Película: Monty Walsh El western ha nacido del encuentro de una mitología con un medio de expresión (Bazin dixit). Westerns de buenos y malos, racistas y proindios, colectivos o intimistas, psicólogicos, etc., le han servido al cine americano para narrar unas veces su historia, las más su leyenda, quizás siempre su epopeya. Ahora se habla de decadencia del género, de su evolución o adulteración, pero no de su muerte; y es que cada año Hollywood nos sorprende con films que, o bien mantienen la línea tradicional, o si se apartan de ella, consiguen aportar nuevas significaciones al género.

Monty Walsh es la primera obra de un realizador llamado William A. Fraker. Graduado en la Escuela Cinematográfica de la Universidad de California, inició sus actividades en el mundo del cine como foto-fija, pasando posteriormente a ser montador y realizador de comerciales; durante seis años fue asistente de cameraman hasta conseguir el puesto de operador; entre otras, es el autor de la fotografía de La semilla del diablo (Polanski), Bullitt (Yates) y La leyenda de la ciudad sin nombre (Logan).

Antes que interesarnos por cuestiones estilísticas o plásticas, creemos que la originalidad del film reside en su problemática: testimonia sobre una situación histórica, prefiere la realidad a la leyenda y, al tiempo, desmitifica a su protagonista. El momento  histórico elegido es 1900, cuando la colonización pasa a llamarse “industrialización”, el dinero “capital” y el patrón se convierte en la “compañía”; las consecuencias se harán sentir sobre una tierra transformada y unos ranchos que dejarán de serlo. El cowboy no será una excepción porque se verá modificada sustancialmente una forma de vida --la que siempre llevó--; por ser el elemento más débil de un estrato social será quien más tenga que perder; la nueva situación le hará cambiar de mentalidad y de costumbres y, en consecuencia, tendrá que plantearse nuevas formas de subsistencia; el desempleo que se origina lo convierte en mano de obra devaluada y, ante otro trabajo posible, se muestra incompetente dado que sólo sabe aquello que se pueda hacer montado sobre un caballo.

El filme presenta tres soluciones: la delincuencia (compañeros de Monty que han sido despedidos: Shorty, Sugar, Jaskin), el desclasamiento (integrarse en otro compartimento social utilizando un método fácil, caso de Cret), o seguir siendo vaquero (caso de Monty). En el primer caso, las motivaciones se encuentran justificadas porque una situación obliga a un comportamiento; la violencia no es gratuita, sino producto de una necesidad; en el segundo, Chet es la representación de un oportunismo que ataja por un matrimonio de ocasión con evidentes ventajas económicas, porque piensa que no hay por qué ser vaquero eternamente, y así pasará de célibe a consorte, de cowboy a ciudadano.

El caso de Monty contrasta fuertemente con el anterior: no plantea el matrimonio como una solución económica; lo intenta por amor (en la persona de la prostituta francesa –modificando, respecto al western clásico, el mito de la joven pura-- que esperó encontrar un Oeste esplendoroso y se lo encuentra sin fuerza); amor y trabajo irán uno en función de otro: si el vaquero no se casa, a no ser que deje de ser vaquero, habrá de buscar nuevo trabajo; pero el que se le ofrece –números de circo-- le parece a Monty una caricatura de sí mismo y, pudiendo ser una solución, la desecha porque la dignidad del cowboy está por encima de ello; responde con la ética del buen profesional, el estoicismo como actitud ante las circunstancias.

El tema central está rodeado por el sentimiento y la nostalgia de un pasado grandioso, irrecuperable que, sublimado por la fantasía, contrasta vivamente con el duro presente: la consecuencia es que el pasado se viva en presente y éste en aquél; no sin razón, para el vaquero, cualquier tiempo pasado fue mejor, porque frente a ranchos escuálidos y praderas inhóspitas, el “Slash Y” se recordará como un paraíso perdido cuya clase de vida ya no existe. En contrapunto, la canción interpretada por Mama Cass como un desgarro, nos dice que “los buenos tiempos han llegado”. Joe, una vieja gloria del ejército, el que más vive el presente en continuo pasado, encuentra la muerte cuando el presente-realidad se vuelve contra él; la pelea entre compañeros tiene un tono fraternal y, perdido el motivo de la disparidad de criterios, queda ésta como un revivir tiempos mejores; Monty se empeña en montar el caballo –el único símbolo que el film mantiene— y  conseguir domarlo, por más que ello no sea otra cosa que conceder valor a lo que ya no lo tiene.

Como el film carece de héroe –o mejor, está desmitificado--, creo perjudicial el haber puesto en el reparto a grandes figuras; con actores desconocidos, esos cowboys hubieran resultado más anónimos, lo que beneficiaría el resultado final; pero éste es el tributo que el film, como arte, paga al cine como industria. Fraker, en la planificación, ha sabido cuidarlo, al menos en las partes en que ha podido desligarse del guión.

El film termina en ritornello; pero ahora, en su plano último, Monty está solo. Su fantasía seguirá haciendo más grande la leyenda del estrangulador de lobos; quizás así se fabrique un mito que buscará hacerse arte a través de un medio de expresión.

(Este comentario crítico se publicó en El Correo de Andalucía el 16 de Septiembre de 1971).


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106'

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Monty Walsh - by , Jan 01, 2013
4 / 5 stars
El desempleo en el Oeste