Pelicula:

Esta película forma parte de la Sección Historias Extraordinarias del 19 Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF).

En 2018 cinco directores japoneses rodaron una película de episodios titulada Jû-nen: Ten Years Japan, en la que cada uno de ellos imaginaba cómo sería el Japón de diez años después; uno de esos segmentos se tituló Plan 75, y en él la directora Chie Hayakawa planteaba la posibilidad de que en ese futuro relativamente cercano el gobierno japonés, ante el gran envejecimiento de la ciudadanía del país (Japón es el país más viejo del mundo), lanzara un programa titulado Plan 75, que incentivaba el suicidio asistido, una especie de acto  patriótico para que los mayores dejaran sitio para los más jóvenes.

Sobre ese episodio, Hayakawa ha filmado ahora este largometraje, también titulado Plan 75, desarrollando una historia que, evidentemente, tenía muchas posibilidades, y lo cierto es que nos parece que el resultado ha sido muy positivo. La historia, como decimos, se ambienta en un futuro indefinido pero que parece no ser muy lejano. El gobierno ha implementado ese Plan 75 que busca que los mayores de 75 años, voluntariamente, decidan poner fin a sus vidas, de forma regulada por la propia administración pública, quien además subvenciona a esos voluntarios con una cierta cantidad de dinero para que, antes de morir, puedan cumplir sus caprichos...

La película se centra fundamentalmente en tres personajes: Michi, una mujer de 78 años que sigue trabajando porque no puede jubilarse; las amigas de su edad se han unido al Plan 75, con lo que Michi, que no quiere hacerlo, se queda sola y sin trabajo, no encontrando quien la contrate ya por su edad; Hiromu es un joven treintañero que se desempeña como agente contratador del Plan 75, tarea en la que resulta muy eficiente, hasta que un día uno de sus tíos, con el que tenía poca relación familiar, firma para adherirse al Plan 75, y ello le cambia los esquemas; Maria, por su parte, es una joven madre filipina que ha emigrado a Japón para intentar conseguir dinero para que su hija de cinco años pueda ser operada de una grave cardiopatía, y cuando le ofrecen trabajar en Plan 75 como asistente en los suicidios y la posterior retirada y clasificación de los efectos personales de los suicidados, no lo duda.

Todos ellos experimentaran una evolución, una forma de enfrentarse desde sus respectivas posiciones a un programa estatal como éste: la mujer mayor, casi compelida por las circunstancias, sin trabajo, sin amigas, sin nada a lo que asirse en la vida; el joven comercial, tocado por el nexo familiar de quien apenas sabe nada, pero al que no quiere renunciar al ser sangre de su sangre; la mujer filipina, que, llegado el caso, sabrá de qué parte está cuando tiene que arriesgarse a perderlo todo para hacer lo correcto.

Obra durísima por su contenido, aun siendo tan recatada en la exposición del tema, en el que no hay prácticamente planos explícitos sobre los suicidios, salvo una escena que, literalmente, deja groggy, a pesar de su extremo pudor, Plan 75 nos habla de hasta qué punto un estado, cualquier estado, puede llegar a coaccionar sutilmente a sus ciudadanos para que abandonen este mundo cuando les estorban. La directora se muestra como una cineasta gozosamente heredera de maestros de la sutileza de su país como Ozu y Mizoguchi, sin subrayados, con una exquisita demostración de que los detalles, los matices, son mucho más cinematográficos, mucho más artísticos, que cualquier otro tipo de expresiones grandilocuentes.

Llena de buenas ideas visuales, nadie diría que estamos ante la obra de una cineasta de escasa carrera, apenas un par de cortos y el segmento del film colectivo antes citado, germen de esta durísima obra sobre cómo una sociedad puede llegar a la atrocidad de incentivar la muerte de aquellos que les sobran, de aquellos que ya no pueden rendir como los jóvenes, de aquellos que, debidamente exprimidos laboralmente, ya no interesa mantener con vida.

Gran trabajo actoral de los tres protagonistas, en especial de la anciana Chieko Baishô, formidable en su papel, que ella desgrana desde la mirada, desde los silencios que hablan por sí solos; también notable el joven Hayato Isomura, cuya metamorfosis resulta creíble y veraz; la actriz filipina (aunque afincada en Japón) Stefanie Arianne también resulta convincente en su papel.

La película es la candidata de Japón para los Oscars de 2023, y ciertamente no nos sorprendería que fuera finalmente nominada.

(09-11-2022)


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112'

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Plan 75 - by , Nov 09, 2022
4 / 5 stars
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