C R I T I C A L I A C L Á S I C O S
El personaje de Cabiria es el de una mujer pobre, infeliz, toda una profesional de las calles de Roma que, a pesar de sus muchos contactos con hombres sin escrúpulos, no deja de ser una incorregible optimista, con un gran corazón de oro que, a pesar de todo, aún sueña con poder llegar a encontrar un hombre que la quiera de verdad, a pesar de su amplio caudal de dramáticos sentimientos. Fellini no quiere resolver el problema, sino plantearlo, para que los espectadores saquen sus conclusiones
Una vez más, sus fantasías están a punto de hacerse realidad, pero es humillada por un hombre que la ha tirado al río, luego por un célebre actor cinematográfico y, finalmente, por un simple empleado, que ella creía que estaba enamorado y que sin embargo acaba por robarle todo cuanto tiene y termina abandonándola, con lo que, una vez más, esta relación tiene un abrupto y no deseado final.
Federico Fellini describe a su humilde prostituta con la nobleza quijotesca de la persona que pervive en medio de los egoísmos de la sociedad. Ahí radica, probablemente, la ejemplaridad de este personaje, no realista, sino inventado, dentro de una historia real. La ideología de este director italiano, inmersa en el misterio, la predestinación y la Gracia, encuentran campo abonado aquí en esta figura que es todo un símbolo.
Tal vez sea esta película en la que se revelan con mayor claridad los dos polos del trabajo del gran realizador italiano. En este caso ha sido Fellini, atraído por la aportación del guionista Ennio Flaiano, de tendencia más realista, y de Tulio Pinelli, que le lleva hacia unas zonas irracionales de un catolicismo que, por otra parte, no deja de ser inconformista en algunos aspectos.
Las noches de Cabiria (1957) es uno de los films más interesantes y logrados de la época del movimiento neorrealista del gran Federico Fellini, con una excelente interpretación que lleva a cabo su esposa Giulietta Masina, así como del resto del popular reparto. Todo ello está adornado con la magnífica partitura musical compuesta por el gran Nino Rota y la estupenda fotografía de Aldo Tonti, de perfectos claroscuros.
Ganó el Oscar a la mejor película extranjera, a pesar de que el año anterior lo había obtenido La Strada (1954), también de Federico Fellini. Premio a la mejor actriz y mención especial en el premio de la OCIC en el Festival de Cine de Cannes. Premio del CEC a la mejor cinta extranjera. David de Donatello a la producción y a la dirección. Premio a la producción, dirección y a las actrices Giulietta Masina y Franca Marzi del Sindicato de Periodistas Italianos. Premio Zulueta en el Festival de San Sebastián a Giulietta Masina. Premio Don Bosco de Plata a Federico Fellini en la Seminci de Valladolid. Premio Sant Jordi a la película, dirección, guion y Giulietta Masina. Premio Golden Goblets italiano para Giulietta Massina.
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