Película: El cielo gira El cine no sería cine, y, sobre todo, no tendría futuro, si no experimentara continuamente. Lo que es hoy el cine lo es gracias a gente que sólo unos cuantos chalados conocemos: los nombres de Griffith, Welles, Artaud, Godard o Erice, por sólo citar algunos de los que experimentaron, son fundamentales para entender cómo y de qué forma se hace el cine de hoy. Claro que no siempre eso significa acertar de pleno: Mercedes Álvarez, de alguna forma pupila de José Luis Guerín, el cineasta de "En construcción" (de la que Mercedes fue montadora), ha conseguido con este "El cielo gira", de tan hermoso título, estrenar en salas comerciales, con excelente acogida crítica, si bien ello no debe hacernos pensar que estamos ante una obra maestra. Hay cosas magníficas: sobre todo, la mirada sobre el páramo soriano que se va extinguiendo, un mundo rural agonizante en una aldea en la que queda poco más de una docena de viejos, un universo humano a extinguir en unos años. En ese contexto, los largos planos que retratan un campo agreste, hosco, de tonos permanentemente marrones, de árboles aislados como islas, es una de las mejores aportaciones del filme, como lo es la indagación en la pintura de un pintor casi ciego, Pello Azketa, perseverante perseguidor de aprehender en un lienzo el alma de esas castigadas, tan olvidadas tierras sorianas. Son también de gran mérito las escenas en las que Mercedes Álvarez mezcla, con mirada entre entomóloga y poeta, lo más contemporáneo con lo más antiguo: ese montaje de un gigantesco molino eólico, esas poderosas sierras eléctricas refilando las paredes, los viejos sillares del palacio que llegará a ser un hotel de lujo... Hay una metáfora nada artificial, hermosa, del paso del tiempo, o de su suspensión, en esas escenas. Pero hay también, por contra, un lastre en las demasiado numerosas secuencias en las que los supervivientes (porque así habría que llamarlos, casi los últimos de Filipinas, o de Aldeaseñor) peroran entre sí, sobre todo lo divino y lo humano: la guerra de Irak, la revancha de los franquistas, la nueva tecnología, la muerte... todo teóricamente muy bien, pero que no está a la altura del resto del filme. Porque los viejos del lugar, tan entrañables en su vida rutinaria y crepuscular, hacen gala de su filosofía parda, de su sociología elemental, pero ello no alcanza, ni de lejos, el tono evanescentemente lírico de los textos en off de la propia Álvarez, o de la pura poesía en imágenes que es la lucha de Azketa contra su ceguera para intentar capturar, quizá una última vez, el paisaje amado. Así que nuestros elogios sin límites para la arriesgada apuesta de Mercedes y sus productores, y una exhortación a que siga experimentando, porque estará abriendo caminos al cine del futuro, como sus mentores Erice y Guerín. Pero, por favor, no la envanezcamos diciendo que es una obra maestra, porque no hay tal.

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110'

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El cielo gira - by , May 25, 2005
3 / 5 stars
El cine experimenta