Hay películas realmente legendarias (sólo una pocas: Casablanca, Lo que el viento se llevó, Psicosis, Ben-Hur, más recientemente Titanic…) sobre las que el aficionado al cine lo sabe casi prácticamente todo, y al crítico le resta un estrecho margen de maniobra para contar algo más o menos novedoso u original. Eso sucede también con Gilda, con los sugerentes bailes, plenos de un evidente erotismo, de nuestra Margarita Cansino (Rita Hayworth para el mundo anglosajón, pero de origen andaluz: aunque ella nació en Brooklyn, su padre lo hizo en la provincia de Sevilla), sus amagos de “strip-tease”, y la mítica y sonora “bofetá” de Glenn Ford.
Habrá que hablar entonces de la espesa atmósfera negra que recorre el film, una densa e intensa historia romántica entre perdedores, aferrados todavía a un sentimiento que alguna vez creyeron auténtico. Hay con toda seguridad en Gilda mucho más erotismo soterrado, pero tan potente, que en cualquier porno de los que pululan entre pililas, peleles, pupilas y papilas (lo siento, no me he podido resistir al cachondo juego de palabras…).
La historia se ambienta en su momento histórico, en los años cuarenta, en Argentina. Conocemos a Johhny Farrell, jugador de dados profesional, al que el empresario Ballin Mundson, tras salvarle, lo hace su lugarteniente en el casino de juego del que es propietario. Pero cuando le presenta a su esposa, Gilda, ella y Farrell se reconocen como antiguos amantes que acabaron mal. Entonces se inicia un juego entre ambos, a la vez tan despechados como todavía secretamente enamorados…
Con un precioso blanco y negro de la época, gentileza de uno de los grandes directores de fotografía del Hollywood de los años treinta y cuarenta, Rudolph Maté (y también interesante director, autor de un clásico de la ciencia ficción como Cuando los mundos chocan), la película es, en buena medida, grande por sus buenos diálogos, chispeantes e inteligentes, de los que por supuesto ya no se hacen, plagados de dobles sentidos llenos de intencionalidad, en una película supuestamente ambientada en Argentina, aunque en realidad se hizo en los estudios de la Columbia en California; esa presunta ambientación aportaba el grado de exotismo que requería la peli, una historia de amor (des)airado en la que los protagonistas, como dice Johnny Farrell, el personaje de Glenn Ford en una escena, se aman, se odian, se aman, se odian… Un policía, conocedor de la historia de ambos, dice que la relación de Johny con Gilda es la mezcla más curiosa de amor y odio que haya visto jamás...
Con el propio Farrell como omnisciente narrador en off, la película es también, por supuesto, una historia de erotismo soterrado de altísimo voltaje, especialmente para la época, no tanto por lo que muestra (que no muestra nada, más allá de los hombros de Gilda/Rita Hayworth, y sus longilíneos brazos) como por lo que sugiere, con una poderosísima tensión sexual implícita evidente en cada escena (que son muchas, casi todas) en las que aparecen los personajes centrales del film, Farrell y Gilda. En este sentido, el primer encuentro entre ambos ya marca el tono de toda la historia, un primer encuentro en el que lo primero que le llega a él de ella es su voz, su sugestiva voz, que le retrotrae instantáneamente al tiempo en el que ambos fueron felices juntos.
A partir de ahí, Gilda jugará a placer con Johnny, en un juego tan excitante como peligroso, siempre con veladas insinuaciones y diálogos trufados de segundos sentidos... Y es que Rita Hayworth esta aquí bellísima, pero sobre todo resulta extremadamente sexy, es una verdadera bomba sexual ambulante; no es de extrañar que en su tiempo habitara los sueños húmedos de toda una generación de hombres… Y en las actuaciones musicales, cuando canta las míticas Put the blame on mame y Amado mío, el voltaje sensual se dispara, resultando absolutamente sexy, con el famoso vestido negro con escote palabra de honor, y quitándose los guantes, mientras canta voluptuosamente la canción. Es legendaria (además de falsa…) la especie que se esparció por la población, sobre todo en países reprimidos como España, asegurando que en la famosa escena en la que Gilda comienza un tímido “strip-tease”, quitándose un guante, la Censura había cortado una supuesta continuación, en la que la bella seguía quitándose ropa: sueños lúbricos de un público más caliente que la pipa de un indio…
El personaje de Gilda es el de una mujer muy libre, en buena medida a la manera de nuestra Carmen, la cigarrera, una mujer que usa sus poderosas armas femeninas en su beneficio, pero que sigue enamorada absolutamente de Farrell, el amor de su vida. Éste, por su parte, igualmente enamorado pero desquiciado por el juego de celos con el que permanentemente le provoca su amada, actuará de la posesiva forma que en su momento se veía de lo más normal, aunque en nuestro tiempo este Johnny sería un maltratador de manual. Pero en la película está retratado como un tipo cabal, leal, un arquetipo, el del macho perdedor de la rijosa hembra a la que por ello castiga no solo psicológica sino físicamente, que en aquellos años cuarenta no solo no parecía censurable, sino admirable (lo que cambian los tiempos, en este caso para bien…).
Con una narración impecable, con un buscado tono de cierta sordidez, pero elegante, la película, como era frecuente en el cine clásico de Hollywood, posee una narración poderosa, con una buena construcción de los personajes, en una historia subyugante que sigue interesando, y de qué manera, muchas décadas después de su estreno, una peli muy de su época en la relación hombre/mujer, con celos, maltrato, etc., pero que, por supuesto, hay que verla en su contexto histórico y sociológico.
Gran trabajo interpretativo de Glenn Ford y, sobre todo, de Rita Hayworth, en la película en la que seguramente ambos estuvieron mejor, además con una notable química entre ellos, dos náufragos que se reencuentran tras haberse salvado (bueno, más o menos…) cada uno por su lado. En cuanto al director, Charles Vidor, es cierto que no fue uno de los legendarios maestros de Hollywood, pero con este clásico inmortal sí que fue grande.
(06/07/2026)
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