Película: Abracadabra

El talento (o su plasmación en cine o en cualesquiera otras artes) es un misterio. Ves Blancanieves (2012), la poderosísima y nigérrima visión de España en clave de perverso cuento de hadas, y das en pensar que Pablo Berger, su guionista y director, es uno de los más interesantes cineastas de nuestro tiempo. Sin embargo, ves su siguiente film, este Abracadabra, y no entiendes cómo puede ser la misma persona la creadora de ambos.

España, en nuestros días. Una familia de clase media va de boda: el padre es un tipo intolerante, fanático del fútbol, una mala bestia que apenas presta atención a su mujer; esta, ama de casa, frustrada por su vida monótona y aburrida; la hija, una adolescente (con lo cual ya está todo dicho...). En la boda, el primo de la mujer, que está por sus huesos (y el marido cabrón lo sabe...), segurata que en su tiempo libre hace numeritos de hipnosis en bodas, bautizos y comuniones, hipnotiza a su primo político, que parece caer en trance, aunque es una trola y se burla de él. Aunque quizá no sea una trola: pronto el marido felón empieza a actuar como si fuera otra persona: es considerado con su mujer, hace las tareas de la casa, ayuda a la hija en sus estudios...

Abracadabra es una comedia agridulce, tirando a negra. Su tema podría ser si sería lícito, en caso de una (más bien improbable, por no decir imposible...) usurpación de personalidad (o trastorno bipolar), quedarse con la “buena” de las dos personas que habitan un mismo cuerpo y desechar la otra, que es en realidad la verdadera. Un final extraño, que no destriparemos, pero que parece apostar por una inconcreta libertad, no ayuda a esta rara película no precisamente afortunada, que pretende presentar algo así como una radiografía de la clase media española, a la que ridiculiza con algunos de los tópicos habituales en ese bonito entretenimiento de los artistas que es hacer de ese estrato social (que es el que paga religiosamente los impuestos para que ellos hagan películas; los otros, los ricos porque tienen artimañas para no pagar, y los pobres, porque bastante tienen con sobrevivir) su particular pimpampum.

La absurda incursión en el terreno del fantástico, con el mono que solo el protagonista puede ver, haciendo sus correspondientes monerías (nunca mejor dicho...), no ayuda precisamente a un film evidentemente fallido, que extraña en un cineasta que dio muestras en la mentada Blancanieves de una extraordinaria capacidad para hacer cine, para crear ex nihilo, para recrear mundos que no están en este. En Abracadabra no hay nada de eso, ni siquiera una buena película que nos permita echarnos unas risas: la historia de esta familia, de su primo, del maestro de hipnotizadores que a ratos es dentista (o viceversa, no queda claro...), se nos da una higa, no interesa en ningún momento.

Y no será porque no ha contado Berger con buenos mimbres: un presupuesto holgado para lo que se estila en el cine español, al menos en este que no necesita de elaborados efectos especiales ni de grandes escenas de masas ni de acción; un reparto de lo más granado de nuestro cine, con una Maribel Verdú que está bastante bien, aunque su papel sea tirando a marciano, y un Antonio de la Torre siempre seguro, incluso aunque sus personajes (porque tiene dos...) sean estereotipos; de los secundarios me quedo con ese estupendo José María Pou, uno de los mejores actores de su generación, que ya estaba fantástico en la repetidamente aludida Blancanieves. En cuanto a los técnicos, brilla la fotografía del siempre notable Kiko de la Rica. Todos ellos han sido desaprovechados en este film manifiestamente prescindible, que nos enoja con un cineasta al que preveíamos un gran porvenir, augurio que ahora deberemos poner en cuarentena.


Abracadabra - by , Jan 28, 2018
1 / 5 stars
Hipnosis, trastorno bipolar y un mono