Pelicula:

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El cine vasco ha evolucionado, junto con su sociedad, desde la época en la que todo giraba en torno al conglomerado abertzale, con múltiples facetas y de muy diversas formas (La fuga de Segovia, La muerte de Mikel, Días contados), hasta el de estos tiempos en los que, dejada atrás la pesadilla terrorista, se ha abierto a otros muchos temas (Secretos de cocina, Loreak, Handia), algunos de ellos incluso ajenos a su comunidad (La trinchera infinita, gozosamente producida junto al cine andaluz).

Ane se puede considerar dentro de esa línea, aunque es cierto que, tangencialmente, recuerde los tiempos de plomo del terrorismo etarra. La acción se desarrolla en Euskal Herria (concretamente, aunque no se dice, en la capital de la Comunidad Autónoma Vasca, Vitoria-Gasteiz), en 2009. En ese tiempo existe un movimiento popular contrario a las obras de la llamada Y vasca, la infraestructura que habrá de unir con Alta Velocidad las tres provincias de la comunidad; ese movimiento popular, quizá todavía por la cercanía del fenómeno del terrorismo (en esa fecha ETA había declarado una tregua provisional que, con el tiempo, se convertiría afortunadamente en definitiva), tiene ramalazos violentos, con lanzamientos de cócteles molotov contra las instalaciones de la constructora y similares. En ese contexto conocemos a Lide, una guardia de seguridad de esa constructora, divorciada de su marido, Fernando, y con una hija de 17 años, Ane. La joven no ha dormido esa noche en casa, y Lide se preocupa. Cuando pregunta en el instituto, se entera de que hace días que no va por allí y que, al parecer, ha injuriado a un profesor. Lide comienza a buscar a su hija, para lo que pide el concurso de su ex, con el que viaja a Bayona, donde al parecer pudiera estar...

Aunque con el contexto de la lucha contra las obras de la Y vasca como fondo, realmente en Ane lo que late es un conflicto intergeneracional, el de los padres, en este caso mayormente la madre, y los hijos, aquí la hija, cuando ésta se va haciendo mayor y la progenitora empieza a perder el metafórico cordón umbilical que hasta entonces las había unido indeleblemente. Ese es, en puridad, el conflicto que se nos presenta, más allá de la lucha probablemente baldía, seguramente manipulada, sobre la que además el director (y su guionista malagueña, Marina Parés, ambos galardonados con el Goya al Mejor Guion Adaptado), con buen criterio, no se pronuncian ni a favor ni en contra: está ahí, como paisaje, aunque realmente no es la almendra del tema del film, mucho más cercano, más emocional, el momento en el que progenitores y vástagos sueltan amarras, quizá no definitivamente, como se encarga de presentar muy inteligentemente un final abierto, que cierra el círculo iniciado con las escenas iniciales.

Formalmente, Ane presenta una voluntad realista, quizá costumbrista: una vida cotidiana, vulgar, una “aurea mediocritas”, la de una mujer de clase media o media-baja, que habrá de arrostrar la contradicción de ser segurata de un ambicioso proyecto de infraestructura y a la vez madre de una chica a la que (manipulación mediante) le han inculcado que ese empeño es perjudicial para el pueblo, etcétera.

Con un “look” urbano, premeditadamente feo, que no busca la postalita, el director, David Pérez Sañudo, presenta sus credenciales de cineasta seguro y con cosas que decir, con una puesta en escena funcional, sin subrayados, buscando acercarse a sus personajes a través de silencios, pero también de duros diálogos, muy bien escritos, que retratan a una madre verbalmente agresiva en defensa de su hija, una mujer de armas tomar que no dudará en volcarse absolutamente para intentar recuperar lo que más quiere.

Reflejando un ambiente enrarecido, en el que no es difícil encontrar todavía las huellas del duro enfrentamiento social que tuvo lugar (espero que el tiempo verbal sea el correcto...) hasta no hace mucho entre la ciudadanía agrupada en torno a lo que los historiadores llaman “conglomerado ETA” (la banda terrorista, pero también sus tentáculos juveniles, sindicales, vecinales, “kale borroka”, etc.) y el resto del país, Ane tiene también sus fallos, como los bandazos que presenta en la relación entre la madre y su ex e incluso entre la madre y la hija, bandazos que les hacen estar a partir un piñón y odiarse cordialmente en la misma escena, contradiciendo con ello la más elemental lógica de guion.

Es un “pero” menor, en cualquier caso, ante un film que se presenta sincero y honesto, sin prejuicios de ningún tipo, más allá de hablar de ese momento mágico, a la vez que pesadillesco, en el que los lazos que unieron (pareciera que) indeleblemente a progenitores y vástagos se rompen, casi siempre sin que el padre o la madre se enteren hasta que ya es, quizá, demasiado tarde. “Cuanto mayor se hace, más miedo me da”, le dice Lide a su ex, Fernando, mientras buscan afanosamente a su hija. Esa frase quizá pudiera resumir el sentido de esta historia de dos mujeres zarandeadas por su tiempo, por su circunstancia, por su propia relación.

Gran trabajo interpretativo de las dos protagonistas, con una Patricia López Arnáiz que consigue la rara proeza de resultar a la vez indomable en su belicosidad contra todo el que entienda que está contra su hija, y vulnerable cuando presiente que la relación materno-filial que era la base de su vida se va al garete. La jovencísima Jone Laspiur también está estupenda, en un personaje que se debate entre las ideas inculcadas como cargas de profundidad por los ideólogos de turno y las dudas que, casi a la desesperada, insufla en su pensamiento su doliente progenitora.

(08-03-2021)


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100'

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Ane - by , Mar 08, 2021
3 / 5 stars
“Cuanto mayor se hace, más miedo me da...”