Película: La Carmen

La Carmen, producida por Richard Films, empresa con escasa vinculación a la cinematografía y dudosos intereses en este campo, es una visión muy personal del mito literario de Carmen la cigarrera donde la actualización y coetaneidad de los personajes y sus situaciones llevan a lo que hemos denominado, en otro lugar, una “españolada digna”; es evidente que el personaje de Mérimée ha sido, generalmente, transformado por el cine español en bailaora o cantaora. El conocimiento de Diamante sobre la historia del flamenco y su capacidad para organizar una dramaturgia adecuada con los caracteres del mito, hacen de esta Carmen un ejemplo peculiar en su ya extensa filmografía.

Como él mismo ha dicho, se trataba de inventar una historia donde el flujo de acontecimientos sucediera en el contexto contemporáneo de este peculiar sector social. El libro del escritor francés ofrecía la pauta necesaria pero lejos estaban los guionistas de hacer una adaptación más, de la novela, de la ópera. Para explicarlo en términos musicales, el director estimó que la historia debía ser como una soleá, poética, desgarrada, impregnada del sentido existencial que el flamenco encierra.

Tal mundo flamenco se organiza en base a tres personajes principales: José (Julián Mateos), Carmen (Sara Lezana) y El Morao (Rafael de Córdova). La inicial relación amorosa entre una rumbera de teatro ambulante y el chulo protector se amplía a un inevitable triángulo donde el elemento adverso (y por ello perverso y nocivo) actúa como si en una cerrada comunidad se presentara un forastero; este será único superviviente, a la vez que consumado asesino, cuya única salida para resolver situaciones no parece ser otra que la eliminación del contrario.   

La película se estructura como un complejo flash-back donde, desde el dramático presente en el que Carmen ha sido asesinada, se rememora la vida de la artista en su especial relación con José. Como en el capítulo III de la novela original, este otro José se convierte en narrador de unos hechos que, en su conjunto, están dados desde su particular punto de vista. Por ello, no es tanto la historia de La Carmen, sino la propia historia de este joven contextualizada en la España franquista, con todos los determinantes y determinismos que ello pudiera conllevar. La propia recurrencia a otros flash-back, nuevos bucles en el interior de la propia narración, refuerzan la subjetivización de unos acontecimientos que el espectador recibe desde la vivencia del personaje.

La víctima de un sistema socio-laboral-cultural se convierte, acaso a pesar suyo, en verdugo de otro elemento de ese mismo sistema. Los españoles retratados sobre el fondo oscuro que la película ofrece componen un macrocosmos sobre el que se resalta un mundo peculiar, presentado a su vez como un microcosmos, en el que se dan cita profesionales del flamenco y oportunistas del mismo. El choque de fuerzas, centrífugas unas veces y centrípetas otras, origina un tipo de relaciones que devienen para sus ejecutantes unas veces en satisfactorias y otras en perversas; así funciona la relación de este José y esta Carmen, en donde la presencia de la muerte, más esperada que inesperada, no deja lugar a dudas sobre los destinos de hombres o mujeres cuyas vidas se desenvuelven, en tantas ocasiones, sobre el estrecho espacio del filo de una navaja.

Respecto a la presencia del flamenco en la película, cuenta con intervenciones diversas que la convierten hoy en una preciada muestra antológica de sones y palos bailados o cantados por figuras y voces prestigiosas: las rumbas flamencas de Sara Lezana (con su esperpéntico acompañamiento de la cuadrilla de enanos y la paralela intervención de un travestido Paco España) en el teatro de feria; las peteneras bailadas en el tablao con acompañamiento del grupo flamenco; las soleares seguidas de bulerías en el escenario desnudo del teatro con buen acompañamiento de palmeros; y la danza última, antes de que José use la media negra para matarla. También la voz de Enrique Morente aportará una seguiriya mientras que El Agujetas cantará martinetes “a palo seco” en su condición de condenado a muerte. Enrique el Cojo (Bernardo de Utrera en el filme), maestro de baile, se gana la vida, en su academia doméstica, enseñando a nativos y extranjeros, al tiempo que descubre el ángel de su sobrina, la Carmen. Estas secuencias podrían pertenecer, por derecho propio, a un documental sobre la figura del bailaor; de alguna forma, anticipan el baile de Antonio Gades (sobre todo la farruca) en la Carmen, de Saura.


La Carmen - by , May 03, 2015
4 / 5 stars
Carmen en el difícil mundo del flamenco