Película: Bob, el jugador

Esta película se ha podido ver en el ciclo homenaje a Jean-Pierre Melville que, con  ocasión de su centenario, le ha dedicado el Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF), en colaboración con el Instituto Francés y Cinesur.

Jean-Pierre Melville fue el seudónimo artístico que utilizó Jean-Pierre Grumbach, un judío parisino que tuvo su primer contacto con el cine a la tan temprana edad de 5 años, en 1922, cuando sus padres le regalaron un proyector. Melville fue el heterónimo que tomó en homenaje a su idolatrado Herman Melville, el autor de la novela Moby Dick. El cineasta francés tiene una relativamente corta filmografía, de solo 14 títulos en 26 años, si bien es cierto que su temprana muerte a los 55 años truncó lo que podría haber sido una carrera más dilatada y feraz. Con todo, sus películas han concitado gran admiración.

Melville, tras sus tres primeros largometrajes, hizo con Bob, el jugador el primer ensayo con éxito de encontrar su propia voz. Y lo hará con una de las dos temáticas que marcarán su carrera, con frecuencia por separado, pero en ocasiones actuando en intersección: el thriller a la francesa, lo que los galos llaman “polar”, y el cine en el contexto de la Ocupación nazi de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, en la que Melville actuó, desde la clandestinidad, en la Resistencia.

Bob, el jugador se incardina en la primera de esas líneas argumentales, un film “noir”, una película de inequívoca atmósfera francesa aunque con reminiscencias del cine negro norteamericano. No es que Melville fuera el primero que ensayara la fórmula: el “polar” francés ya había dado muy interesantes películas dentro del género en el cine de maestros como Marcel Carné, Julien Duvivier o Pierre Chenal, pero el parisino encontró a partir de este film su propia manera de hacer policíacos, con un estilo personal e intransferible.

París, en el barrio de Monmartre, a mediados de los años cincuenta, en aquella época un barrio bohemio con mala fama. Bob, al que todos apodan “el jugador”, es un viejo delincuente que se ha reciclado en jugador profesional de cartas. De joven salvó la vida al comisario de Policía, que desde entonces le guarda una devoción especial. Bob es un hombre que busca no meterse en problemas, vivir la vida y proteger a la gente a la que quiere, como su ahijado Paulo. Pero cuando, en un día aciago, pierde todo su capital en una de sus timbas, Bob tendrá que plantearse volver a delinquir para salir del marasmo económico...

Bob, el jugador presenta ya varias de las constantes del futuro cine melvilliano, el que le daría fama y prestigio: atmósfera turbia, bajos fondos, ambigüedad moral, actitudes reprochables en delincuentes pero también en policías, un universo de hombres en el que las mujeres tienen un papel secundario por no decir accesorio. Curiosamente, aquí sí hay una mujer que tiene un cierto papel relevante, la joven Anne, a la que Bob de alguna forma apadrina, intentando que la joven no se pierda en las peligrosas calles de Montmartre, y cuya indiscreción precipitará los acontecimientos. También curiosamente, Anne es una mujer que, para los tiempos en los que se ambienta (y se rueda) el film, resulta inusualmente relajada en cuestión de sexo, con varios amantes simultáneos sin que medie la excusa del amor, en una época de evidente represión en ese sentido, incluso en la muy casquivana Francia. Hay hasta algunos furtivos planos de desnudo pectoral de la chica, ciertamente muy raros en el cine comercial de los años cincuenta.

Film interesante por la pintura de tipos que presenta, sobre todo la del protagonista, pero también las de sus amigos, como el joven Paulo, ambicioso y con poco seso, o la chica Anne, nihilista y con una permanente (pero tristérrima...) sonrisa en la cara; no es, sin embargo, de las mejores obras de Melville, que aún estaba forjando su estilo. El fatalismo, otra de sus posteriores constantes, aparece pero de algún modo como de pasada, no de la poderosa forma en la que lo hará en sus mejores películas, en las que lo impregnaba todo. Un final inesperadamente feliz resulta curioso en un cineasta no precisamente dado a ese tipo de resoluciones. Roger Duchesne, en su penúltima actuación ante una cámara, es el perfecto protagonista, un hombre “con pasado”, elegante, un auténtico “chevalier” que querrá llevar una vida honesta pero al que el destino le jugará una mala pasada.


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98'

Año de producción

Bob, el jugador - by , Feb 10, 2018
2 / 5 stars
Encontrar su propia voz