Pelicula:

Los siete samuráis supuso en su momento el descubrimiento en Occidente a gran escala del cine que se hacía en Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Aunque ya Yasujirô Ozu y Kenji Mizoguchi habían llamado poderosamente la atención en las décadas de los cuarenta y cincuenta, el “boom” del cine japonés en Europa y Estados Unidos se produce realmente a partir del estreno del film de Akira Kurosawa, que gana el León de Plata en Venecia y es nominado a dos Oscars de Hollywood. La película gozó de gran predicamento en todo el mundo, con toda justicia, y tuvo notable influencia en el cine de la época, propiciando incluso algunos libérrimos remakes tan célebres como el western clásico Los siete magníficos (1960), de John Sturges.

La historia se ambienta en el Japón imperial. En ese contexto, una pequeña aldea recibe la visita de un grupo de 40 bandidos que comunica a los aldeanos que cuando recolecten la nueva cosecha irán a visitarlos para que se la entreguen, so pena de arrasar la población y matarlos a todos. Los lugareños, desesperados, deciden contratar a un grupo de samuráis para que los defiendan. La búsqueda no resulta fácil, porque ese tipo de legendarios guerreros son muy altivos y no consienten, por lo general, luchar por comida, que es lo único que les pueden ofrecer los campesinos. Por fin, a trancas y barrancas, se consigue reclutar un pequeño grupo de siete samuráis, que habrán no solo de preparar a los aldeanos para el asedio de los bandidos, sino también lidiar con los recelos de estos, en especial con los que tienen hijas casaderas, conocedores de la fama de seductores que tienen los afamados guerreros...

Los siete samuráis es, quizá, uno de los ejemplos más claros de cine que mezcla sabiamente, en un compendio admirable, espectacularidad y profundidad. Con una elegantísima filmación, marca de la casa (Kurosawa fue uno de los más finos estilistas que haya dado el cine), llama la atención por la magnífica composición del cuadro, siempre la correcta, la  más hermosa, pero también la más idónea para lo que se quiere contar o transmitir; pero también por el gusto por el encuadre exquisito, con un realismo tenebrista y deliberadamente feísta. Con una notable, inteligentísima utilización dramática de la profundidad de campo, Kurosawa utilizará aquí las fuerzas de la Naturaleza, como ya haría en otras de sus pelis, como un elemento dramático más: fuego, tierra, agua y viento serán, entonces, personajes adicionales a los que tienen carne y sangre, tendrán una importancia esencial en el desarrollo de la trama y, sobre todo, en la composición fílmica. Con un matizada fotografía en blanco y negro, con reminiscencias expresionistas, la película tiene, pese a su muy largo metraje (más de tres horas en la versión extendida), un impecable ritmo narrativo, con magnificas escenas de acción, adelantándose a las que vendrían años más tarde, verosímiles, vibrantemente filmadas, con una inusitada fuerza.

Todo ello en cuanto a la forma; por lo que respecta al fondo, Los siete samuráis es un prodigio de temas, todos ellos tratados con profundidad, humanidad, sabiduría: la indefensión del desvalido ante el poderoso y desalmado, el consecuente deber de evitarlo para quien tiene medios para ello, pero también el egoísmo y la falta de empatía que con frecuencia aqueja a quienes deberían agradecer el generoso esfuerzo, pagado en sangre, que hacen otros sin exigir riquezas; el director, tan comprensivo con la debilidad humana, contrapesará todo ello con el miedo inherente a las vidas de los aldeanos, pegado a sus cuerpos como una segunda piel, temerosos los campesinos de todo, incluso de los que van a protegerles.

Habrá tiempo también para reflexionar sobre la vida y su fugacidad, pero también sobre la fogosidad temeraria de la inexperiencia y cómo la madurez trae la flaqueza de fuerza, pero también la sapiencia de la pericia. Habrá también una cerrada defensa de la juventud y de la necesidad de tratarla como adultos, no como niños. El amor y su consumación hacen también su aparición, como consecuencia lógica de las revueltas hormonas juveniles y de la previsible matanza de todos, aldeanos y protectores, un intenso impulso emocional que tal vez no tenga continuidad.

Kurosawa deja pronto claro que sus samuráis están lejos de ser superhombres: cada uno de ellos es un mundo, tiene una personalidad distinta, todos también tienen un pasado, no precisamente feliz, en especial el samurái falso, interpretado por el gran Toshirô Mifune, el campesino que quiso ser lo que no era, precisamente como reacción a un duro trauma en su infancia. Todos ellos se saben también perdedores, como afirma el jefe del grupo hacia el final, incluso cuando supuestamente ganan: la gloria la disfrutarán otros, a los que protegieron: ellos habrán pagado con la vida de varios de los suyos el caro tributo de proteger al más débil. La última batalla, bajo una incesante, inclemente lluvia, compendia los aciertos de esta obra mayor, con un prodigioso montaje y una espléndida puesta en escena.

En la interpretación brillan sobre todo dos nombres: Mifune, ya mencionado, uno de los actores predilectos de Kurosawa, juega en la  película el equivalente al papel del bufón de la Commedia dell’Arte: fanfarrón, bocazas, siempre a punto para gastar una broma, oculta sin embargo tras toda esa guasa un grave drama vital  en su niñez, que lo convirtió en el ser roto que intenta acobijarse dentro del grupo de los samuráis en los que ve la posibilidad de encontrar algo parecido a la familia que una vez tuvo. El personaje de Mifune será también, a su manera, el representante del pueblo en armas entre los siete samuráis.

Por su parte, Takashi Shimura, también otro de los actores favoritos de Kurosawa, será el epítome del samurái en su más noble faceta: generoso, siempre atento a la defensa del desvalido, es también el hombre sabio que conoce las debilidades del ser humano, pero también la inmensa maldad de la que es capaz; inteligente, buen estratega bélico, afronta siempre sus retos desde la magnanimidad de quien lo ha visto todo, lo ha conocido todo, lo ha sufrido todo.

(14-10-2020)


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200'

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Los siete samuráis - by , Oct 14, 2020
5 / 5 stars
La eclosión del gran cine japonés de postguerra