Película: Siempre vuelven de madrugada

El comediógrafo Miguel Mihura, una de las glorias del teatro de comedia del siglo XX español, tuvo una relación profesional muy intensa con su hermano, el director de cine Jerónimo. Ambos colaboraron hasta nueve veces, con Miguel en el guion y Jerónimo en la dirección. En contra de lo que pudiera suponerse, esas colaboraciones no supusieron en general adaptaciones de obras teatrales de Miguel, sino que casi siempre fueron historias originales de este, pero no llevadas a los escenarios, e incluso adaptaciones de otros autores. Curiosamente también, aunque abundaron, como era de prever, las comedias, también en esa colaboración hubo lugar para el drama, como en Vidas confusas (1949), e incluso para el thriller, como es el caso de este Siempre vuelven de madrugada, una extraña película en la que el asunto central del filme, sobre el que gira toda la historia, se nos escamotea por parte del guionista y director, para rodear de misterio las actitudes y acciones de los protagonistas.

Madrid, hacia finales de los años cuarenta. En una familia bien situada, el hijo es un “viva la vida”, un hombre que no termina de encontrar su sitio bajo el sol, dedicado al “dolce far niente”, con amigos de poco fiar. Uno de ellos, que acaba de cometer un atraco con asesinato, le propone comprarle el coche. A partir de ahí, y de cierto suceso que ocurre mientras están probando el vehículo, la vida del protagonista, pero también de su entorno, se verá seriamente perjudicada.

Los hermanos Mihura no eran expertos en el thriller, aunque es cierto que Miguel cultivó en sus comedias teatrales cierto acercamiento al género en clave de humor, en obras como El caso de la mujer asesinadita. Pero no es el caso de esta Siempre vuelven de madrugada, thriller muy dramático que pone en solfa la vida de los “ninis” de la época, “ninis” que, eso sí, tenían el apoyo de papá, sus dineros, su posición y sus relaciones. Duro alegato contra este tipo de gente, la redención que se  muestra, vía regreso al bucólico campo de nuestros ancestros, se revela con el tiempo ciertamente peculiar, cuando no anacrónico.

Siempre vuelven de madrugada resulta ser, entonces, un interesante thriller en el que lo mejor es la sensación de desasosiego que produce ver las reacciones del protagonista cuando no sabemos aún qué ha sucedido para que actúe de esa forma. Jerónimo Mihura fue un cineasta con cierta tendencia al acartonamiento, y la teatralización, consustancial al tipo de literatura que escribía Miguel, tampoco ayudó mucho. No obstante, es un filme que no carece de interés, y su pintura de cierta clase social que hacía de la indolencia su forma de vida, es muy apreciable.

Julio Peña, que fue un actor un tanto limitado, más galán que actor, para entendernos, no estuvo mal, aunque quizá no era el intérprete ideal para el filme. De entre las actrices nos quedamos con una Margarita Andrey que confiere a su personaje la necesaria dosis de candidez y absoluta ingenuidad que la hacen adorable, como evidentemente buscaban los hermanos Mihura. Entre los secundarios destaca uno que, poco más tarde, estaría en algunas de las películas fundamentales del cine español de la época; hablamos, por supuesto, de José Isbert, inolvidable en Bienvenido Mr. Marshall (1953), Los jueves, milagro (1957), El cochecito (1960) y El verdugo (1963).


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87'

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Siempre vuelven de madrugada - by , Aug 23, 2017
2 / 5 stars
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