más parecido a una amistad. Lástima que un epílogo claramente inferior y manifiestamente tópico reduzca el interés global de la cinta.

Por supuesto, las abundantes escenas de acción son espléndidas, como corresponde a un David Ayer perito en films del género, como Corazones de acero (2014) o Escuadrón Suicida (2016). Estamos entonces ante un film de acción con alma, en una película entretenida, que no avergüenza al espectador, confirmando que, quizá, lo que no pudo ser John Landis pudiera serlo su hijo Max: quién sabe...

De los intérpretes me quedo con Joel Edgerton, que tiene la tarea añadida de resultar convincente, humano, bajo la prótesis que le hace parecer una especie de batracio gigante, un orco descolorido con el que desde luego no ganará ningún concurso de belleza, pero que confirma el talento de este actor y director. Will Smith está muy en su papel, aunque lo cierto es que la estrella negra casi siempre hace el mismo. Del resto del reparto me quedo con Noomi Rapace, cuya mirada gélida tan bien conviene a su personaje, la impía jefa de los villanos; Rapace, la inolvidable Lisbeth Salander de la trilogía de Millennium, es sin duda uno de los rostros femeninos más interesantes de los últimos tiempos. Citaremos como curiosidad que el papel de jefe del FBI Mágico (¡ejem!), el elfo Kandomere, lo más parecido a un escandinavo, ha sido adjudicado a un hispano, Edgar Ramírez, en lo que no sé si es una bofetada sin manos al tocayo del Pato Donald que ahora manda (para nuestro pesar) en la Casa Blanca...


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117'

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Bright - by , Feb 09, 2018
2 / 5 stars
Atractiva mixtura