Serie: Baghdad Central

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La invasión de Irak por parte de una coalición de países liderada por Estados Unidos se ha revelado, con el tiempo (aunque ya en su momento era bastante evidente), como una de esas barbaridades que el ser humano, cuando tiene poder (Poder, habría que escribir más apropiadamente...), es capaz de cometer. En este caso, al amparo aún del “schock” mundial que supuso el 11-S de 2001 (las dos Torres Gemelas destruidas, también parte del Pentágono, un avión de la United-93 derribado por los propios pasajeros para evitar que fuera lanzado contra la Casa Blanca), en 2003 los Estados Unidos del malhadado George W. Bush “convenció” (las comillas, claro está, no son inocentes...) a sus aliados, entre ellos el Reino Unido y España, de la necesidad de invadir el país donde, alegóricamente, nació el ser humano, la cuna de la civilización (recordemos que Mesopotamia, entre los ríos Tigris y Eúfrates, situada donde ahora está Irak, se considera idealmente como el lugar donde estuvo el Paraíso), argumentando que el sátrapa Sadam Hussein, que gobernaba el país con mano de hierro desde varias décadas atrás, poseía un gran arsenal de armamento químico que era un peligro para Occidente... Aquel armamento químico que nadie encontró (porque no existía) fue un invento de Estados Unidos para invadir Irak y hacerse con el control de las inmensas reservas de petróleo existentes en el subsuelo iraquí, y a ello se prestaron alegremente el gobierno de Blair, lo que le costó, no tardando mucho, tener que dejar el número 10 de Downing Street; y de Aznar, lo que a los españoles nos costó, entre otras cosas, la masacre del 11-M, con casi 200 muertos en los atentados de Atocha; además de que el Partido Popular perdió las elecciones que tuvieron lugar tres días después, cuando parecía claro que las iba a ganar de calle.

Pues de aquellos polvos, estos lodos. La invasión, como suele suceder en estos casos, se reveló pronto como un disparate: expulsaron del poder, es cierto, a Sadam y su temible partido único Baas, pero a un coste enorme: en vidas humanas, con la muerte violenta de varios cientos de miles de iraquíes; en destrucción del tejido empresarial, social y laboral del país, hundiéndolo económicamente y dejando sin su “pane lucrando” a millones de ciudadanos que se ganaban la vida honradamente; incentivando, sin querer (o quizá queriendo...), el odio a lo que supone Occidente para los países de cultura árabe, y con ello incrementando exponencialmente la adhesión hacia las posturas islámicas más radicales. En fin, un desastre...

Todo eso ha tenido, en cine y series, una amplia repercusión, casi siempre con visos de denuncia de los muchos dislates que la coalición cometió (quiero creer que el tiempo en pasado es el correcto...) en aquella bárbara invasión. En cine, por ejemplo, con films como Green Zone. Distrito protegido, de Paul Greengrass, Redacted, de Brian de Palma, En tierra hostil, de Kathryn Bigelow... incluso el cine español se atrevió con el tema en Invasor, de Daniel Calparsoro.

Esta Baghdad Central, miniserie fundamentalmente británica (con la colaboración sobre el terreno de las cinematografías egipcia y marroquí; de hecho, la producción está filmada mayormente en Marruecos), que consta de 6 capítulos, también se ambienta en la ocupación occidental de Irak, pocos meses después de que comenzara la invasión en 2003. Vemos un prólogo en el que conoceremos a los protagonistas de la miniserie poco antes de que ocurriera esa invasión, el cincuentón Mushin al-Khafaji, oficial de Policía, y sus hijas, Mrouj y Sawsan, veinteañera la primera y algo menor la segunda. La hija mayor apuesta porque lleguen los americanos para traer la democracia al país. El 20 de marzo de ese 2003 se produce la invasión. La acción pasa entonces a Noviembre de ese año, cuando la coalición ya domina prácticamente todo el país, aunque con algunos focos de insurgencia y una resistencia sorda entre la población civil, que se siente con frecuencia humillada y vejada, y cuyo “modus vivendi”, en general, se ha ido muy gentilmente al garete. El oficial Mushin, como todo el entramado de funcionarios públicos iraquíes, ha sido cesado; en ese contexto, su hija mayor, Sawsan, desaparece sin dejar rastro. Su padre indaga y se entera de que hacía varios días que no iba a la universidad donde cursaba estudios. Entonces el padre intentará aplicar sus métodos de investigación policiales para encontrar a su hija; entre tanto, un norteamericano desaparece secuestrado: ha violado a una chica iraquí, traductora, y la familia de la chica lo rapta para vengarse. Temple, británico corrupto al mando de la Policía de Bagdad, ficha a Mushin para descubrir qué ha pasado con ese americano; el ex oficial de Policía iraquí, en principio renuente, accede a cambio de que se trate la enfermedad renal de su hija menor en el hospital occidental. Mushin se encontrará entonces en medio de una sórdida trama de corrupción, prostitución y barbarie...

Stephen Butchard, el creador de esta miniserie, nacido en Liverpool, se formó y trabajó como ingeniero, pero hacia finales del pasado siglo dio el salto a la escritura, consiguiendo relevantes éxitos como guionista y productor televisivo; sus series son eclécticas, incidiendo en diversos temas (histórico, policial, dramático...), aunque ya había tocado el tema de Irak en su miniserie House of Saddam, que biografiaba al sátrapa que gobernó el país del Tigris y el Eúfrates durante casi un cuarto de siglo.

Sobre la novela original del arabista norteamericano Elliott Colla, la miniserie Baghdad Central es, en puridad, una mirada a la invasión de Irak hecha “desde dentro”, desde la mirada alucinada de los iraquíes ocupados, incluso desde la mirada de los que, quizá ingenuamente, creían que la llegada de los yanquis y sus aliados establecería la democracia e impulsaría económica y socialmente el país; también desde la mirada de un policía del régimen, un policía al que ese mismo régimen arrebató inmisericorde a un hijo disidente ejecutándolo, sin que el padre pudiera hacer nada; la serie no lo presenta como héroe, aunque es lo más parecido a un hombre cabal (junto a, ¡oh, sorpresa!, el oficial yanqui al mando) que encontraremos en esta historia. De hecho, la miniserie nos lo pinta como un hombre juicioso y sensato, muy hábil y perspicaz en su trabajo policial de investigación.

Estamos entonces ante una muy cuidada, plausible e intrigante trama en clave de thriller con la invasión de Irak por parte de los occidentales como desolador paisaje, un producto muy correctamente ambientado, con buena factura, bien contada, que hace una acre denuncia de la barbarie de los ocupantes, esos occidentales que se creen asqueantemente superiores a los aborígenes del país. Gusta por el tono ácido empleado contra los que entraron en tromba en un país, lo pusieron patas arriba por una engañifa con la que nos mintieron a todos, y destrozaron todo el delicado tejido social elaborado a lo largo de siglos, un país que, con independencia del dictador que padecían, tenía una vida, unos afectos, una existencia normal, cotidiana. En este sentido, gusta también la reivindicación que hace la miniserie de la gente de a pie en una dictadura, la que tiene que sobrevivir contra viento y marea, doblándose como juncos al viento para no ser tronchados, erradicados, eliminados: una reivindicación en toda regla del vivir cada día de la gente corriente que sabe a verdad.

Con buena música, intrigante, de H. Scott Salinas, que refuerza hábilmente las escenas de tensión que se presentan, que no son pocas, y muy intensas, Baghdad Central cumple perfectamente su papel de producto a la vez crítico con la invasión de la coalición internacional y también como percutante, ameno thriller que capta la atención del espectador, en este caso con una historia que se sale (¡loados sean los cielos!) de los habituales escenarios, personajes y tramas occidentales.

Buen trabajo interpretativo en general, destacando el protagonista, el actor norteamericano Waleed Zuaiter, de obvias raíces musulmanas, un actor de larga trayectoria en el cine y, sobre todo, la televisión yanquis, habiendo participado en series tan conocidas como Blue bloods, Homeland, House of cards o Prison break.


Baghdad Central - by , Feb 20, 2024
3 / 5 stars
En la cuna de la civilización