Pelicula:

Esta película forma parte de la Sección Oficial del 18º Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF’2021).

Mia Hansen-Love (París, 1981) es una guionista y directora que comenzó como actriz, aunque esta última actividad prácticamente la ha abandonado; también se ha desempeñado como crítica de cine de la mítica revista Cahiers du cinéma. Su obra como cineasta no es demasiado extensa todavía, con dos cortos y siete largometrajes. Su cine se caracteriza sobre todo por contar historias inspiradas libremente en su propia vida, en su propia familia, en sus propias relaciones sentimentales, como la que tuvo durante tres lustros con el también director Olivier Assayas, su descubridor en su momento.

La isla de Bergman cuenta precisamente la historia de dos cineastas, hombre y mujer, ambos norteamericanos, que viajan a Faro, la isla en la que Ingmar Bergman vivió durante muchos años y donde se retiró cuando abandonó (no tan definitivamente: después hizo varios telefilms...) el cine tras rodar Fanny y Alexander. La pareja, compuesta por Chris y Tony, tienen una hija en común (precisamente como Assayas y Hansen-Love...), y han viajado a la isla en busca de inspiración para futuros proyectos. Pero mientras que a él, Tony, parece que le está cundiendo la experiencia, a ella, Chris, las cosas no le van tan bien, estando atascada en la historia que pergeña, por lo que empieza a contársela a Tony para ver si así sale del “impasse”...

Hemos de decir que nos parece que el cine de Hansen-Love es un tanto espeso, con cierta proclividad hacia la empanada mental; sus historias suelen tener ciertos problemas de coherencia, de lógica interna, pero también con frecuencia parece no saber qué nos quiere decir. Con esta La isla de Bergman nos pasa algo así: construida como si fuera una especie de gigantesca muñeca rusa, que guarda dentro de sí otras figuras sucesivamente más pequeñas, tendremos una primera muñeca o historia, la de los protagonistas, pero posteriormente tendremos otra, la del guion que escribe Chris y que le cuenta a su pareja (y vemos dramatizado en pantalla), e incluso una tercera muñeca o historia que aparecerá ya casi al final, en el que se trastoca lo que hasta entonces habíamos visto, entrando en lo que podría ser una especie de metaficción, una historia que habla de sí misma.

Pero mientras que las dos primeras funcionan razonablemente bien, e incluso la segunda aporta elementos de interés, por más que su tema sea los amores y desamores, un tema viejo como el mundo, pero bien jugado, la tercera ya descoloca y deja la sensación de que no se sabía muy bien cómo acabar y se recurre al famoso (y cínico) aforismo: ya que no somos profundos, al menos seamos oscuros... Tampoco es que las otras dos historias sean el súmmum del interés, pero al menos permitían seguir la pista de estas parejas en las que, a la manera de Bergman, y sustancialmente de su famosa película (y serie televisiva) Escenas de un matrimonio (en España banalmente retitulada como Secretos de un matrimonio: estábamos en la época del destape y había que darle un supuesto tono sexual a todo...), ponía en solfa las siempre complicadas relaciones entre hombre y mujer.

Aquí lo de matrimonio, en las dos primeras historias (la segunda contenida literalmente en la primera), hay que entenderlo de forma lata, pues ni los cineastas están legalmente casados (como tampoco lo estuvieron Hansen-Love y Assayas… seguimos con los paralelismos personales…), ni tampoco los más jóvenes protagonistas de la segunda “muñeca rusa”, por continuar con el símil, aunque sí están enlazados por ese sentimiento al que solemos llamar amor.

Pero el conjunto, aparte de cierta falta de tono, de tensión, peca de evanescencia, de ligereza nos tememos que no impostada, de una ligereza que termina siendo más bien simplismo, además con ostentosos cabos sueltos en el guion como el del texto original del varón, cotilleado por la mujer, que se queda en nada, a pesar de que era evidente que había tema ahí para indagar y encontrar zonas de sombra en la pareja.

Aparte de ello, flota en el ambiente durante todo el metraje la impresión de que el Patronato Turístico de Faro (o como se llame el ente que vela por el fomento del turismo en la isla) ha debido apoyar a fondo el film, porque, al margen de las idas y venidas de las dos parejas, la película termina siendo también un gigantesco spot publicitario de Faro, con su Bergman Safari, sus guías que explican prolijamente la vida y obra del cineasta sueco en la isla, las localizaciones de sus rodajes, como la falsa casa (solo se construyó la fachada) donde transcurría supuestamente Como en un espejo, también la que fue su morada, que se puede alquilar pagando el correspondiente estipendio, la cuidada fundación Bergman… un sin duda atractivo reclamo para turistas eruditos, gente adinerada y cultivada, intelectuales de toda laya, profesionales o amateurs.

Estamos entonces ante una película irregular, con cosas interesantes, como los apuntes sobre la(s) pareja(s) que realiza Hansen-Love, siempre con esa sensación de que nos está contando su vida, por supuesto con una bella factura formal, y desde luego un placer para el cinéfilo que tiene ocasión (como si del documental –que no es—se tratara…) de ver el paisaje que inspiró gran parte de las obras bergmanianas.

Trabajo correcto de los intérpretes, sin alharacas. En todo caso nos quedamos con una Mia Wasikowska que vuelve a confirmar su rara capacidad para sufrir en pantalla (y transmitírnoslo, claro…).

(10-11-2021)




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112'

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La isla de Bergman - by , Nov 10, 2021
2 / 5 stars
Escenas de un matrimonio (o dos...)