Pelicula:

Pedro Lazaga, en sus inicios en los años cincuenta, dejó alguna muestra de una creatividad poco común: su gran película de la época es, sin duda, Cuerda de presos (1956), plena de fuerza y sentido cinematográfico. Sin embargo, Lazaga pronto se dejó seducir por los cantos de sirena de la industria de la época y no tardó mucho en convertirse en un rápido y aseado perpetrador de comedietas del tres al cuarto. En esa función estuvo al servicio de varios cómicos como Paco Martínez Soria (La ciudad no es para mí, ¿Qué hacemos con los hijos?, Abuelo made in Spain), pero sobre todo trabajó con Alfredo Landa, al que dirigió en varios de los productos que el gran actor navarro hizo dentro de lo que la Historia del Cine Español conoce como “landismo”, un tipo de infracomedia de tonos elementales, con protagonistas generalmente “salidos”, en una sociedad, la de finales de los sesenta y principios de los setenta, que iba cambiando ya del rancio color franquista hacia un incipiente cosmopolitismo, aunque en el fondo la moraleja seguía siendo tan conservadora como siempre. Quizá el único valor del film, visto con la perspectiva del tiempo, es que hablaba de un tema, la emigración a los países centroeuropeos (Alemania, pero también Suiza), que fue uno de los temas importantes, socialmente hablando, de su época, aunque su tratamiento fuera elemental.

Alfredo Landa protagoniza esta enésima comedieta española de su filmografía de los años setenta, una vez que, tras el inenarrable éxito comercial de No desearás al vecino del quinto (4,4 millones de espectadores, una auténtica barbaridad), se diera el pistoletazo de salida a este subgénero, el landismo, al que Alfredo se dedicó en cuerpo y alma durante casi una década. Afortunadamente, el tiempo, la llegada de la democracia y otros papeles más interesantes rescataron a Landa de estos subproductos para un cine digno y valioso.

Estamos ante una película sobre el fenómeno de la masiva emigración que tuvo lugar en España hacia Alemania a finales de los años sesenta y principios de los setenta, en busca de un porvenir económico que en nuestro país era incierto, un tema que podría haber dado mucho juego, pero que en las manos de un Pedro Lazaga ya adocenado careció de entidad alguna, si no era para terminar moralizando que en ningún lugar atan los perros con longaniza: tampoco en la República Federal.

Un emigrante en Alemania vuelve a su pueblo contando maravillas de aquel país. Un amigo, de natural cateto, embelesado por estos cantos de sirena, le seguirá  los pasos, aunque, como cabía esperar, no era oro todo lo que relucía.

Lo mejor, como casi siempre en las comedias del landismo, es el magnífico reparto, desde el propio Landa, que hace toda una creación de su cateto (en este caso “no a babor”...), hasta José Sacristán, aquí pieza indispensable para que el paleto pique el anzuelo, y una larga serie de grandes de la interpretación de la época, desde Antonio Ferrandis a la gran Josele Román, pasando por el entonces matrimonio compuesto por Gemma Cuervo y Fernando Guillén. La música de Antón García Abril, funcional y estándar, está lejos de bellezas como la que el compositor turolense hizo para Los santos inocentes (1984), seguramente su obra maestra.


Vente a Alemania, Pepe - by , Jun 19, 2019
1 / 5 stars
El cateto y los cantos de sirena