Pelicula:

Esta película está disponible en el catálogo de Netflix.


Se podría decir que Christopher Nolan, J.J. Abrams y Zack Snyder conforman la vanguardia del nuevo cine popular norteamericano del siglo XXI (Nolan es británico, pero trabaja en los USA desde principios de siglo). Los tres tienen un tipo de cine muy personal, y son cineastas totales, incluyendo entre sus funciones, además de la de director, la de productor y guionista, manteniendo así el control absoluto de sus pelis. Serían, salvando las distancias que hubiera que salvar, los sucesores naturales de los directores americanos que cambiaron el cine a partir de los años setenta: Spielberg, Scorsese, Coppola, De Palma... Tienen un tipo de cine directo, muy comercial, pero a la vez no le hacen ascos a trufar sus películas de referencias cultistas adecuadamente imbricadas en las peripecias de acción de sus films.

Snyder se dio a conocer en el cine comercial precisamente con una de zombis, Amanecer de los muertos (2004), que daba ya pistas de por dónde iba a ir su cine: espectacularidad a tope, pero también originales ideas visuales, con gran capacidad para generar tensión. Pero donde Snyder puso definitivamente las cartas sobre la mesa fue con 300 (2006), la mítica versión del cómic de Frank Miller basado muy libremente en la famosa batalla de las Termópilas, con un fascinante uso de la tecnología digital para una hazaña ciertamente épica, una película que hizo escuela y fue imitada hasta la náusea. Con Watchmen (2008) volvió al universo del cómic, en este caso el original de Moore & Gibbons, un cómic adulto, filosófico, existencialista, sin nada que ver con lo hasta entonces hecho en ese tipo de cine. Con El hombre de acero (2013), Batman v. Superman: El amanecer de la justicia (2016) y La liga de la justicia de Zack Snyder (2021) profundizó considerablemente en las relaciones entre superhéroes, pero también en la relación de estos con los ciudadanos a los que, supuestamente, deberían proteger, en alguna medida auténticos tratados de filosofía con un envoltorio de extraordinaria espectacularidad.

Tras la tragedia íntima que supuso para él en 2017 el suicidio de su hija Autumn, que hizo que abandonara el rodaje de La liga de la justicia (2017), que terminaría Josh Weddon (film que retomaría el propio Snyder más adelante para hacer su propio montaje), Snyder vuelve con este potente artefacto comercial que aúna el cine espectacular que ha cultivado dentro del cómic, con sus inicios dentro del subgénero de zombis. Pero como cabía esperar, Snyder no ha hecho una peli de zombis más, como veremos.

La historia se inicia con un clásico: de una secretísima institución militar parte un convoy del que los propios soldados custodios desconocen el contenido de lo que portan. Un accidente (nunca un rijoso “francés” costó tantas vidas...) provoca el escape de “lo que llevaban”, que resultará ser una especie de Hulk pero ya muerto y redivivo, un poderosísima arma biológica supuestamente concebida por científicos a sueldo del ejército yanqui para fines no precisamente humanitarios. Cerca del lugar del accidente y de la fuga (extremadamente traumática para los guardianes, como cabría imaginar) está Las Vegas, y el Hulk zombi se encamina hacia allá, con las previsibles consecuencias... Cuando la ciudad esté infestada por los muertos vivientes y el gobierno haya descartado ya otras opciones por insuficientes, la ciudad es perimetrada con altos muros y condenada a ser bombardeada en unos días con tecnología nuclear. En ese contexto, un héroe de guerra, Scott, que ahora asa hamburguesas en un restaurante de mala muerte, es tentado por un millonetis japonés para que rescate, con un equipo elegido por él, 200 millones de dólares que permanecen en Las Vegas en la caja fuerte de un hotel-casino...

Evidentemente, Ejército de los muertos, además de adscribirse al subgénero de zombis, lo hace también al de acción, concretamente a la sección “equipos de gente bragada enviada a una misión prácticamente imposible”, que tiene algunas de sus mejores muestras en clásicos como Doce del patíbulo (1967) o Aliens (1986). Aunque aquí, eso sí, no se trata solo de recios machos de musculatura hipertrofiada, sino que hay tantas mujeres como hombres, y ellas no son precisamente mancas. También como novedad tendremos el hecho de que todos los personajes femeninos son claramente superiores a los masculinos: no ya en la destreza para matar zombis, que también, sino, sobre todo, en que son personajes más sensatos, más serenos, más generosos, más altruistas que sus congéneres machos; ninguno de los roles femeninos son negativos, cosa que sí pasa entre los masculinos, que menudea de tipos rijosos, o traidores, o cobardes, o las tres cosas a la vez; pero es que incluso los personajes masculinos positivos son intelectualmente, humanamente, existencialmente inferiores a los femeninos: es el signo de los tiempos, claro está... También en esa misma línea, el equipo protagonista será multicultural: un medio filipino, varios negros, algún hispano y algunos blancos, entre ellos un alemán tópicamente rubio.

Ejército de los muertos es, por supuesto, un “blockbuster”; eso sí, no especialmente caro, porque ha salido por unos 70 millones de dólares, que no es dinero si lo comparamos con, por ejemplo, Vengadores: Endgame (2019), que costó 356 millones. Pero el presupuesto más bajo de lo habitual en este tipo de productos viene dado por la práctica ausencia de estrellas de relumbrón: Snyder, consciente quizá de que su anterior La liga de la justicia (que ya hemos visto no pudo terminar por la tragedia del suicidio de su hija) no había cubierto, ni de lejos, las expectativas taquilleras previstas, se ajustó aquí al mínimo posible en cuanto a actores, recurriendo a gente competente pero menos conocida que el peluquero de Boris Johnson.

En este sentido, el film es un auténtico prodigio de espectacularidad, en el que los efectos digitales sirven a la historia, y no al contrario, como tan a menudo sucede. Pero lo que diferencia esta peli de otras del género es que, estando a los mandos Snyder, está plagada de referencias cultistas que, lejos de ser alardes eruditos, están perfectamente imbricadas en la trama, nunca chirrían sino que convienen a la narración. Así, la identificación/fascinación del zombi primigenio con el dios Zeus, adoptando el monstruo su atuendo y su aspecto, y convirtiendo el (inexistente, por cierto, en Las Vegas) Hotel Olympus en su muy apropiada morada, aporta una cualidad cuasi taumatúrgica, de deidad, a este humanoide bestial que, en el fondo, no lo es tanto: producto de las oscuras y despiadadas mentes de científicos al servicio de militares y políticos locos, este Zeus (que así conoceremos al zombi original, del que todos los demás serán prolongación) no deja de ser otra víctima más de la incuria de otros.

No será la única alusión a la mitología griega: aparecerá (no diremos cómo, para no incurrir en “spoiler”) una cabeza decapitada que es, enteramente, la de la Medusa o Gorgona del legendario episodio protagonizado por Perseo, recordando incluso la iconografía que impuso hace cuarenta años la primera Furia de titanes (1981). Aún más: en la parte final habrá una escena que recuerda poderosísimamente el rescate de Eurídice por parte de Teseo, aunque en esta ocasión ambos no son precisamente amantes, aunque sí se aman, de otra manera... Ítem más, como dicen los leguleyos: habrá lugar hasta para la mitología nórdica, con una escena en la que esplendorosamente suena (y viene tan al pelo) los acordes de la ópera Götterdämmerung (El ocaso de los dioses), de Richard Wagner. Así que tendremos espectacularidad y cultismos de toda laya, adecuadamente imbricados aunque pudieran parecer antitéticos.

Con buen criterio, Snyder incluye en la película sus gotas de humor, en clave irónica, cuando no sarcástica, como en la larga secuencia de los créditos iniciales, a los sones de la popular canción Viva Las Vegas, mientras asistimos a un auténtico apocalipsis en la famosa ciudad del juego de Nevada; también utiliza a uno de los miembros del equipo, el experto en cajas fuertes, como personaje de humor, consiguiendo que un evidente oxímoron como es “alemán gracioso” tenga todo el sentido del mundo, en un curioso personaje que tendrá, incluso, su momento de gloria a través del sacrificio (no descubrimos nada: en estas películas los miembros del equipo van cayendo regularmente cada equis minutos, que hay que ir despejando la escena...).  

La puesta en escena de Snyder es, como cabía esperar, elegante y estilosa: no en balde es uno de los cineastas norteamericanos actuales con mayor creatividad visual. Por supuesto, hay una clara influencia del lenguaje de los videojuegos, aquí no solo inevitable, sino que otra cosa no tendría sentido, fundamentalmente en las escenas de ataques de los zombis y su correspondiente eliminación por los paulatinamente menguantes miembros del comando. Por supuesto también, hay un gusto por el gore que en plena tercera década del siglo XXI sería impensable que no existiera en este tipo de productos. No hay que decir, aunque lo diremos por si acaso, que las escenas de acción están formidablemente realizadas y son un auténtico prodigio; menos normal es que los diálogos, como sí ocurre en este caso, sean brillantes, con buenas réplicas y dúplicas.

En los temas digamos humanos, ajenos al devenir de esta panda de bragados comandos rebosantes de testosterona y estrógenos (cada uno en su sexo...), habrá que citar uno que, nos tememos, resulta sospechosamente cercano a la íntima tragedia del director que perdió a su hija hace unos años: la trama humana central será la difícil relación entre un padre (el jefe del comando, el héroe que terminó churruscando hamburguesas) y su hija, una relación que, como es habitual en el cine norteamericano reciente, incluye acres reproches por parte de la vástago con respecto a su progenitor, y que también, como suele ocurrir en ese mismo cine, terminará con la reconciliación absoluta entre ambos (tampoco hay “spoiler”: ¿alguien imagina un final distinto?). Los agravios paterno-filiales, entonces, todo un clásico en el cine USA de hoy, quizá una forma de pedir perdón por parte de los autores hacia sus hijos. Pero habrá otros asuntos: Sacrificio, expiación, redención, altruismo, generosidad, desprendimiento... pero también codicia, lujuria, maldad, cobardía... el ser humano, en toda su extensión.

Como aportación al subgénero de zombis, Snyder y sus coguionistas lanzan algunas ideas interesantes: existen (como entre los vivos...) dos clases sociales, una élite que es lo más aproximado a la aristocracia, que son capaces de pensar, organizarse, mantener una jerarquía y, además, son fuertes y ágiles; la otra, la clase baja, son carne de cañón (o sea, también como entre los vivos...), no piensan, son tontos del culo y se pasan la mayor parte del tiempo hibernando. Otrosí digo, como dicen los picapleitos: ¿son capaces de engendrar vida (o lo que sea lo que tienen...) los zombis por la vía normal, no por la de comerse al prójimo? Quizá la película nos lo aclare...

El reparto, como queda dicho, está plagado de actores poco conocidos. Nos quedaríamos con Dave Bautista, un exluchador de “catch” que tiene ya una larga carrera en el cine, y al que apreciamos cierto talento para la introspección: quién lo iba a decir... Y también con la mexicana Ana de la Reguera, que nos recuerda muchísimo a nuestra Paz Vega.

(27-05-2021)


Ejército de los muertos - by , Jul 21, 2021
3 / 5 stars
Espectacular y cultista