Película: Léolo Hay películas que llegan al corazón: son casi siempre románticas, o sentimentales, o melodramáticas; van directamente a ese extraño órgano que nos mantiene con vida. Otras se dirigen al cerebro; son las que apelan al raciocinio para exponer sus tesis: políticas, sociales, sociológicas. Incluso las hay que se dirigen a la entrepierna, procurando alegrar las pajarillas a los espectadores.
Pero "Léolo" pertenece a la rara estirpe de las películas que se dirigen directamente a nuestras vísceras y, no contenta con metérsenos tan dentro, nos vacia literalmente de nuestros más oscuros órganos. Esta obra de Jean-Claude Lauzon es como un purgante, algo que nos remueve la sentina para abandonarnos después vacíos como una cáscara de nuez, como si hubiéramos tragado uno de los amargos laxantes que el padre de Léolo obliga a tomar a toda la familia. Doce años en la vida de un niño inmerso en una familia donde la locura cotidiana ha tomado carta de naturaleza. Una vida oscura en un arrabal de Montreal, en el irredento Canadá francés, en una casa donde paisaje y paisanaje van de consuno. En el primero, un hogar sucio y dejado de la mano de Dios. En el segundo, un abuelo permanentemente enganchado a la italianita que ilumina la vida de Léolo; un padre que trabaja de IBM (ya saben: y veme por esto, y veme por lo otro...) en la acería local; una madre enorme en su matriarcado, único oasis en un grupo de locura; un hermano que quiere suplir con músculos en el cuerpo la carencia de ellos en el cerebro; una hermana, gruesa y esquizofrénica, una mole condenada al letargo de por vida; y Léolo...
Léolo, que tiene una rara sensibilidad, una excepcional percepción para conocer a qué clase de mundo ha ido a parar, y que escribe, escribe como si fuera lo único, lo último que puede hacer antes de que la locura se cebe también en él. "Porque sueño, yo no lo estoy (loco)", repite, una y otra vez, el niño que vive para la secreta esperanza de salir de un universo enfermo y patético. Y sale uno del cine sintiéndose vacío, como si lo hubieran eviscerado sin dolor, sin darse cuenta siquiera, con un gusto amargo en la boca, como si hubiera apurado hasta las heces un cáliz de ajenjo. El tema de "Léolo" es la imposibilidad de huir de la vida, una historia casi determinista, un puñetazo de plano en pleno plexo solar que no da plazo al resuello. En una sola palabra: fascinante

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101'

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Léolo - by , Jun 05, 2001
5 / 5 stars
Teoría de la evisceración