Película: Bearn o la sala de las muñecas El ocaso de la aristocracia, como asunto artístico, tiene un prototipo literario y cinematográfico por antonomasia; El gatopardo, novela de Lampedusa y película de Visconti.

La novela Bearn, de Llorenç Villalonga, en la que se apoya la película, es anterior a la italiana, pero la obra de Chávarri es muy posterior al film que interpretaron Burt Lancaster y Claudia Cardinale. Las comparaciones no se hacen esperar aunque, acaso, no sea ello lo más oportuno. La visión de la película, en este caso al menos, es más provechosa olvidando antecedentes, fílmicos y literarios, incluida la novela origen del guión.

Bearn o la sala de las muñecas cuenta la historia del matrimonio formado por Don Antonio y Doña María Antonia, aristócratas mallorquines, de Xima, la sobrina, y de Juan, hijo natural del noble. Mallorca, en 1865, es el escenario y el tiempo para la acción, con esporádicas salidas a interiores franceses e italianos.

La reconciliación del matrimonio tras quince años de separación (por infidelidad del señor al huir con su sobrina), sirve como historia familiar sobre la que se inscriben estampas costumbristas que van desde las relaciones con los criados a la celebración de fiestas tradicionales.

Como fondo ideológico ofrece una ideología emanada de la aristocracia (su lema es "antes morir que mezclar mi sangre"); relacionada con la masonería, apoyada en el racionalismo dieciochesco, pone, incluso, un pie en el romanticismo cuando, tras la muerte ocasional e involuntaria de la esposa, el suicidio del varón se convierte en única salida.

El liberalismo decimonónico vivido y entendido por el señor de Bearn, lúcido en sus contradicciones y certero visionario del futuro de su clase, encuentra su contraste en el sacerdote Juan, quien, tímido y temeroso ante un mundo incomprensible, es obligado a descubrir legajos en la sala de las muñecas, un archivo familiar donde se guardan los secretos de los masones.

Este personaje es clave para entender el toque que el realizador le ha dado a la historia: la película se construye en "flash-back", desde el recuerdo de Juan. La memoria del cura se convierte en hilo conductor y tanto más sabremos de un personaje o de una situación, cuanto más él la haya conocido.

Como Chávarri indica, hay un marcado toque "voyeurista", un punto de vista  procedente de la experiencia de Juan; los personajes más indefinidos lo son por la visión behaviorista que "otro" nos da de ellos. Acaso también, consecuentemente, tengamos un conocimiento tan mermado de la isla, de la que no se enseña más que cuanto la vista puede alcanzar; o desconozcamos situaciones como la conversación del señor de Bearn con el Papa, mostrada desde el lugar anejo donde se encuentra el sacerdote; o la visión epidérmica de Xima, todo fascinación y hermosura.

Aún más, las referencias históricas se dan siempre ligadas a los personajes, nunca fuera de su contexto: la cencerrada de los paisanos como muestra de la lucha de clases la sufren personalmente los señores de Bearn; en las relaciones internacionales que establecen, son ellos mismos protagonistas.

Chávarri ha coordinado muy bien los elementos que la generosa producción le ha ofrecido: interpretación de actores, música, decorados y figurines, novela original, y un largo etcétera. No ha hecho una obra personal pero ha resuelto con profesionalidad artística un encargo de ciento veinte millones de pesetas.

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123'

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Bearn o la sala de las muñecas - by , Apr 06, 2013
3 / 5 stars
Gatopardo a la española