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CINE EN SALAS


Michel Gondry (Versalles, 1963) es un cineasta que consiguió una bien ganada fama como director de videoclips desde finales de los años ochenta, habiendo dirigido este tipo de audiovisuales musicales para estrellas del calibre de The Rolling Stones, Paul McCartney o Björk, entre otras muchas. A partir de principios de este siglo XX se adentró también en el mundo del cine como guionista y director, consiguiendo algunos éxitos, como ¡Olvídate de mí! (2004), película que se considera “de culto” por su peculiar manera de plantear un desamor (borrando, literalmente, los recuerdos del ser antiguamente amado), y con la que consiguió un Oscar por su guion. También llamó la atención con films como La ciencia del sueño (2006) y La espuma de los días (2013), en cuyo rodaje está precisamente la génesis de esta El libro de las soluciones, una autoficción en la que Gondry nos presenta la historia de un director que, en fase de montaje y postproducción de su nueva película, es desahuciado por los productores que temen (no sin razón...) que los disparates presupuestarios del “genio” les hunda el estudio...

El director, que se llama Marc (aunque debería llamarse Michel, para estar más cerca de la realidad...) escapa de las oficinas de la productora con todo el material rodado para refugiarse en el campo en casa de su tía Denise y un miniequipo, mayormente compuesto por su productora, Sylvia, su montadora, Charlotte, y el chico para todo, Carlos. Marc, que está medicándose para contener sus tendencias neuróticas, deja de hacerlo, con lo que empieza a tener una torrencial generación de ideas, ocurrencias y disparates de todo tipo, algunos de los cuales aprovechará para terminar la producción de la película...

Lo cierto es que Gondry debe ser un tipo no precisamente como para irse de cañas con él: si es cierto nada más que la mitad de lo que dice aquí de sí mismo (apenas oculto bajo la apariencia de “otro” director, aunque todos sabemos que es él), la verdad es que este tipo, que en cuestiones artísticas es cierto que ha hecho cosas curiosas e interesantes (los títulos ya citados abundan en ambas circunstancias), como persona nos parece que es como para echarle de comer aparte: egocéntrico, paranoico, faltón, borde, violento, acosador, hasta violador en ciernes... vamos, no le falta un perejil. En esta El libro de las soluciones, la verdad, lo más apreciable quizá sea la absoluta falta de rubor con la que Michel se pone de hijoputa (uy, perdón, queremos decir que le gusta la fruta –gracias, Ayuso...-), aunque no nos queda claro si él es consciente de su abominable comportamiento, de su execrable conducta con sus subordinados en aquella película (en general, con todo quisque, menos con su adorada tía), y si la cinta es una genuina disculpa o es una gigantesca sesión de psicoterapia.

De una forma u otra, lo cierto es que consigue plenamente que el personal se irrite con el papafrita del protagonista, ese manantial de ocurrencias a cuál más disparatada, esa máquina de pisar callos, esa fuente de problemas al por mayor. Cinematográficamente hablando, El libro de las soluciones (que evoca la libreta en el que el memo escribe las supuestas respuestas a todo... sí, una versión en plan Pepe Gotera y Otilio del Talmud o la Cábala...) tiene nervio y está hecha con cierta capacidad creativa, como cabría de esperar de este cineasta que genera ideas más o menos artísticas como otros sudan o tosen.

La pregunta del millón es si esta ¿autoflagelación? de Gondry tiene verdadero interés para el espectador, incluso para el espectador cinéfilo, el que disfruta con propuestas nuevas, innovadoras, exploratorias de senderos... Y la respuesta, nos tememos, es negativa. Porque mirarse el ombligo, por mucho que podamos encontrar allí pelusillas, no nos parece que sea precisamente el súmmum de la creatividad. Por lo demás, la película se deja ver, una vez que el espectador ya es consciente de que va a asistir a un desfile de mamarrachadas de este director supuestamente genial que en mala hora dejó de medicarse para hacer insoportables las vidas de sus colaboradores, y que, encima de todo, ahora ha hecho una película de ello; y hasta ha encontrado quien se lo ha financiado, qué tío...

En cuanto a los intérpretes, curiosamente el protagonista, Pierre Niney, no hace gala aquí en los títulos de crédito de su condición de miembro de la Comédie Française, como es habitual, lo que da que pensar... el resto hace lo que puede, reproduciendo en pantalla las mentecateces y ataques de ira con los que Gondry asoló a su equipo hace un decenio: pobreticos (aquellos y, me temo, estos, si la mitad de lo que cuenta el director es cierto...). La mejor, para nuestro gusto, es la estupenda Françoise Lebrun, que interpreta el personaje de la tía Denise, un auténtico bálsamo en el torrente de mamarrachadas que constituyó la vida de Michel Gondry en aquellos años (espero que el tiempo verbal en pasado sea el correcto...). Y Sting hace un cameo que, es cierto, resulta divertido.

(27-11-2023)


 


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102'

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El libro de las soluciones - by , Dec 25, 2023
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Mirarse el ombligo