Película: El enigma se llama Juggernaut

Durante la década de los setenta hizo furor dentro del cine comercial un género que se denominó “de catástrofes”, por desarrollarse en él una serie de desastres, generalmente naturales, aunque también podían ser producidos por el ser humano, que generaban la destrucción y muerte violenta de gran número de personas. Aunque algunos films como Aeropuerto (1970), de George Seaton, se pueden considerar pioneros en el género, la película que realmente se considera el pistoletazo de salida sería La aventura del Poseidón (1972), de Ronald Neame, de gran éxito comercial. A partir de ahí se sucedieron cintas cada vez más costeadas, más megalómanas y más cargadas de estrellas, que fue otro de los santo y seña del género, incorporar al reparto a rutilantes astros de Hollywood, con frecuencia ya bastante mayores, viejas glorias que aprovechaban así su (nuevo) momento de gloria y engrosaban sus cuentas corrientes.

Películas como Terremoto (1974), de Mark Robson, El coloso en llamas (1974) y King Kong (1976), ambas de John Guillermin, y Tiburón (1975), de Steven Spielberg, entre otras muchas, conformaron un corpus cinematográfico en el que casi todo era posible para poner en pantalla la brutal muerte de personas y la destrucción de bienes, hasta que el fiasco mayúsculo de Meteoro (1979), curiosamente a finales de la década de los  setenta, período histórico que, por tanto, se identifica entonces con este subgénero de catástrofes, acabó de un plumazo con este tipo de cine. También de forma muy curiosa, el director de este film fue también Ronald Neame, el mismo de La aventura del Poseidón que se considera iniciador del mismo, con lo cual el círculo se cierra de forma coherente.

Hay muchas teorías sobre las razones por las que hizo fortuna el cine de catástrofes en las sociedades occidentales de los setenta; entre ellas no habría que descartar el hecho de ser un posible exorcismo para espantar los innumerables males que se preveían con la gravísima crisis del petróleo que asoló el mundo a partir de 1973.

Aunque la industria cinematográfica que lo cultivó con mayor entusiasmo fue la norteamericana, por obvias razones presupuestarias e ideológicas, también la británica (aunque con el apoyo logístico, técnico y presupuestario del cine USA) aportó su granito de arena con filmes como este interesante El enigma se llama Juggernaut, dirigido por Richard Lester, que se hizo un nombre como realizador de algunas películas de los Beatles (Help, Qué noche la de aquel día) y como creador de una estética (e incluso de una ética...) pop, en films como El Knack... y cómo conseguirlo, un cineasta en principio poco apropiado para un género, el de catástrofes, muy elemental, pero al que Lester aportó una mirada distinta sobre el villano, que aquí no será el típico malo sin matices, sino un ser humano con sus luces y sombras, un hombre amargado por una tragedia que le supera.

Un gran buque de pasajeros, un extorsionador, varias cargas explosivas a bordo, un rescate, una carrera contra reloj. Con una intriga percutante, El enigma se llama Juggernaut resulta ser una estimable y entretenida muestra del género, con estimables irisaciones dramáticas poco frecuentes en el mismo, y con un más que apreciable reparto, en el que además de la estrella Richard Harris como protagonista y David Hemmings (el inolvidable personaje central de Blow up, de Antonioni) como antagonista, brillan actores que después serían sólidos baluartes del cine mundial, como Anthony Hopkins, que por aquel entonces empezaba a gozar de las mieles de la fama con el éxito de la serie televisiva QB VII.


El enigma se llama Juggernaut - by , May 02, 2018
3 / 5 stars
Una mirada distinta