Pelicula:

C I N E   E N   S A L A S

Júlia de Paz Solvas (Barcelona, 1995) es una guionista y directora catalana, formada en la prestigiosa ESCAC, donde se graduó en Dirección Cinematográfica. Su todavía corta carrera (es joven, apenas 31 años) incluye tres cortos, un largo en comandita con otros cineastas (La filla d’algú), y los largometrajes Ama (2021) y esta La buena hija (2025), ambos curiosamente sendas versiones largas de dos cortos suyos anteriores, titulados Ama (2019) y Harta (2021), respectivamente. Su cine hasta ahora ha girado de forma constante, casi obsesiva, sobre las relaciones padre/madre e hijos/as, con una preocupación evidentemente social.

La buena hija es, como decimos, una ampliación del corto de 23 minutos titulado Harta, que en su momento fue muy laureado en festivales (Alcalá de Henares, Málaga -donde obtuvo 3 premios-, Talavera de la Reina…) e incluso se alzó con el Premi Gaudí (el Goya catalán) al Mejor Corto. Esos laureles, probablemente, impulsaron a Júlia para ampliar su historia, aparte del convencimiento de que había más materia sobre la que tratar.

Pero nuestra impresión es que, lamentablemente, como suele pasar con la mayor parte de los cortos ampliados a largometrajes, casi siempre lo que en formato pequeño resultaba muy interesante, cuando se hincha y multiplica el metraje por cuatro o cinco la cosa cambia sustancialmente: es el caso. Sin estar exento de interés, porque lo tiene, al nuevo film de Júlia de Paz nos parece que le sobra perfectamente un cuarto de hora, sobre todo de su parte inicial, cuando se nos hace el planteamiento que apenas avanza. La película se ambienta en nuestro tiempo en Cataluña (en concreto en Barcelona y Badalona), hablándose indistintamente en castellano y catalán, como parece lógico en una comunidad bilingüe como la del antiguo Principat. Conocemos a Carmela, una chica como de 14 años, y vemos como se está mudando, junto con su madre, a casa de su abuela porque la madre se ha separado del padre. Vemos también cómo acude a un Punto de Encuentro oficial, donde se encontrará con su padre; vemos también como la chica parece adorar a su progenitor, con el que parece tener una muy buena relación, aunque cuando ve a novias o posibles novias de éste, se muestra poco amable con ellas. Porque en el fondo Carmela lo que desea es que sus padres se reconcilien y vuelvan a vivir juntos…

Busca la película centrar el foco en la hija de una pareja en proceso de separación, un protagonismo poco habitual en estos casos de (lo diremos ya) maltrato conyugal, que se suele centrar más en la mujer y, en todo caso, el marido (o novio, o pareja, etcétera). Y decimos lo de maltrato porque, aunque en ningún momento se dice por las claras, parece evidente de que se trata de eso: y es que la hija solo puede ver al padre un determinado día cada cierto tiempo, y a través de un Punto de Encuentro oficial, donde está perfectamente reglado cuándo llega uno y cuando llegan las otras (la madre y la hija), para que nunca puedan coincidir los exesposos. También veremos que el comportamiento de él, que al principio es de lo más idílico, aparentando ser un amoroso padre con su pequeña (Titi, Amor, la llama, entre otros nombres cariñosos), en el fondo, cuando se le “ahúma el pescado” (como decimos en mi tierra; bueno, aquí lo decimos con más gracia: “cuando se le ajuma el pescao”…), se torna agresivo, violento, hostil, y entonces puede hacer cualquier cosa, ninguna de ellas buena.

Pero la niña tiene idealizado al padre, un artista, como pretende ser ella, y niega sistemáticamente que hayan existido malos tratos en el seno de la familia, malos tratos perpetrados por el padre contra la madre, lo que ha supuesto, evidentemente, el motivo de la separación conyugal y del procesamiento del hombre. Esa fascinación de la adolescente irá remitiendo conforme vaya comprobando, en los momentos en los que está con él, que el idílico padre encierra en realidad un individuo peligroso que, si es capaz de mostrarse agresivo con ella, a la que tanto quiere, qué no será capaz de hacer con su madre… Ese arco dramático irá desembocando poco a poco en una situación de sentimientos encontrados, una situación en la que la jovencísima protagonista tendrá que decidir entre la idealización paterna y la realidad palmaria que ella misma está viendo con sus propios ojos.

Estamos entonces ante una especie de proceso de conversión, ante una alegórica “caída del caballo en el camino de Damasco” de la chica, lo que Júlia de Paz nos da a lo largo de más de hora y media que, nos parece, excede con mucho el tiempo necesario para contarnos esta historia, que (volvemos al principio…) está bien para un corto pero resulta poca materia para todo un largometraje. 

Bien rodado (Júlia está formada en la ESCAC, qué diantres…), el film adolece sin embargo de cierta falta de ritmo, más propiciado por esa escasez de tema que por otras cuestiones, en una historia que interesa sobre todo por permitirnos ver las cosas desde la perspectiva inicialmente embelesada de la  niña, y cómo la seguimos en su proceso de desvelamiento de la realidad, hasta ese último plano, en anticlímax, que nos la mostrará de nuevo plenamente integrada con sus amigas, como si aquel aciago período en el que estuvo obnubilada por la presencia casi ectoplásmica del que ella creía el mejor de los hombres, no fuera ya más que un mal recuerdo.

La película se podría inscribir perfectamente en ese nuevo movimiento que tenemos descrito como el Neorealisme Catalá, ese fenómeno (que aún no sabe que existe…) que busca presentarnos historias cotidianas pero con interés para el espectador, y además un fenómeno que está siendo llevado adelante esencialmente por mujeres cineastas; de esta forma, Júlia de Paz se sumaría al ya amplio elenco de directoras catalanas que están haciendo su cine dentro de ese Neorealisme Catalá, entre otras Carla Simón, Elena Trapé, Belén Funes, Elena Martín, Clara Roquet, Carol Rodríguez Colás, Gemma Blasco…

Buen trabajo de la protagonista, Kiara Arancibia, en su primer papel ante una cámara, lo que tiene más mérito… Ella sostiene sobre su mirada con frecuencia angustiada todo el peso del film, bien acompañada de los ya veteranos Julián Villagrán (que también interpretaba al padre en el corto Harta, del que este largo es ampliación, como hemos comentado) y la gallega Janet Novás, la inolvidable protagonista de O corno, y la presencia siempre balsámica de la veteranísima Petra Martínez. 


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101'

Año de producción

La buena hija - by , Apr 16, 2026
2 / 5 stars
Sentimientos encontrados