Película: Mary y la flor de la bruja

Tras el cierre (efímero, afortunadamente: en 2017 abrieron nuevamente sus puertas) de Studio Ghibli, la más potente e interesante productora de cine de animación japonesa, otros estudios retomaron la antorcha que parecía (ya vemos que no) perdida. Uno de ellos es Studio Ponoc, cuyo primer largometraje es precisamente este delicioso Mary y la flor de la bruja.

De su todavía relativamente joven director (45 años cuando se escriben estas líneas), Hiromasa Yonebayashi, habíamos visto El recuerdo de Marnie (2014), bellísima historia preñada de melancolía y nostalgia. Ahora, dentro del nuevo Studio Ponoc, Hiromasa nos obsequia con otro film también notable, aunque hay que reconocer que no alcanza la altura prodigiosa de su anterior empeño. Pero ello no supone que esta Mary y la flor de la bruja no sea una bellísima película, aunque su tono sea distinto y su calidad algo inferior.

Sobre la novela infantil The Little broomstick (La pequeña escoba), publicada en 1971 por la escritora escocesa Mary Stewart, el director japonés nos cuenta la historia de una niña pelirroja, Mary, que espera a sus padres en la casa de su tía abuela Charlotte. La familia se va a mudar al campo, por razones que no se nos revelan, pero la pequeña Mary, entre tanto, se aburre soberanamente sin las diversiones digitales habituales y en una casa habitada por ancianos. Conoce a un niño de su edad, Peter, pero el primer encuentro no es precisamente agradable...

Lo más llamativo de Mary y la flor de la bruja quizá sea el enorme número de referencias cultistas que contiene; por ejemplo, es evidente la influencia de los clásicos de Lewis Carroll Alicia en el país de las maravillas y su continuación, A través del espejo, pero también de temas bíblicos como el arca de Noé, o del clásico de H.G. Wells La isla del doctor Moreau. Incluso se pueden rastrear alusiones a temas de la mitología griega, como  la caja de Pandora, o de la escandinava, como el Kraken.

Pero todas esas referencias, y otras quizá no tan obvias, no están metidas con calzador, sino que conforman el film sin resultar una taracea heterogénea; en el fondo, Mary y la flor de la bruja no deja de ser un relato de iniciación, de paso de la infancia a la edad adulta, esa infancia donde la magia es posible, pero que habrá que abandonar cuando llegue el momento de adoptar los patrones, los cánones, las pautas de los mayores. Con elementos protagónicos tradicionalmente asociados a la mala suerte, cuando no directamente considerados atributos demoníacos, como el color pelirrojo de Mary o el negro del pelaje de su gato Tib, la película japonesa es también en ese sentido una llamada a la normalización de esas personas y animales a las que una todavía numerosa grey de escasa formación mira con malos ojos.

Formalmente, Mary y la flor de la bruja comparte el antropomorfismo habitual característico del anime adulto japonés, y sus paisajes son hermosos espacios campestres y fantásticos universos donde la magia, buena o mala, es posible, con una variada paleta de colores donde el celeste se asocia a la brujería positiva y los torvos grises a la negativa, con unos seres polimorfos, capaces de metamorfosearse en una especie de delfines voladores de aviesas intenciones, que son uno de los hallazgos de la película.


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103'

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Mary y la flor de la bruja - by , Sep 09, 2018
3 / 5 stars
Trufada de referencias cultistas