Película: La honradez de la cerradura

Luis Escobar es más conocido en el cine español como actor, sobre todo a raíz del éxito de La escopeta nacional (1977), de Luis García Berlanga, donde componía un personaje inolvidable. Sin embargo, Escobar también tuvo una faceta como director de cine, aunque su filmografía en este campo fue exigua, dado que, extrañamente, no llegó a contar con el favor del público, a pesar de que, a la vista de esta interesante La honradez de la cerradura, no carecía de dotes para esa función.

Escobar fue un hombre fundamentalmente de teatro (autor y director), por lo que no es de extrañar que su debut en la dirección cinematográfica fuera con la adaptación a la gran pantalla de una obra de Jacinto Benavente, el dramaturgo por excelencia de la época. Esa obra y esa película fueron La honradez de la cerradura, este drama entreverado de thriller, o viceversa, sobre la tentación, la culpa, la expiación y la redención.

España, en una ciudad indeterminada, hacia mediados del siglo XX. Un joven matrimonio vive modestamente de los ingresos del marido como empleado de banca. En el piso de abajo habita una señora mayor, que ha recibido un pago imprevisto de 80.000 pesetas que no puede ingresar en el banco por ser ya tarde para ello; decide dejarlo en depósito al matrimonio, pues teme que su criada, de la que sospecha, pueda robárselo. Pero, a la mañana siguiente, los jóvenes esposos se enteran de que la señora de los dineros ha fallecido repentinamente…

Escobar supo captar bien el sentido de la obra teatral de Benavente, y en sus manos se convierte en un estimable thriller sobre lo fácil que es caer en la tentación, incluso en personas que no han tenido nunca veleidades delictivas: la atracción del dinero fácil y (supuestamente) sin riesgo, la posibilidad de disponer de bienes de consumo de imposible consecución de otro modo, están en el origen de este apreciable film en el que los esposos, en el fondo unos benditos, habrán de pasar por un duro purgatorio (muy bien dado por Escobar, con un crescendo adecuadamente dosificado) hasta conseguir el perdón, que no será otro que un perdón mutuo: el del respeto que se perdieron a sí mismos el infausto día que decidieron quedarse con lo que no era suyo.

Otra de las virtudes del film es la pintura de los bajos fondos, algo bastante inusual en el cine español de los años cincuenta. Aquí asistimos a tugurios de mala muerte, donde es evidente que se ejerce la prostitución (dado con cierta elipsis pero con signos evidentes), donde se bebe sin tasa y el ambiente es turbio y delicuencial. Escobar nos muestra esos paisajes, urbanos y nocturnos, a los que el españolito medio de la época no se hubiera asomado ni por equivocación. La llegada del marido a esos ambientes tendrá algo de descenso a los infiernos del Dante, de los que solo saldrá, además de por el amor de su Beatriz (Marta en la película), por las carambolas del azar, no sin antes haber pasado las de Caín…

Francisco Rabal hace con este su primer protagonista absoluto, y ciertamente se puede decir que, en su caso, el actor se fue forjando con el tiempo: aquí su trabajo es muy inferior al que iría consolidando años después, hasta ser uno de los intérpretes fundamentales del cine español; aquí era sólo una cara bonita, y poco más. Tampoco Mayrata O’Wisiedo (que aparece en los créditos solo como Mayra O’Wisiedo) se puede decir que estuviera eximia; era su primer papel en cine, y también le quedaba mucho que aprender: y lo hizo, hasta convertirse en una de las actrices con más clase de la escena española, lamentablemente desaprovechada por el cine, en el que intervino episódicamente. Por el contrario, Ramón Elías hace un estupendo chantajista, un individuo amoral, sin escrúpulos, de melifluas maneras, un hampón en toda regla que este actor olvidado retrata magníficamente.

En el debe del film habrá que citar la excesiva y generalmente poco adecuado música del maestro Dotras Vila, aunque ciertamente en la época era bastante frecuente este tipo de molestas bandas sonoras que parecían querer aturdir al espectador. Por el contrario, la fotografía en blanco y negro de Emilio Foriscot es todo un hallazgo, jugando con luces y sombras que se convierten en un elemento fundamental en las escenas ambientadas en los bajos fondos de la ciudad.


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88'

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La honradez de la cerradura - by , Jan 25, 2018
3 / 5 stars
La tentación vive abajo…