Película: La cámara de Claire

Hong Sang-soo es un cineasta surcoreano cuya filmografía estamos viendo en Occidente casi al completo desde hace unos años. No es, ni mucho menos, toda su obra, porque Hong es un cineasta prolífico, que está dirigiendo desde 1996, con veintiséis títulos rodados cuando se escriben estas líneas. Sin embargo, desde 2012, con En otro país, curiosamente también protagonizada por Isabelle Huppert, la mayor parte de sus películas se han visto en Europa y Estados Unidos, cosa infrecuente en los cineastas de aquel origen. Por supuesto, ello tiene que ver con el buen cartel que el cine de Hong tiene en los festivales de todo el mundo, que propician, afortunadamente, que podamos ver sus films.

Es el cine de Hong Sang-soo un cine peculiar: aunque plenamente narrativo, el cineasta de Seúl tiene una curiosísima y siempre distinta forma de contar sus películas, jugando siempre con recursos cinematográficos extraños, como contarnos un mismo asunto de dos maneras diferentes, o contarnos una misma historia desde diversas perspectivas, dependiendo de quién intervenga en la misma. En el caso de esta La cámara de Claire se da la inhabitual circunstancia de estar rodada en el transcurso del Festival de Cannes del año 2016, en la propia localidad francesa de la Costa Azul, por un pequeño elenco artístico de no más de diez intérpretes y un equipo técnico aún menor.


La historia, como casi siempre en Hong, está hecha de materia evanescente: un pequeño equipo de una productora y distribuidora surcoreana está en Cannes durante el festival. Una de sus empleadas, muy apreciada, es sin embargo despedida de forma fulminante por la jefa, a la vez esposa del director que también se encuentra en Cannes; el despido está motivado por una esporádica relación adúltera del cineasta con la susodicha empleada despedida, aunque la jefa no le cuenta a ella la razón real. Claire, una profesora que está en Cannes haciendo fotos con su cámara Polaroid, conocerá a todos ellos, por separado, y todos ellos también sabrán que ella los conoce, a través de las fotos que les hace...

La cámara de Claire es una pequeña película (en sentido literal, no solo figurado) cuyo tema principal quizá sea la fragilidad de las relaciones humanas: empleada distinguida, sin embargo conoce las hieles del despido por una cuestión ajena a su trabajo; director de éxito pero con tendencia a darle al frasco más de la cuenta, quiere acabar con su relación conyugal (o para-conyugal: no sabemos si hay papel firmado de por medio...) para que quede solo la profesional; la profesora francesita se mueve entre todos ellos, como una observadora imparcial que no se entromete si no es a base de sus fotografías, con las que radiografía a estos personajes y cree firmemente que esas fotos los cambia...

El estilo de Hong es muy especial: gusta de largos planos secuencia, sin apenas movimiento, con sus intérpretes declamando sus diálogos, a veces con la impresión de que los improvisan sobre un tema previamente pactado; no son infrecuentes los silencios un tanto embarazosos, que lejos de entorpecer la acción, parecen enriquecerla, hablándonos entonces de estos seres que tienen poco en común, pero cuyas superficiales relaciones les hacen parlotear de trivialidades y dar muchas, muchísimas veces las gracias. Recuerda el cine de Hong, en cierta forma, la manera de filmar de un Eric Rohmer o un Woody Allen, personajes que hablan y hablan, a veces con tino, otras veces sobre frivolidades, sobre fruslerías que son la urdimbre sobre la que se forja la vida.

El conjunto es, a qué dudarlo, extraño. Para un espectador poco avisado, La cámara de Claire, a pesar de su inusitada corta duración (no llega a los 70 minutos, con sus escasos títulos de crédito incluidos), será una plasta considerable, porque casi nada pasa, y lo que pasa ocurre de forma más bien subterránea. Tampoco creemos que sea de las mejores pelis de su director, que nos parecen Ahora sí, antes no (2015) y En la playa sola de noche (2017), pero ciertamente es una película muy de cinéfilos, en la que se requiere una participación activa del espectador.

Como suele suceder en su cine, los intérpretes recitan sus diálogos pero apenas tienen personaje en sentido estricto; sus interpretaciones, incluso las de los occidentales, son deliberadamente superficiales: no interesa una gran actuación, sino la declamación de sus textos (sean estos improvisados o no) para crear la rara sensación de estar, a la vez, viendo un trozo de realidad y también de irrealidad, un plano etéreo en el que cine y vida confluyen, una extraña pièce de résistence sobre la evanescencia de todo.


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69'

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La cámara de Claire - by , Jul 14, 2018
2 / 5 stars
Cannes como plató