Película: Las acacias

El cine argentino sigue dando muestras de un notable vigor. Es, a nuestro parecer, la cinematografía más interesante de toda Iberoamérica, incluidas las otras dos más pujantes del subcontinente latino, Brasil y México. Su cine siempre nos sorprende alternando con facilidad títulos urbanos, modernos y cosmopolitas, como Tesis sobre un homicidio (2013), o sencillos films con escasos recursos pero admirablemente utilizados, como esta pequeña, modesta, adorable Las acacias.

Rubén, un camionero cincuentón hace la ruta de regreso a Buenos Aires desde Paraguay. Su jefe le tiene indicado que transporte hasta la capital argentina a una mujer paraguaya, Jacinta, madre soltera con una niña de cinco meses. En el viaje pasaremos de la inicial indiferencia hacia un progresivo afecto entre los dos adultos…

Pablo Giorgelli lleva bastante tiempo en el mundo del cine, a pesar de lo cual su carrera es escasa: hizo un corto en 1993, El último sueño, y su siguiente trabajo como director fue este largometraje, Las acacias, rodado dieciocho años después. Menos mal que esta película tuvo una más que apreciable repercusión en numerosos festivales a lo largo de todo el mundo (obtuvo premios en Cannes, Bombay, Sevilla, Oslo, Biarritz y Bratislava, entre otros certámenes), lo que a buen seguro ha debido valer para que el lapso de tiempo entre sus películas se haya recortado y en 2017 pudiera hacer Invisible, inédita en España cuando se escriben estas líneas.

Georgelli es un cineasta sensible, que apuesta por el cine pausado, de alguna forma moroso (sin que ello conlleve la habitual descalificación que hacemos los críticos cuando usamos ese adjetivo), cine de la cotidianidad, con personajes corrientes y molientes: un camionero en la cincuentena, con un hijo al que no ve desde hace años, un hombre que hace de sus costumbres su forma de vida; una mujer, quizá alrededor de los veinticinco, de etnia indígena, bilingüe en guaraní (su lengua materna) y español, cuya vida está ahora enfocada de forma monográfica hacia su pequeña bebé, y que marcha a la capital bonaerense a trabajar para procurar un futuro mejor a su hija. Pero entre ambos, entre el adusto camionero que parece insensible a otra cosa que no sea su rutina, y la mujer que parece ya solo madre, habrá algo parecido al amor que va surgiendo de a poco (como dicen deliciosamente allende el charco), a través de miradas de hito en hito que se dirigen entrambos cuando el otro no los ve.

Esa callada, silente, estruendosamente muda historia de amor que casi no lo es, o no la apreciamos claramente en estos tiempos en los que todo tiene que estar subrayado porque si no nos enteramos, resulta ser así una pequeña joya de buen cine, rodada en la mayoría de su metraje en la angosta estrechez de la cabina del camión, casi siempre en un juego de plano-contraplano que, en contra de lo que suele suceder cuando se abusa de este recurso, no cansa, no agota, es siempre enriquecedor. Por supuesto, con una tan escasa peripecia argumental, es inevitable que el ritmo decaiga en ocasiones, pero con todo, el film es un remanso de paz, una delicia casi invisiblemente romántica.

Con un final que todos esperamos, pero al que tanto cuesta llegar a los futuros novios que aún no saben que lo serán, Las acacias es una hermosa muestra de un cine que no necesita grandes presupuestos, ni elaborados decorados, ni estrellas, ni siquiera actores secundarios (los escasos que hay resultan ser poco más que figurantes), ni, desde luego, efecto especial o digital alguno: solo dos intérpretes (y una deliciosa mocosa de cinco meses, sí…), un camión, a veces un paisaje natural: la vida misma, tan callada.

Gran trabajo, desde el interior, de Germán de Silva, un bragado actor argentino de ya larga carrera, pero también de una Hebe Duarte en su debut en el cine, con tan buena fortuna que posteriormente ha intervenido en varias películas más.


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82'

Año de producción

Las acacias - by , Feb 03, 2018
3 / 5 stars
La vida misma, tan callada