Película: La piel fría

1914. Una isla perdida en el Océano Glacial Antártico donde un faro guía las travesías de los barcos que se aventuran en tan inhóspitos parajes. Al comienzo de la primavera austral llega a ese confín del mundo un buque que transporta a la isla a un irlandés que será el nuevo oficial meteorológico, sustituyendo al anterior que, al parecer, ha desaparecido. Allí tendrá como única compañía a un tipo que parece ermitaño, un misántropo que huye de cualquier contacto humano. Pero por la noche el joven irlandés se encuentra con que una turba de extraños monstruos asedia su precaria morada…

La novela del barcelonés Albert Sánchez Piñol La pell freda, publicada en 2002 en su edición en catalán, y tres años después en español con el título La piel fría, es la base argumental para esta película que tiene cierta ambición (8,5 millones de dólares de presupuesto, coproducción hispano-francesa, rodaje en inglés para facilitar su exhibición internacional, reparto mayoritariamente anglosajón…), pero que, digámoslo ya, nos tememos no ha conseguido su objetivo. Habrá que decir antes que nada que la historia no es precisamente original: Sánchez Piñol se basa claramente en temas de la literatura de los siglos XIX y primeros años del XX, con la presencia evidente en temática, personajes, estética y narrativa de un Joseph Conrad, pero donde la novelística conradiana se hubiera infectado de las angustias primordiales de un Howard Phillips Lovecraft y de su cohorte de seguidores del Kalem Club.

Porque La piel fría es, efectivamente, una especie de cruce entre los temas conradianos y los lovecraftianos. Del novelista anglo-polaco toma la aventura, los personajes “con pasado”, torturados por asuntos antiguos que les persiguen cruelmente; del novelista norteamericano, por su parte, el terror primordial, el horror surgido de las aguas, nuestra parte más primigenia, aquella que antecede a la creación del mundo, de todos los mundos. De entrada la mixtura puede parecer interesante, pero en pantalla, en la versión al cine, queda desdibujada por varios motivos. Por un lado, el director Xavier Gens no termina de dar con el tono del film, quizá escindido entre sus dos almas, la conradiana y la lovecraftiana; por otro, el personaje central, el joven irlandés  que llega a la perdida isla en el Antártico, es, como decimos en mi tierra, “un huevo sin sal”, no da juego alguno, es un personaje sin ángel (ya que estamos con expresiones de mi patria chica…) cuyos motivos para huir de la civilización se nos hurtan, cuando son fundamentales para saber de qué va este tipo treintañero que se sepulta voluntariamente en, literalmente, el culo del mundo. Tampoco la historia del viejo ermitaño misántropo, que conoceremos muy veladamente, apoya demasiado bien esta película que no sabe exactamente a qué juega.

Vagamente protoecologista, con mucha acción en los ataques de la comunidad de seres anfibios, aunque con frecuencia pecan de inverosímiles, la dirección del francés Xavier Gens (ducho en acción y terror: Hitman, próximamente La crucifixión) es profesional pero impersonal; el menguado elenco y la escasísima localización (todo acontece en la agreste isla rocosa, para la ocasión Lanzarote) también contribuyen al bostezo, y el esforzado diseño de producción del gran Gil Parrondo, en su último trabajo en cine antes de morir, no consigue levantar la atención del espectador que también se pregunta, como los personajes, qué hace viendo esta película.

Tampoco los protagonistas ayudan mucho: Ray Stevenson, secundario no precisamente distinguido en mucha peli de acción y aventuras, es el eremita que huye del ser humano como respuesta, según se adivina, a una defección amorosa; David Oakes, al que hemos visto recientemente en la costeada (e interesante) serie televisiva Victoria, no parece enterarse en ningún momento de cuál es su papel; Aura Garrido (ahora tan en boga con la serie televisiva El ministerio del tiempo), por su parte, hace lo más complicado, interpretar sin decir una sola palabra y embutida en un traje de camuflaje para hacerla parecer un ser anfibio, entre la sirena y la rana, entre el cocodrilo y el mitológico ser de La mujer y el monstruo (1954), siendo en este caso, a la vez, mujer y monstruo…


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104'

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La piel fría - by , Oct 25, 2017
1 / 5 stars
Cuando Conrad encontró a Lovecraft