Pelicula:

Los best sellers son, a qué dudarlo, un interesante venero para el cine. Tienen ya parte del camino recorrido, al ser historias conocidas por el público, que puede tener interés en verlas en pantalla, o, si no las conoce, les suena porque son títulos muy populares. Palmeras en la nieve es una novela publicada en 2012 por la escritora y profesora universitaria oscense Luz Gabás, que debutó en la narrativa con esta obra. La novela tuvo un más que apreciable éxito de ventas, constituyéndose en uno de los títulos de mayor relieve popular de aquel año.

Fernando González Molina, que venía de versionar, con éxito de público, dos de las novelas de Federico Moccia sobre amores adolescentes, Tres metros sobre el cielo (2010) y Tengo ganas de ti (2012), se encargó de poner en imágenes la historia de la familia Rabaltué, en dos tiempos históricos distintos: por una parte, en la Guinea Española de los años cincuenta, a donde llega el veinteañero Killian a trabajar en la plantación de cacao que posee su familia en la colonia africana. Allí, y aunque en principio participa de la general desconsideración de los blancos hacia los indígenas negros, pronto irá evolucionando en su postura cuando se enamora de una chica negra, Bisila; por otra parte, el otro tiempo histórico se sitúa a principios del siglo XXI, con la sobrina de Killian, Clarence, que decide viajar al ahora estado independiente Guinea Ecuatorial (regido con férrea mano militar, como es sabido, por el presidente Teodoro Obiang Ngema, desde finales de los años setenta), intrigada por un viejo papel que encuentra entre las pertenencias de Killian, que sugiere que en el torturado país africano viven personas muy queridas por él, a las que proveyó a lo largo de decenios de recursos económicos para que pudieran vivir holgadamente...

Palmeras en la nieve, como película, se planteó como una gran superproducción (a escala española, se entiende), con rodaje en exteriores en Colombia y Canarias, que recrearon la Guinea de los años cincuenta y sesenta, y Huesca, la otra zona en la que se ambienta la película. Con un presupuesto de 10 millones de euros, bastante superior al estándar para una producción española, y con el respaldo del poderoso grupo audiovisual Atresmedia, la película se ve costeada y de generosos recursos económicos y técnicos. También es cierto que, como suele pasar en estos grandes proyectos cinematográficos, al menos en su primera parte la producción se come al arte, y la historia se va desgranando con cierta pesadez y más bien acartonamiento. Menos mal que, a partir del ecuador del film, cuando la relación entre Killian y Bisila cuaja, la historia toma cuerpo, se hace autónoma y ya corre sola en el trágico drama que finalmente es, la vida de un hombre y una mujer separados por decisiones políticas que les impedirán la existencia en común que habían imaginado, que habían deseado.

Tiene la película Palmeras en la nieve (también, por supuesto, la novela que la provee de su argumento) la novedad de contar una historia ambientada en un paisaje geográfico e histórico escasamente hollado por el cine español, el de sus colonias hasta los años cincuenta y sesenta en las que todas alcanzarían, una tras otra, la independencia política de la metrópoli; a bote pronto, solo recordamos un título significativo del cine español de la democracia, Lejos de África (1996), de Cecilia Bartolomé, también ambientado en esta misma colonia de Guinea Española, después Guinea Ecuatorial, aunque es cierto que durante el franquismo se hicieron otras películas allí ubicadas, como la interesante Piedra de toque (1963), de Julio Buchs, o la curiosa y muy vintage A dos grados del ecuador (1953), de Ángel Vilches. Es evidente que ahí hay un filón que el cine español haría bien en explotar, máxime cuando, como en este caso, con una recaudación en España en torno a los 17 millones de dólares, se confirma que existe interés en el público por esta temática.

Irregular entonces, Palmeras en la nieve confirma de todas formas el buen nivel profesional del cine español, capaz de montar proyectos importantes como este, con varias líneas argumentales, rodajes en lugares exóticos, gran cantidad de extras, y que el conjunto resulte razonablemente armónico y, desde luego, con buena factura.

Mario Casas sigue con sus problemas de dicción, que hacen que a ratos sus diálogos resulten ininteligibles. Del resto nos quedamos con la naturalidad de Berta Vázquez, estupenda como siempre, creíble como siempre, y con la profesionalidad de veteranos como Emilio Gutiérrez Caba.


(22-09-2019)


 


Palmeras en la nieve - by , Sep 22, 2019
2 / 5 stars
Un filón por explotar