En 2017, el estreno de It , primera parte del díptico que se completó dos años después con It. Capítulo 2, conformando en su conjunto la adaptación al cine de la novela It (Eso), de Stephen King, puso de nuevo de moda la narrativa kingiana en el cine. Las poderosas razones que llevaron a ello fueron que, entre ambas partes, recaudaron en todo el mundo la bonita cifra de 1.177 millones de dólares, multiplicando con ello por más de diez el presupuesto global de ambas mitades, 105 millones (fuente de todas las cifras: The-numbers.com). Eso para el cine norteamericano (bueno, en puridad para cualquier industria cinematográfica) es un efecto llamada como un castillo, y, efectivamente, a partir de entonces menudearon las adaptaciones de novelas y relatos de King, como si bastara el nombre del (por lo demás) archiconocido escritor para que esas versiones también hicieran recaudaciones estratosféricas.
Esa fue, probablemente, la razón por la que Netflix compró los derechos de esta versión, para estrenarla directamente en su plataforma. El resultado, lo diremos pronto, no es deleznable, pero tampoco es que sea para tirar cohetes… La narración original, igualmente titulada 1922, apareció originalmente en 2010 en el volumen Todo oscuro, sin estrellas, compuesto por cuatro novelas cortas. La trama del film sigue bastante de cerca la del texto original: al principio de la película vemos a un hombre que llega a una habitación de hotel, donde empieza a escribir su confesión. Nos cuenta entonces que la culpa del crimen fueron los 40 acres que heredó su mujer. El hombre se llama Wilfred y en 1922 estaba casado con Arlette; ambos tenían un hijo adolescente, Henry, y vivían una pequeña propiedad rural de Nebraska. A su mujer no le gustaba el campo, así que al recibir la herencia de las tierras quiso venderlas y mudarse a la ciudad; pero el marido y el hijo (al que el padre malmete contra su madre) no estaban por la labor. El marido, que no quiere dejar su modo de vida campesina, quiere comprarle las tierras a la mujer, pero a plazos; ella le propone venderlo todo, dividirse el dinero y divorciarse... eso sí, se quedaría con el chico; esto último supone un fuerte motivo de disputa. Manfred pide tiempo para pensarlo, pero en su mente empiezan a surgir pensamientos homicidas...
Zak Hilditch (Perth, Australia, 1985), el guionista y director del film, empezó a dirigir a principios del siglo XXI, siendo los géneros que cultivó mayormente la comedia y la ciencia ficción. Curiosamente, emigrado a Estados Unidos, su carrera en el país del Tío Sam se ha encarrilado de forma total hacia el cine de terror, con pelis claramente incardinadas en este género, como esta 1922 y las posteriores Serpiente de cascabel y We bury the dead, así que parece haber encontrado su vocación…
La película (como la novela corta de King) parece entremezclar el clásico universal de la culpa, obviamente el Crimen y castigo de Dostoievski, con su atormentado protagonista Raskolnikov, con la América profunda, que a principios de la década de los años veinte del siglo XX debía ser más profunda todavía… La historia, la del alevoso asesinato de la esposa del protagonista, para lo que éste manipuló al hijo para que lo ayudara, y todo eso por una cuestión económica, es lo suficientemente ruin y canallesca para que Manfred se sienta asediado por sus fantasmas, que, estando de por medio King, evidentemente no llevan una sábana blanca por encima…
Eso sí, en la película están, otra vez, y de forma excesivamente reiterada, esos maizales que parecen consustanciales a buena parte de la obra cinematográfica hecha sobre la narrativa kingiana, usando y abusando de esas grandes extensiones sembradas de matas verdes con sus mazorcas amarillas, buscando quizá prefigurar un terror ancestral que se ocultara entre las tupidas hileras de la planta, pero de una forma tan obvia que resulta ser más un subrayado que un elemento sutil que propenda a hacer sentir terror al espectador. Hay también un uso excesivo de la música para intentar provocar el miedo que no siempre se consigue con la mera imagen y con la historia que se nos cuenta, intentando suplir con la banda sonora lo que no se obtiene por otros medios más cinematográficos.
Así las cosas, nos parece que la película es poco exquisita, aunque intenta parecerlo, si bien es cierto que el film está hecho con corrección y, al menos, no incide en los odiosos sustitos que tan lamentablemente pueblan buena parte del cine de terror de nuestro tiempo. En este sentido se puede decir que la peli busca una cierta atmósfera de terror ancestral, como telúrico, pero no siempre lo consigue. Se juega también la carta del asco, es cierto, pero de una forma relativamente moderada, lo que tanto le agradecemos…
Tiene la película también algún excurso que ya existía en la novela de King, un excurso que podríamos llamar “en la estela de Bonnie & Clyde”, con la fuga que protagoniza el hijo adolescente y su novia cuando escapan para no dar en adopción el niño que ella espera, convirtiéndose en una pareja de atracadores que, como cabía esperar, terminaron fatal, como aquella famosa pareja de gángsters, en una subtrama que no está claro si realmente convenía a la historia principal o era una forma de alargar la trama que, sin ella, hubiera sido más bien un relato que una novela corta.
En definitiva, nos parece que 1922, versión de la obra homónima de Stephen King, es una intriga, resultona aunque no especialmente interesante, sobre el remordimiento, sobre el peso de la culpa, y también sobre la tremenda maldición que, fatalmente, caerá sobre los perpetradores de los aberrantes actos cometidos.
Buen trabajo interpretativo en general, destacando sobre todos el protagonista, Thomas Jane, actor que de joven iba de guaperas pero era bastante “palo”, y al que la edad le ha sentado bien, siendo ahora su trabajo mucho más interesante, en un personaje ciertamente complicado pero también, en el fondo, un bombón de papel.
(13/04/2026)
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