Película: Queridísimos verdugos

Si aceptamos que un comentario crítico, además de desentrañar en palabras lo que la película propone en imágenes, pretende crear un estado de opinión o de sentimiento, habrá que aceptar igualmente que, ante determinados temas o tratamientos, se hace imposible lograr el acercamiento entre el espectador y el film por este medio;  bucear en “lo crítico”, arañar las palabras y querer explicar con ellas lo que no necesita explicación, lo que ha quedado suficientemente claro al verlo, puede ser, en ciertos casos, un acto perfectamente inútil.

Por eso, escribir cualquier cosa sobre Queridísimos verdugos no supondrá más que acercarse a ella por vía de comparación o analizando los recursos de los que se ha valido Basilio Martín Patino para su elaboración; pero sólo será ante la película donde se sienta o se vuelva a sentir lo patético de unas situaciones humanas o su crueldad, la culpabilidad del individuo en la sociedad y la de ésta sobre aquél, la pretendida catarsis de una muerte institucionalizada. Son aspectos de nuestra existencia cotidiana que, al verlos en pantalla, potenciados por la imagen y el montaje, aplastan nuestra conciencia al tiempo que exacerban nuestra culpabilidad. Vívase eso en la proyección.

Al margen de ello, dos notas más resaltan como factores externos. En primer lugar, los óptimos resultados cinematográficos obtenidos con un tipo de material que acerca al hombre a su entorno real y le hace reflexionar sobre las leyes o costumbres; es una respuesta al cotidiano cine -como tantas otras cosas- de la alienación. Es partir de una realidad y demudarla en elementos supra-reales, es romper con el espectáculo tradicional para convertir a la historia de hoy en “espectáculo”.

Frente al cine de serie, es éste un cine de “personalidad” o de “la personalidad” que se vale de un método propio, aunque no exclusivo, cuya efectividad se logra especialmente con el montaje tras recurrir a la técnica televisiva (entrevista directa), al cinema-verité, a testimonios periodísticos, a la voz en off, a documentos filmados en reportajes previos. Son recursos que, hábilmente manejados, dan como resultado “otro cine”.

En segundo lugar, señalemos que Patino ha plasmado en imágenes, con el arte de su siglo, un tema que, literalmente y con sentimientos parecidos, arranca del liberalismo romántico. Entre los héroes de José de Espronceda se encuentran varios marginados de la sociedad que, por primera vez, hablan con voz propia -el mendigo, el pirata, el verdugo, el reo de muerte-. Este último es tema de un artículo de Mariano J. de Larra que podría servir de comentario a muchas secuencias de la película, aunque, en concreto, el autor se olvide en él de la figura del verdugo, para centrarse en la condenación de la pena de muerte y en la arbitrariedad de las leyes sociales. El sarcasmo con que Martín Patino nos presenta la pragmática de Fernando VII, por cuya benignidad nos permite, con el garrote vil, morir sentados, le recuerda a Larra la fábula de los Carneros de Casti, a los que su amo no proponía opción entre vida o muerte, sino elección entre cocidos o asados.

Espronceda, por su parte, tocado el tema con igual título, dedica otro poema al verdugo, haciéndole protagonista absoluto; aquí, igualmente, se podría establecer un paralelismo evidente entre la visión que el poeta y cineasta ofrecen del personaje, dejándole hablar con voz propia y mostrando –en él y por él- sentimientos semejantes. Sintiéndose lanzados al desprecio de los hombres, sintiéndose “instrumentos del genio del mal”, criminal sin delito, trueca ese horror en gozo y placer -¡con cuánta delectación hablan y hablan y hablan los verdugos del film sobre su trabajo!- para acabar señalando cómo el candor y la risa de un niño podrá convertirse en la continuación del “oficio”. Sería la traducción de los planos en los que el nuevo verdugo come y se toca inconscientemente la garganta, a la espera de que su antecesor le deje la plaza libre y pueda escribirse en su documento de identidad la palabra “funcionario”.

Si las leyes son el índice reglamentario de las costumbres, parafraseando a Larra, diríamos que Queridísimos verdugos habría sido clave para comprobar cuánto cuesta hacer libres por las leyes a pueblos esclavos de sus costumbres.


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103'

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Queridísimos verdugos - by , Aug 19, 2017
4 / 5 stars
Como carneros de Casti