Película: Como nuestros padres

Brasil tiene una industria audiovisual de mediano tamaño; es más importante en el terreno de las telenovelas o culebrones, pero en cuanto a largometrajes de ficción su incidencia es menor. Tampoco tiene fácil llegar a España, por razones de idioma, así que normalmente solo grandes éxitos de taquilla en su país, o películas laureadas en festivales, tienen alguna opción a acceder a los circuitos especializados en nuestro país. En el caso de esta Como nuestros padres, mayormente ha sido la segunda de esas razones, al haber sido premiada en varios certámenes, como Gramado, en Japón, o Lleida, en España, si bien es obvio que tampoco han sido festivales de primer orden.

Y ello se entiende cuando se ve el film, una bienintencionada, esforzada dramedia sobre lo que acontece a una mujer, Rosa, en torno a los treinta y tantos, cuando se entera, de buenas a primeras, que el que ella creía que era su padre no lo es, sino un hombre que ahora es un político de primera línea en el país. A partir de ese momento esta mujer se replanteará muchas cosas...

Como nuestros padres es una película que cae irremediablemente bien, tanto por la identificación que se produce con la atribulada vida de esta mujer, como por su tono realista, casi naturalista a ratos, por su apuesta por las situaciones cotidianas, del día a día. Pero se pierde por la dispersión de sus temas, muchos y mal enhebrados unos con otros: el padre nuevo al que conocer, el amor por el padre que biológicamente no lo es, pero que seguirá considerando como tal, las continuas discusiones con la madre, un verso libre, la enfermedad de esta, que hará que nuestra protagonista la vea con otros ojos, las sospechas de adulterio de la prota con respecto a su marido, y a su vez, su aventura con el padre de un compañero de sus niñas, que a su vez también son otra subtrama, con las pequeñas pugnas con las chicas, que van reclamando su lugar en el mundo... esos y otros temas más, como la reivindicación del papel de la mujer en libertad, sin ataduras, o la posibilidad de las relaciones sexuales abiertas o el poliamor, conforman una taracea de imposible digestión, porque, como dice el refrán español, “quien mucho abarca, poco aprieta”. Y aquí, con tanto tema, ninguno termina por ser desarrollado adecuadamente, y algunos incluso se quedan apenas esbozados, como el nuevo padre encontrado, que desaparece una vez que han tomado contacto y ya nunca más sabemos de él.

Atrabiliaria, con tendencia a un cierto maniqueísmo de manual, Como nuestros padres se quiere progresista pero a veces, casi subconscientemente, enseña la patita conservadora, precisamente esa de la que se supone abjura. Debe reconocerse la elegancia en la puesta en escena, quizá su mejor virtud. Laís Bodanzky, su directora y guionista, se revela como mejor en la primera de esas facetas, mientras que en la segunda a ratos resulta discursiva y artificiosa. Bodanzky tiene una ya dilatada trayectoria en cine, donde comenzó en 1994, si bien su obra audiovisual no es numerosa: aparte de algunos cortos y productos audiovisuales, este es su cuarto largometraje de ficción, no habiéndose visto en España hasta ahora nada más que uno, Las mejores cosas del mundo (2010), que pasó desapercibido. Tampoco este Como nuestros padres parece que vaya a tener gran repercusión, porque la propia directora y guionista, me temo, tampoco sabe a ciencia cierta qué es lo que nos quiere contar, qué nos quiere transmitir, aparte de un difuso discurso de corte feminista, poco desarrollado y con materiales de escombrera. 

Pierde la ocasión, por ejemplo, de ampliar el tema de las similitudes entre Rosa, y la heroína del drama teatral Casa de muñecas, la obra maestra de Ibsen, de la que la protagonista de la película tiene la osadía (aunque hay que reconocerle el valor, rayano en la temeridad...) de escribir una continuación actualizada, que parte desde el momento en que termina la obra teatral del autor noruego. Ahí tenía Bodanzky un tema interesantísimo, trazar paralelismos entre la Nora del clásico ibseniano y la Rosa brasileña actual, ver cómo quizá no han cambiando tanto los tiempos para la mujer aunque hayan transcurrido casi ciento cuarenta años desde que se estrenó la obra teatral. Pero la directora y guionista (esta última labor junto a Luiz Bolognesi, que es también su marido) no tira por ese camino y, de esa forma, desaprovecha su mejor tiro.

No es una película deleznable, como decimos. Pero podría haber sido mucho más estimulante si hubiera usado mejor sus temas, si los hubiera acotado, eliminando líneas superfluas, si hubiera profundizado en lo que de verdad tenía interés en la historia. Mimbres había, y Bodanzky, además, demuestra su notable sentido visual, su elegancia en la realización, su buen gusto para el encuadre. No es suficiente, pero es bastante, no sé si me explico...

En el apartado interpretativo, la protagonista, Maria Ribeiro, a la que vimos en un personaje secundario en Tropa de élite (2007), lleva sobre sus hombros todo el peso del film; de hecho, no hay una sola escena en la que no aparezca ella, casi en cada plano. Hace un trabajo esforzado, aunque nos quedamos con la veteranía y el saber hacer de la estupenda Clarisse Abujamra, que hace de la espídica madre de la protagonista, todo un personaje, una mujer que hizo toda su vida lo que le dio la gana y procuró vivir conforme a sus deseos, algo complicado para una fémina hace cuarenta años (también ahora, pero espero poder decir, sin mentir, que algo menos...).


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102'

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Como nuestros padres - by , Aug 18, 2018
2 / 5 stars
Dispersión