Película: Lady Bird

Greta Gerwig es una actriz que desde hace ya varios años se desempeña también como guionista y que hizo su primera película como directora con Nights and weekends (2008), no estrenada en España; ahora, nueve años después, ha conseguido montar su segundo film como realizadora, esta Lady Bird que le ha granjeado multitud de premios y nominaciones, entre ellas cinco candidaturas al Oscar.

La guionista y directora reconoce reminiscencias autobiográficas que, a la vista de los hechos, parecen evidentes: la ciudad en la que se ambienta es Sacramento, en California (por cierto, horriblemente pintada por la protagonista, alter ego de la directora), justamente donde nació y creció Gerwig. El film se ambienta en 2002, y la edad del personaje central, la Lady Bird del título, y la de la directora en esa fecha, eran prácticamente idénticas. Así que, como dice el proverbio español: “blanco y con asas, un jarrón”. Vayan estos comentarios para situar la historia, cuyo corte autobiográfico parece evidente, en mayor o menor grado, lo que conlleva una mayor implicación personal, incluso emocional, por parte de su autora.

La historia, situada como hemos dicho en Sacramento y en 2002, nos cuenta la vida en ese tiempo de una adolescente de 17 años que cursa estudios en un centro de secundaria católico de su ciudad; ella quiere ir a estudiar a una universidad del Este (Nueva York o similar), pero la madre, una mujer estricta y con miedo a perder a su hija lejos de su férula, quiere que lo haga en una de su estado, California, a ser posible de confesión católica. La chica, llamada Christine, sin embargo quiere ser conocida como Lady Bird. Durante el último curso de secundaria la chica envía, a escondidas de su madre, y con la complicidad de su padre, solicitudes a varias universidades del Este para intentar ser admitida en alguna de ellas. Entre tanto, se ennovia con un chico de la clase alta de Sacramento, lo que supone un salto de estatus que se verá abruptamente abortado...

Lady Bird es, esencialmente, una metáfora de la adolescencia; de una adolescencia más bien problemática; evidentemente, todas lo son: el paso de la niñez a la edad adulta, en esa etapa que llamamos adolescencia precisamente porque se adolece de tantas cosas (y se tienen tantas otras que se perderán, quizá lamentablemente, por el camino: frescura, verdad, honestidad...), es siempre un tiempo traumático que los padres recordarán como infiernos de mayor o menor tamaño. En el caso de la familia de Lady Bird, el infierno, sobre todo para la madre, fue bastante considerable: porque la hija (segunda del matrimonio, tras el primogénito, un chico hispano adoptado, Miguel, del que poco sabremos) es rebelde, inconformista (hasta ahí normal en cualquier adolescente), pero con un punto salvaje que la vuelve violenta, incluso con una violencia autodestructiva, además de lo que en tiempos pasados se hubiera llamado desclasamiento, al abominar de su clase, la media-baja de la ciudad, lo que exterioriza cada vez que puede diciendo que vive “en el lado equivocado de las vías”, indicando con ello que su casa (también, alegóricamente, su clase) está al otro lado de las vías del ferrocarril que parten la ciudad entre la zona noble y la pobre.

El film será entonces, fundamentalmente, las andanzas de esta adolescente durante ese último curso antes de “aplicar” (como dicen en los USA) a una universidad, con sus continuas refriegas con la madre, sus filias y fobias con amigas que pasan a odiarla y desconocidas que se convierten en su “más mejor amiga” (por utilizar el horrible anglicismo que se usa en estos casos), sus novios que les salen ranas o mentirosos, sus trastadas a los docentes del colegio. Dicho así podría parecer el clásico film de adolescentes en clave de comedia, pero ciertamente Lady Bird trasciende el cliché para convertirse en un creíble relato del paso de la adolescencia a la edad adulta de una chica que cree saber lo que quiere, aunque por el camino se deje algunos de sus activos más preciados: el amor de su madre, la amistad de su amiga, el momento especial de su primer encuentro sexual.

Film de tono veladamente triste, sin ser tristérrimo, de verosímil historia que sabe a verdad, es también una historia de aprendizaje vital, vista desde los ojos de una adulta que rememora, quizá no exactamente, pero sí conceptualmente, los años que la formaron y la hicieron, esencialmente, lo que es.

Un final que, aunque cierra adecuadamente ese paso de la adolescencia a la madurez, tiene componentes extraños cuando no contradictorios (¿qué pinta ahí esa iglesia, más allá de hacer en la edad adulta todo aquello que antes execraba?), completa una historia irregular pero estimulante, la visión de una mujer cociéndose, de una joven que se hacía mujer, a su manera, con los golpes y situaciones con los que la vida, esa madre o madrastra, nos espera agazapada en el camino.

Gerwig es elegante en su filmación, gustando de periódicos brotes de radicalidad que percuten al espectador, lo zarandean, para enfocarlo claramente en el retrato de esta Lady Bird que, como tanto adolescente, ansiaba salir del nido materno sin saber que, más allá, en el espacio libre del mundo, tampoco atan los perros con longanizas...

Gran trabajo de Saoirse Ronan, como nos tiene acostumbrados ya esta joven actriz neoyorquina que, sin embargo, creció en la tierra de sus ancestros, Irlanda; el nombre, por supuesto, ya da pistas de esas raíces. Saoirse está llamada a ser una de las grandes de su generación: dúctil, se mueve bien en todos los registros, aunque es evidente que donde mejor se desempeña es en los papeles dramáticos, que ella aborda siempre desde una espléndida interiorización, aunque cuando son necesarias las explosiones emocionales, como en este film, las hace con notable convicción. Del resto nos quedamos con el trabajo complicado y desagradecido de una Laurie Metcalf que hace un personaje parecido al que compone en Big Bang, donde es la madre ultracatólica  de Sheldon, pero en este caso en clave dramática y sin los tópicos religiosos del rol de la famosa serie televisiva. En personajes masculinos secundarios aparecen dos estrellas emergentes, Lucas Hedges, que ha dado muestras de su versatilidad en títulos como The zero theorem (2013), Manchester frente al mar (2016) y Tres anuncios en las afueras (2017); y Timothée Chalamet, la nueva sensación de los actores jóvenes, nominado este año al Oscar por su matizadísima interpretación en Call me by your name (2017).


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94'

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Lady Bird - by , Feb 25, 2018
3 / 5 stars
El lado equivocado de las vías