Película: La delgada línea amarilla

El cine mexicano nos sigue llegando con cuentagotas, a pesar de ser una de las tres cinematografías más pujantes de Iberoamérica, junto a Brasil y Argentina. Pero el cine azteca que nos llega casi siempre tiene interés. Es el caso: con producción del ahora “superstar” Guillermo del Toro, La delgada línea amarilla (que ironiza un tanto cabronamente en su título con el famoso film de Terrence Malick, La delgada línea roja) resulta ser un tipo de cine muy poco habitual: habla de gente, de seres humanos, de personas que, de alguna forma, son un desecho de la sociedad: el ingeniero al que una íntima tragedia arrojó al erial, el “chico para todo” del circo al que la bancarrota del negocio dejó a la intemperie, el chófer al que una enfermedad ha apartadp de la carretera, el muchacho devastado por una familia insoportable.

Todos ellos se embarcarán en una tarea ingrata pero necesaria: son contratados para trazar la línea amarilla central de una carretera de mala muerte: en 15 días habrán de pintar más de 200 kilómetros. Esta variopinta cuadrilla, comandada por un hombre secretamente herido en su corazón por dos tragedias insoportables, nos irá desvelando a lo largo de ese tiempo, de ese trayecto, los secretos recónditos que los han hecho llegar hasta ese lugar en el culo del mundo. Aprenderán a conocerse mutuamente, incluso a (re)conocerse a sí mismos, en una “road-movie” donde apenas hay vehículos, salvo la vieja camioneta del protagonista, casi un personaje más en esta película sencilla y calladamente hermosa que, sin embargo, te va ganando de a poco (como dicen deliciosamente allende el charco, ya que estamos), en una historia inteligentemente contada llenando sus meandros de anécdotas, de historias propias o inventadas, de reflexiones. Todos ellos irán creciendo como personas a la vez que realizan la ingrata tarea, entre un calor sofocante y unas condiciones de trabajo ciertamente difíciles.

Estos trastos viejos, aunque alguno sea insultantemente joven, nos darán una lección de humanidad con sus defectos, sus escaqueos, pero también con su solidaridad, con su cohesión cuando la tragedia acecha. El guion, del propio director, busca con buen criterio huir de la monotonía de la labor de la cuadrilla; el entonado ritmo narrativo que imprime el debutante (en el largo; en el corto tiene ya una apreciable trayectoria) Celso R. García hace el resto, además de un entonado reparto comandado por Damián Alcázar, de dilatadísima carrera, que ha hecho cine con maestros como Ripstein y Sayles, también en Estados Unidos y España, un actor segurísimo que sabe combinar con maestría, a veces incluso a la vez, registros tales como la bonhomía, la honda tragedia interior y la hosquedad.

Este cine sobre quienes nunca se fija el cine te gana por sus historias sencillas, sus personajes reales, su aliento humanista; también por su hálito de esperanza en un melancólico final no exento de redención en su dolorosa tragedia. Película modesta y honesta, reflexiva desde la sencillez, La delgada línea amarilla te gana casi sin darte cuenta...

Premiada en festivales tales como Gijón, Montreal y Oaxaca, entre otros, además de ser una de las candidatas de México en su momento al Goya y el Oscar, es una pena que haya tardado casi tres años en llegar a las pantallas españolas. Claro que, como dice el refrán, más vale tarde que nunca...


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91'

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La delgada línea amarilla - by , Apr 19, 2018
3 / 5 stars
Aliento humanista