Película: Plácido

La oportuna revisión de un film puede ser un buen pretexto para verificar, rechazando o admitiendo, la serie de condicionamientos concurrentes en él, en su autor, en su cinematografía; la actividad o inactividad de Bardem y Berlanga, querida o forzada, el condicionamiento de las estructuras de producción en nuestro cine, entre otros factores, tendrían mucho que ver con la evolución de estos autores, genuinos representantes de nuestro pasado inmediato y del problemático presente.


Los espectadores de hoy podremos plantearnos la visión de Plácido (título primitivo: “Siente un pobre a su mesa”) con las intenciones planteadas quince años atrás por sus autores al presentar una sociedad muy concreta, o, por el contrario, si, a pesar del tiempo transcurrido, este retrato distanciado resiste una lectura contemporánea y mantiene su eficacia; el cuadro de costumbres mostrado sirve aún con la misma validez que un esperpento de Valle, un cuadro de Solana, un sainete de Arniches, de todo lo cual tiene un poco el cine de Berlanga correspondiente a esta etapa; de ella, son máximos representantes este Plácido, alegato contra determinadas formas de practicar la caridad --si no es la caridad misma- y aquél otro El verdugo contra la pena de muerte.


Todo el cine “nacional” de Berlanga tiene, en sus personales secuencias, motivos para una antropología develadora de nuestra idiosincrasia, de modo semejante  a como lo ofrece una sugerente viñeta de Mingote. El entendimiento de las relaciones humanas está en estrecha relación con su concepto de lo social a su vez modulado por sentimientos individuales; a ello se sobrepone un humor socarrón, susceptible de transformarse en negro por la intervención en el guión de Rafael Azcona. Surge así la sátira atroz contra una clase social que manipula remedios, acalla conciencias, tergiversa caridades por justicias, protege siempre que se distancien exigencias y derechos.


La incomunicación que se produce no es sólo en relación al individuo sino a toda una clase social; sin embargo, la sucesión de los hechos escapa a un mínimo tratamiento político por cuanto el autor parece preferir otros planteamientos a una dialéctica sugeridora de soluciones. En todo caso, un villancico final, en “off“, advierte de la imposibilidad de una práctica cuyos remedios son soluciones excesivamente provisionales.


(Este comentario crítico se publicó en el programa editado por la Coordinadora de Cine-clubs de Sevilla con motivo de la celebración de las “24 horas de cine” en febrero de 1977).


 


Plácido - by , Jun 27, 2017
5 / 5 stars
Caritativos por un día