Película: Dos mujeres

Martin Provost es un actor que también dirige cine de vez en cuando, muy de vez en cuando: de hecho, en 21 años de carrera cuando se escriben estas líneas, ha hecho seis largometrajes. Ello, por supuesto, no es desdoro, sino definición. Provost está especialmente interesado en un cine hecho sobre el mundo femenino. Así, casi todas sus películas tienen personajes centrales que son mujeres, y lo que se nos cuenta tiene que ver con temas mayormente de féminas: véanse algunos de sus films anteriores, que incluso llevan en sus títulos nombres de mujeres: El vientre de Juliette (2003), Séraphine (2008), Violette (2013). Por supuesto, nada que objetar: hay tanto cine que gira en torno a los hombres que todo cine que lo haga sobre las mujeres, de entrada, tiene nuestra complacencia.

Otra cosa es qué calidad tiene ese cine, y ahí ya topamos con cuestiones mayores. Porque Dos mujeres es, fundamentalmente, un duelo de caracteres femeninos contrapuestos: Beatrice, septuagenaria, una vivalavirgen que ha vivido la vida como le ha dado la gana, que se lo ha bebido y fumado todo, que se ha acostado con quien ha querido, que ha hecho de su existencia una declaración al hedonismo absoluto; se gana la vida como experta jugadora de cartas profesional, una auténtica tahúr; diagnosticada de cáncer cerebral, acude suplicante a Claire, veinte años menor que ella, hija de un antiguo amante al que abandonó 30 años atrás, a resultas de lo cual el hombre se suicidó. Claire es todo lo contrario: experta partera, con trabajo estable y bien considerado, es una mujer de firmes principios, que sigue siempre a rajatabla las normas; vegetariana, no bebe y no tiene relaciones amorosas ni siquiera sexuales desde hace años.

Quizá el mayor problema de esta por lo demás tan bienintencionada película sea la escasa credibilidad de su premisa: es difícil de creer que nadie acoja de forma tan generosa a quien hizo un daño inconmensurable a su familia años atrás; es difícil que dos caracteres tan dispares como agua y aceite tengan algo parecido a una relación normal; es difícil, entonces, que la coherencia sea una palabra a pronunciar, o a escribir, en un análisis de esta historia que, con estos mimbres, se convierte en una de esas historias marcianas que, a lo mejor cuando lleguemos al planeta Marte puede que se hagan creíbles: ahora, desde luego, no.

Lógicamente, como toda historia de opuestos, aquí también tendremos cambio de actitudes, mayormente por parte de la comadrona, que verá como flexibilizar sus rigideces la hacen (o eso quiere aparentar...) más feliz; la hedonista, como era de prever, no cambia gran cosa, sobre todo porque no le queda mucho tiempo para ello y a ciertas edades ya resulta complicado cambiar nada.

Tiene Dos mujeres un tono sereno y callado, pero sin fuerza, es una película hecha en clave realista que, sin embargo, no aporta nada. Premiosa, aburrida, avanza cansinamente ayudándose en subtramas que resultan en pegote total, como la del vecino de Claire con permanentes ojos libidinosos, cuyo romance con la protagonista no puede resultar más falso, más artificial, como para decir, mira cuánto he cambiado que ya hasta me acuesto con el pelmazo de mi vecino...

Catherine Deneuve, la gran diva del cine francés, está histérica e histriónica, muy pasada de vueltas. Mucho mejor Catherine Frot, a pesar de las incongruencias que le han endilgado a su personaje, compeliéndola a hacer cosas incoherentes con lo que de ella sabemos y con la más pura lógica. Olivier Gourmet nunca debió dejar que le quitaran las gafas para el papel, lo que le da una bizquera que, junto a una constante y odiosa sonrisita pícara, le hace parecer el sátiro que no es su personaje. En un corto papel aparece, ya muy anciana, Mylène Demongeot, una de las bellezas de infarto del cine francés de los años cincuenta y sesenta.

Palito a la distribución: en España, Dos mujeres es el título de un recordado melodrama de Vittorio de Sica, titulado en su original italiano La ciociara (1960), con Sophia Loren como protagonista absoluta, por la que la gran actriz romana ganó el Oscar. Así que, ¿por qué titular esta película igual, cuando hubiera podido llamarse La partera, traducción literal del original francés?


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117'

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Dos mujeres - by , Aug 04, 2018
1 / 5 stars
La partera y la tahúr