Pelicula:

La comedia española del siglo XXI prosigue con su búsqueda de caminos en los que tener éxito, aunque lo cierto es que, desde el escandaloso taquillazo de Ocho apellidos vascos, casi todos esos caminos contienen, de una forma u otra, el humor “de opuestos” o “de contrarios”, que de ambas formas se puede denominar esa comicidad que basa su capacidad para hacer reír, o al menos sonreír, en el enfrentamiento (generalmente no violento...) de dos formas distintas de concebir la vida, o de caracteres dispares, o de nacionalidades (y, con ello, idiosincrasias...) diferentes.

Esta De perdidos a Río (que, obviamente, parafrasea el dicho español de “de perdidos al río”, para reinterpretarlo indicando en la segunda parte de la premisa la cosmopolita ciudad brasileira de Río de Janeiro) juega en esa misma liga. Aquí la historia comienza con el hallazgo del cuerpo de un hombre en una playa brasileña de la mentada urbe. Resulta ser un español, un vivalavirgen llamado Mateo; sin familiares ni amistades en el país, la embajada española en Brasil localiza en España a uno de sus escasos amigos, Pedro, un cuarentón que es policía, muy estricto en el cumplimiento de las normas, pero también un miedoso integral, mala combinación... Pedro no tiene más remedio que ir a Brasil a hacerse cargo del luctuoso tema, pero le pide a sus dos mejores amigos (que también lo eran del finado), David y Kiko, que le acompañen. Estos también cuarentones son concretamente tripulante de cabina de aviones, con más cara que espalda, y entrenador de fútbol de niñas, a las que jalea para que ganen como sea, incluso con violencia: vaya tres patas para un banco... Este trío “lalalá” se dirige a Brasil, pero pronto descubrirá varias cosas, algunas sobre el supuesto difunto, y otras sobre el país al que viajan...

Joaquín Mazón (Madrid, 1977) es un cineasta fogueado en series televisivas como Doctor Mateo, Con el culo al aire y Allí abajo, para después pasarse al cine con productos tales como Cuerpo de élite, La vida padre, La Navidad en sus manos y La familia Benetón. Su cine no es precisamente exquisito, sino más bien convencional, comercial en el más neutral de los sentidos.

Esta película cuenta con algunos elementos novedosos que ciertamente aportan alguna originalidad, como el hecho de que el protagonista, de profesión policía, sin embargo es lo que coloquialmente se conoce como un “cagón”, un tipo que tiene un miedo cerval hacia cualquier situación en la que pueda existir el más mínimo peligro, circunstancia ciertamente complicada de gestionar cuando se es agente de la ley... los otros dos coprotagonistas, por el contrario, van de pícaros, son buscavidas poco escrupulosos, y conforman ya el primer nivel de “opuestos” que requiere la comedia de contrarios. El segundo nivel estaría en la confrontación de los españoles con la bastante laxa forma de vivir brasileña, donde, según la película, la ley es figuradamente una piñata a la que todo quisque le atiza... Por cierto que llama la atención la pésima visión que se da del país carioca, con escenas como la de una de las coprotagonistas (que finalmente tendrá un papel central en la trama), la abogada, que tiene que rescatar a Pedro de la Policía, que actúa por criterios venales y torticeros. No digamos la visión tan horrible que se da en el film sobre el país y sus instituciones, pintado como una república bananera, un país de “tócame Roque”, un cachondeo institucional (supongo que en Brasil la película, si se ha llegado a estrenar, no habrá sido demasiado bien recibida...).

Llama la atención el humor bastante subido de tono, heterodoxo, incorrecto, lo que tanto se agradece en estos tiempos de paños calientes, un humor muy iconoclasta, muy “destroyer”, muy salido de madre, que quizá sea su mejor baza, aún a costa de (hay que decirlo también) resultar también con cierta frecuencia desagradable y ofensivo.. Aunque el guión es bastante surrealista, tiene buen ritmo y no cae en los tópicos clásicos de la comedia española. Muy desinhibida, la película está aceptablemente bien contada y filmada, con una visión nigérrima sobre el ser humano, a pesar de lo cual finalmente resulta esperanzadora; cada uno de los protas encontrará su sitio en el mundo, a veces en lugares insospechados, y también en brazos poco previsibles...

Con un buen tono general y una brillante fotografía de Alfonso Segura, con diálogos bastante entonados para lo que se suele estilar en estos casos, De perdidos a Río resulta ser, a nuestro entender, una comedia que sobresale un poco, tampoco demasiado, sobre la media (más bien mediocre) del género en la actualidad en España, lo que dicho así, es lo más parecido a un elogio. Correcto trabajo actoral en general, con un trío protagonista un poco sobreactuado, pero es evidente que lo pedían sus papeles.

(09-04-2024)


 


De perdidos a Río - by , Apr 09, 2024
2 / 5 stars
Un humor "destroyer"