Película: La madre muerta No hablamos, claro, de la goma-2, sino de la segunda película de Juanma Bajo Ulloa. Éste y su hermano Eduardo aparecieron en el universo cinematográfico hacia 1991 con Alas de mariposa, pretenciosa fábula sobre la infancia, los celos y el enfrentamiento familiar, pesada como una losa y con unas ínfulas bastantes insoportables. Una parte de la crítica creyó haber encontrado a nuestros particulares hermanos Coen, cuando en todo caso se parecen a los hermanos Malasombra (los que eran "malos, malos de verdad": ¡ay, aquellos chiripitifláuticos de nuestra infancia cada vez más lejana¡). Pues aquel carrete que se les dio parece que les ha dado pie a reincidir en territorios no demasiados lejanos.

Ahora se nos cuenta (cansina, muy cansinamente) la historia de un hombre más allá de toda ley o escrúpulo, ladrón ocasional, que mata sin pestañear a una madre (la del título) y dispara después a la hija, de pocos años, a la que encontrará tiempo más tarde convertida en una mocita despampanante pero con el desarrollo mental detenido en la fecha en que la hirió de gravedad. A partir de ahí, los hermanos Bajo se arman una empanada de mucho cuidado, metiendo de por medio a la amante del protagonista, celosa hasta del aire, aunque le pegan soplamocos cada dos por tres, con lo que nos encontramos con un inopinado tinte sadomasoquista; también aparece por allí Silvia Marsó, en un papelito a lo Janet Leigh (la que tardó un cuarto de hora de Psicosis en desaparecer), otra intragable piedra de molino totalmente falta de verosimilitud que proponen los guionistas. Todo, eso sí, está muy cuidado: se ve que en esta ocasión los vascongados han contado con un dinero muy curioso, y se aprecia lo costeado que está el filme. Pero de nada sirve toda esta parafernalia de película bien montada cuando la sustancia primigenia, el guión, hace aguas por todos lados, y la realización es premiosa, sobre todo en una primera parte de auténtico sopor. Apúntese en lo positivo al estupendo Karra Elejalde, un auténtico camaleón, y la difícil composición de Ana Alvarez. Muy lejos quedan estos hermanos bajo mínimos de otros auténticos y genuinos talentos vascuences de su generación: Julio Médem, Enrique Urbizu, Alex de la Iglesia. Bueno será dar a cada uno lo suyo: a los Bajo, desde luego, les vendría bien una espiocha

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104'

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La madre muerta - by , Aug 28, 2001
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Un petardo vasco