Película: Tres anuncios en las afueras

Definitivamente, el dramaturgo y director de escena londinense Martin McDonagh ha llegado al cine para quedarse. Este cineasta relativamente nuevo en el oficio podría dar sopas con honda a gente que lleva décadas dirigiendo cine. Claro que, como ya sabemos, el talento es polimorfo y no tiene por qué quedarse en una única disciplina. McDonagh es buena prueba de ello. Consiguió el Oscar al Mejor Cortometraje en 2004 con su primera realizacion, Six shooter, y su primer largometraje, Escondidos en Brujas (2008), estuvo nominado a la preciada estatuilla de la Academia de Hollywood, además de llevarse el manso de premios de toda laya (BAFTA y Globo de Oro, entre otros muchos). Siete psicópatas (2012) nos confirmó que estábamos ante un talento especial, un cineasta de una prodigiosa capacidad creativa que sabía manejarse como pocos a la vez en la comedia, el drama y el thriller, todo ello en la misma película y con un resultado fascinante.

Ahora, con Tres anuncios en las afueras (que en su propio título, tanto en español, como, sobre todo, en inglés, ya anuncia que no estamos ante una película al uso), McDonagh vuelve por sus fueros. Esta vez nos parece que desciende un peldaño sobre la osadía de la mentada Siete psicópatas, pero seguramente era inevitable si se quería llegar a un público más extenso. Sin vender su primogenitura por un plato de lentejas, McDonagh hace ahora un cine algo más inteligible para el espectador medio que en su anterior empeño. No importa: aunque para nuestro gusto la delirante ebriedad creativa de Siete psicópatas la hacía superior a esta Tres anuncios..., seguimos estando ante cine del bueno, ante una peculiarísima mezcla, de nuevo, de thriller, drama y comedia, utilizando para este último género herramientas tales como la ironía, cuando no directamente el sarcasmo y la sorna, por no decir la chacota.

Ebbing, un pequeño pueblo en el sureño estado de Missouri, como sitúa la acción el título original. Mildred, una mujer alrededor de la cincuentena, ha perdido a su hija el año anterior, violada y asesinada por alguien a quien la Policía no ha conseguido capturar. Cansada de la que ella cree inacción de las autoridades, contrata tres grandes vallas publicitarias a las afueras del pueblo en las que inquiere al Jefe Willoughby por qué no hay aún arrestados por el crimen cometido con su hija. Tal iniciativa recibe una dura respuesta por parte del pueblo: Dixon, un policía tirando a descerebrado, pretende intimidar en vano a Mildred, las fuerzas vivas (hasta el dentista…) la acosan, pero ella no se arredra. El cuestionado Jefe de Policía está gravemente enfermo de cáncer, lo que complica aún más la historia…

Con diálogos acerados, agudos, llenos de ironía y humor negro, Tres anuncios en las afueras conquista pronto al espectador poco acomodaticio, que no tarda mucho en percatarse que encontrar al autor del asesinato y violación de la hija de Mildred no es sino un MacGuffin, una excusa para una película en la que se pone en solfa el Poder, su indolencia cuando el tema no le interesa, pero también la radicalidad como única forma de enfrentarse a las fuerzas vivas de la sociedad, la necesidad de buscar incesantemente lo correcto, ya sea en un tema grave como el que mueve a la protagonista, o la tan simple maniobra de reponer un escarabajo sobre sus patas cuando el animal yace pataleando bocarriba, como hace Mildred en una de las primeras escenas del film.  Hacer lo correcto, entonces, aun a costa de todo: tener el pueblo en contra, sufrir vejaciones e insultos, que apresen injustamente a tus amigos, incluso que tu hijo dude visiblemente de qué lado está.

En la última parte de la película cierto retorcimiento argumental para que los acontecimientos cuadren con los intereses del guionista y director, hace bajar algún punto el tono, pero aún así el extraordinario final, un anticlímax que no puede ser más abierto, vuelve a hacer de Tres anuncios en las afueras una película notable.

Frances McDormand vuelve a estar espléndida, como es habitual en ella, la quintaesencia de la gente corriente, aunque en el fondo sea tan excepcional; Sam Rockwell lleva camino de convertirse en uno de nuestros secundarios favoritos (y mira que ese puesto se lo disputa una pléyade de grandes actores de reparto…); ya en Siete psicópatas estaba estupendo, pero aquí hace un recorrido matizadísimo en un personaje bombón, un rol en el que evolucionará sutilísimamente. No soy fan de Woody Harrelson, como el lector sabe: aquí, sin embargo, lo encontramos francamente bien, en un personaje que sabe hacer suyo, al que dota de personalidad, de carne y sangre. Me temo que el problema de Harrelson es que, como en España le pasa a intérpretes como José Coronado o Maribel Verdú, es muy bueno cuando está bien dirigido, pero petardea a modo cuando no lo está.

Ebbing, Missouri, no existe; para la ocasión se ha rodado en pueblecitos de Carolina del Norte, singularmente en Sylva: estamos entonces ante un nuevo Macondo, una nueva Región, una nueva Mágina: una tierra que no existe recreada en otra que existe, un territorio fantástico que germinó en la mente de McDonagh antes de tomar forma en las praderas de Carolina del Norte: el cine, como la literatura, siempre inventando ex nihilo nuevas tierras incógnitas…


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115'

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Tres anuncios en las afueras - by , Feb 25, 2018
4 / 5 stars
Reponer un escarabajo sobre sus patas