Película: Sólo el cielo lo sabe Douglas Sirk ha pasado a la historia como autor de un puñado de espléndidos melodramas, casi todas ellos rodados durante la década de los años cincuenta en Estados Unidos, donde emigró huyendo de la felonía nazi. Este "Solo el cielo lo sabe" es seguramente uno de los mejores, y también de los más sencillos en su planteamiento: viuda de mediana edad con hijos ya adultos, perteneciente a la clase alta, se enamora de su jardinero, un hombre más joven pero libre; ese amor será pronto interpretado erróneamente por la arrogante clase a la que pertenece la mujer, a la que el rechazo de sus hijos a su derecho a amar y ser feliz hará que rompa su relación.
Hermosa argumentalmente, en una postura que, para la época (estamos hablando de hace medio siglo, cuando el amor entre desiguales estaba muy mal visto, sobre todo si uno de los miembros de la pareja era de clase privilegiada) fue valiente, no sólo es ése su mérito: sobre todo, Sirk da un recital de significados a través de la iluminación. Así, la mujer enamorada aparecerá, en la plenitud de su amor por el joven jardinero, con el rostro permanentemente iluminado como si brillara con luz propia; sus hijos, sin embargo, incluso en las escenas que comparten con su madre, aparecen siempre con sombras en la cara, con colores diversos que cambian de tono y de forma, todo ello de manera natural, como reflejo teórico de la luz al atravesar cristales, pero en el fondo denotando la veleidad de sus posturas, lo caprichoso de sus intereses. Una paleta de luces al servicio de una historia: ¡qué moderno!

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85'

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Sólo el cielo lo sabe - by , Nov 29, 2004
4 / 5 stars
Amor entre desiguales