Serie: La caza. Guadiana

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En 2019 RTVE produjo, junto a DLO Producciones, una serie de 8 capítulos titulada La caza. Monteperdido, sobre la novela Monteperdido, original de Agustín Martínez, quien a su vez, junto a Luis Moya, ejercería también de creador de la serie. Se trataba de un thriller ambientado en el Pirineo aragonés, en el que varios agentes de la UCO (Unidad Central Operativa), unidad de investigación de élite de la Guardia Civil, tenían que resolver el misterio de dos niñas desaparecidas, una de las cuales había vuelto al cabo de cinco años, sin que pudiera decir a ciencia cierta dónde ha estado ni el paradero de su amiga. La buena acogida de la serie hizo que RTVE afrontara una segunda edición, ahora con el título La caza. Tramuntana (2021), trasladando la acción a las Islas Baleares, con algunos de los mismos miembros de la UCO y otros que se agregaban a la investigación, en un nuevo caso a resolver por los agentes. De nuevo el éxito de este segundo segmento animó a RTVE a emprender una tercera serie, también de 8 capítulos, como las anteriores, ahora titulada La caza. Guadiana (2023), ambientándola en la ribera del Guadiana, cerca de la desembocadura de este río castellano/manchego-extremeño-andaluz, y cerca también de la frontera con Portugal. De hecho, el pueblo ficticio en el que se desarrolla la historia lleva como nombre Frontera del Guadiana, siendo la localidad real de Sanlúcar de Guadiana donde se grabó buena parte del audiovisual.

En esta tercera entrega de la genérica serie La caza la acción se inicia en 2010, año en el que nos encontramos con el caso de un chico, Mario, como de 16 años, que una mañana, por causa de un brote psicótico (el muchacho estaba diagnosticado de esquizofrenia), atacó con una escopeta en el mercado del pueblo a tres personas, falleciendo los tres, uno de ellos su mejor amigo. Varios años después, en 2022, de vuelta ya al pueblo el muchacho, ahora adulto, tras estar internado en un psiquiátrico, al considerarse que, con la medicación, ya no es un peligro, desaparece de la localidad Alicia, la chica por la que el Mario adolescente pre-brote psicótico estaba fascinado, hasta el punto de tener instaladas cámaras en diversos lugares frecuentemente visitados por la chica para observarla en secreto desde su habitación. Con ese antecedente, que ya en 2022 era “vox populi”,  muchos en el pueblo lo señalan como más que probable sospechoso de la desaparición de Alicia. Para investigar esa desaparición llegan a Frontera del Guadiana dos miembros de la UCO, el teniente Selva y el sargento Víctor, y después también la exguardia civil Sara, que mantuvo una relación sentimental  tiempo atrás con Víctor, fruto de la cual está en avanzado estado de gestación. Sara, aunque ya no es “picoleta” (está en situación de excedencia), está allí por haber sido anteriormente uno de los más firmes apoyos de Mario en el tiempo que éste pasó en el psiquiátrico, pues la propia Sara tiene también sus propios problemas psíquicos, que fueron los que la empujaron a salir temporalmente del Benemérito Instituto...

La historia es a la vez continuista y novedosa; continuista porque aparecen de nuevo los mismos investigadores de las dos anteriores entregas de la serie, los agentes de la UCO; en todo caso, se puede aportar como novedad el hecho de que Sara, la guardia civil, está en excedencia por sus problemas psicológicos y además está embarazada, precisamente de otro de los protagonistas, el sargento Víctor, lo que da lugar a una línea argumental paralela secundaria (que finalmente tomará prácticamente igual magnitud que la principal), con los dimes y diretes de esta pareja que fue y que ahora flirtea con la posibilidad de volver a serlo, si es posible salvar los escollos que condujeron a la anterior ruptura. Los elementos novedosos, evidentemente, están en el nuevo caso, con un primer crimen múltiple, 12 años atrás, saldado con el internamiento de su ejecutor, aquejado de un brote psicótico, y en la actualidad, con la desaparición de una joven de la misma localidad y una serie de circunstancias que van saliendo a la luz en el pueblo: la animadversión general al enfermo psíquico por lo que hizo y por lo que creen que ha hecho ahora; las relaciones sentimentales y con traiciones de por medio de varios de los personajes principales de la serie; una siniestra trama delincuencial en torno a un personaje conocido como Duarte, que no tendrá rostro hasta prácticamente el último episodio de la serie, y al que conducen casi todos los problemas criminales que acontecen en la localidad; una inicua red de trabajo cuasi esclavista.

Las diferentes historias que se van desarrollando de forma paralela, y con frecuencia interactuando entre sí, constituyen en su conjunto una intriga aceptablemente trenzada, si bien tenemos que decir que, en nuestra opinión, la trama apenas avanza desde el principio, dando vueltas a lo mismo, alargando de esta forma artificialmente la historia, aquejada la serie de ese defecto prácticamente universal de los audiovisuales actuales, el exceso de metraje o de minutado. Es cierto que la historia, contada en varios momentos temporales, se sigue bien, sin mucho problema, sabiendo el espectador desde los primeros capítulos que cada uno de esos episodios se abre con alguna de las escenas de aquel día de 2010 en el que se produjeron los tres asesinatos provocados por el chico con el brote psicótico; esas escenas actuarán a manera de puzle, de tal forma que, llegando a los últimos capítulos, ya tendremos prácticamente toda la información para saber qué ocurrió realmente en aquel infausto día.

Hay algún que otro toque fantástico, como ese esotérico Duarte al que todos tienen un miedo irracional y del que los más supersticiosos del lugar aseguran que es capaz de introducirse en la gente para poseerla (a la manera del demonio en la Biblia), o la aparición de personajes inexistentes, como espectros creados por la psique de la protagonista, a modo de Pepito Grillo, que hablan y aconsejan a Sara, la exguardia civil embarazada.

Por otro lado, aunque Agustín Martínez aparece como creador de la serie, habiendo sido el autor de la novela en la que se basó la primera entrega de La caza, entendemos que la figura de José Manuel Lorenzo, veterano productor de largo recorrido, ha debido ser fundamental en la plasmación del audiovisual.

Con buena factura, el exceso de capítulos, como decimos, hace que la serie no alcance el buen nivel que se podía esperar, a pesar de lo cual nos parece evidente que tiene méritos para aconsejar su visión; entre ellos, desde luego, el gran respeto que se tiene por el acento andaluz, que en ningún momento se oculta sino que, por el contrario, se presenta sin ambages, en algún caso con un esfuerzo muy de agradecer, como el del logroñés Pepe Viyuela, que consigue un acento andaluz más que aceptable. Los cantos telúricos de raíces ancestrales, todos ellos de evidente origen andaluz, y la música incidental en plan flamenco fusión, son también elementos de interés. La interpretación muy correcta en todos los casos, con los protagonistas ya perfectamente imbuidos de sus papeles, destacando especialmente Megan Montaner, una actriz con gran capacidad dramática y con una notable facultad para transmitir los sentimientos más trágicos: y es que la inolvidable partera de El secreto de Puente Viejo sabe sufrir muy bien en pantalla...


La caza. Guadiana - by , Sep 14, 2023
2 / 5 stars
Continuista y novedosa