Película: Rebelde entre el centeno

La vida de J.D. Salinger, uno de los más prestigiosos escritores norteamericanos del siglo XX, autor de una de las novelas más influyentes de nuestro tiempo, El guardián entre el centeno, bien merecía una película, pero me temo que no precisamente esta. Sobre el libro J.D. Salinger: Una vida oculta, del que es autor Kenneth Slawenski, y que en España fue publicado por Círculo de Lectores, el actor, guionista y ahora neófito director Danny Strong ha hecho este muy académico (por no decir academicista) biopic sobre el famoso novelista neoyorquino, pero ciertamente se puede decir que la presa se le ha escapado viva.

Porque Rebelde entre el centeno no es más que la mera sucesión de los hechos más determinantes en la vida del escritor: su incipiente relación con Oona O’Neill, que finalmente lo dejó para casarse con Charles Chaplin; su primera aproximación a la escritura creativa, de la mano del editor de la revista Story, Whit Burnett, que sería decisivo en su vocación de escritor; su participación en la Segunda Guerra Mundial, con hitos como el Desembarco de Normandía o la liberación del campo de concentración de Dachau, que le dejarían una profunda huella; su posterior reclusión en un sanatorio para soldados traumatizados por sus peripecias bélicas; su regreso a Estados Unidos y sus rifirrafes para que publicaran sus cuentos, su encuentro con el budismo, que le ayudará a pasar página sobre los traumas de la guerra y a empezar la novela que le llevaría a la fama...

Pero, ciertamente, todo eso está contado con una desgana, con una falta de personalidad, con una atonía, que la fascinante vida de este hombre que, finalmente, se recluyó en su casa rural de Cornish, New Hampshire, para salir solo en contadas ocasiones, y que nunca más volvió a publicar, a pesar de seguir escribiendo ficción, se queda en una historia ramplona, sin grandeza, una crónica aburrida y diletante sobre una figura misteriosa que, desde luego, tras el film seguirá siéndolo.

Así las cosas, queda una película aseada, sin muchas faltas de ortografía, aunque con una lamentable ausencia de riesgo, de osadía, con recursos tan fáciles como encadenar en paralelo los flashes de las mundanas fotos que hacen al protagonista con destellos de los horrores que vio en la guerra y en los campos de concentración.

Danny Strong, como guionista, tampoco se puede decir que sea la octava maravilla: suyo es el libreto de El mayordomo (2013), el fiasco de Lee Daniels después de su estupenda Precious (2009); del guion de Strong para las dos partes que conformó el díptico Los juegos del hambre: Sinsajo (2014-2015) mejor no hablamos... Pues aquí tampoco raya a gran altura, en una historia que, a fuer de conocida, resulta reiterativa y amorfa, puesta en escena perezosamente, sin brillo alguno.

Una pena, porque la figura de este extraño hombre, de este misántropo que quiso huir del oropel de la fama para recluirse cual anacoreta y vivir el resto de su vida escribiendo textos sin intención alguna de publicarlos, y que creó una de las cumbres de la literatura USA de todos los tiempos, tal vez la espoleta que a partir de los años cincuenta hizo que la juventud tomara conciencia de sí misma (Elvis, James Dean, Berkeley, hippies, Beatles, movimiento anti-Vietnam), hubiera merecido otra cosa que este desvaído, pulcro, mediocre retrato.

Tampoco ayuda la interpretación de un Nicholas Hoult que no termina de encontrar nunca el tono, resultando demasiado elemental, sin profundidad alguna en un personaje que, sin duda, tenía mucha trastienda, que aquí no aparece por ninguna parte. Mucho mejor está Kevin Spacey, al que ahora pasean con el ultrajante sambenito del auto inquisitorial correspondiente, pero que como actor es espléndido, cualesquiera que sean sus pecados.

“Quiero crear una nueva forma de escribir, en la que el dolor de nuestra existencia se presente con sinceridad”; esas palabras, puestas en boca del personaje de J.D. Salinger, ejemplifican perfectamente la búsqueda de un estilo, de una nueva literatura que alumbró el novelista neoyorquino. Qué lástima que Strong, en su película, no haya sido capaz de aproximarse, ni remotamente, a ese anhelo que Salinger consiguió plasmar en una obra única, imperecedera.


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109'

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Rebelde entre el centeno - by , May 11, 2018
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El dolor de nuestra existencia