Película: Inmersión

Pues Wim Wenders sigue sin dar en la tecla. Hace ya demasiados años que no lo hace, y esta Inmersión tampoco lo sacará del marasmo creativo. Sobre la novela homónima del escritor británico J.M. Ledgard (nada que ver con su tocayo de apellido Kiko Ledgard, el llorado legendario presentador del programa televisivo Un, dos, tres... responda otra vez), Wenders nos cuenta la historia de dos personas, Danielle, una oceanógrafa (aunque ella prefiere el término de biomatemática, lo que quiera que sea eso...) que en pocas semanas va a realizar una peligrosa inmersión en un batiscafo en el Polo Norte, y James, un agente del MI6, el servicio secreto británico, cuya fachada es la de ingeniero hidráulico que trabaja fundamentalmente en países árabes para procurar recursos acuíferos a zonas deprimidas, aunque realmente lo que hace es combatir al yihadismo que oprime esas devastadas tierras; en concreto se está preparando para viajar a Somalia bajo su supuesta fachada de profesional civil de una ONG. Entre ambos, que se conocen sin proponérselo en un tranquilo hotel en la costa francesa, se inicia un romance que, una vez que cada uno de ellos está en su determinante destino, se verá abruptamente cortado por la falta de comunicación con el hombre, apresado a su llegada al país africano por los milicianos de la Yihad...

Tiene varios problemas esta Inmersión. El primero y fundamental quizá sea la propia historia, una marcianada que mezcla a una científica con un espía, en una mixtura que se antoja cuando menos indigesta; el guion de Erin Dignam tampoco es que ayude mucho; recuérdese que es el autor del lamentable libreto de lo último de Sean Penn como director, Diré tu nombre (2016), que consiguió, muy merecidamente, el Premio Yoga (ya saben, el antiGoya...) a la Peor Dirección del Año.

Las dos historias paralelas de esta Inmersión se nos da una higa: la de la biomatemática con sus comeduras de coco románticas mientras espera conectar con su amado, intentando conseguir cobertura en el quinto pino (léase el Círculo Polar Ártico) para seguir llenándole el buzón de voz, mientras que la importantísima misión científica que la ha llevado a tan desangelado lugar como que le resbala; la del espía, que debe ser el más torpe del pelotón, porque lo pillan enseguida, y a partir de ahí tendremos las correspondientes digresiones entre religión y civilización, con las sevicias correspondientes que se pueden imaginar pasan los occidentales reos del grave pecado de ser infieles para esos mamelucos que están empeñados en que nos salvemos todos, queramos o no.

Las secuencias del enamoramiento no pueden ser más pencas; parece mentira que tras la cámara esté uno de los cineastas más exquisitos que haya dado el último medio siglo, el excelso director de El amigo americano (1977), París, Texas (1984) o Cielo sobre Berlín (1987), entre otras grandes películas. Por lo que se nos cuenta, y cómo se nos cuenta, nadie diría realmente que entre los personajes de la biomatemática y el espía haya nada, mucho menos amor, no digamos esa especie de amor “fou”, absoluto, de romanticismo decimonónico, que se nos presenta aquí. Para remate de los tomates, la química (ya que estamos con temas de ciencia...) entre la pareja protagonista, Alicia Vikander y James McAvoy, es menos que cero: carecen de empatía entre ellos, y sus escenas románticas ponen lo mismo que un documental de La 2: nada. Digo mal: en los legendarios reportajes de animalitos de la segunda cadena de TVE he visto retozaduras de ciervos en la berrea bastante más animados que los sosísimos, antilujuriosos morreos de los protagonistas, por lo demás notables intérpretes pero haciendo personajes equivocados.

Todo se fía a ese supuesto amor callado pero a la vez desbocado de los amantes, y resulta que ambos no consiguen transmitir, a pesar de sus esfuerzos, emoción alguna, no digamos ya pasión. Así las cosas, el resultado es un océano (ya que estamos...) de aburrimiento, un film en el que es difícil aguantar los bostezos, en el que es más fácil dejarse arrullar por el tono lánguido y evanescente de esta historia inane, inerte y exangüe, aun a riesgo de que el espectador de la butaca de al lado te despierte de un codazo...


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112'

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Inmersión - by , Apr 07, 2018
1 / 5 stars
Un océano de aburrimiento