Película: Soylent Green. Cuando el destino nos alcance

El éxito de El planeta de los simios (1968), de Franklin J. Schaffner, propició, además de toda una serie de secuelas de aquel film, el surgimiento de una tendencia o corriente que planteaba historias distópicas, películas ambientadas generalmente en el futuro que preveían un porvenir no precisamente estupendo para la especie humana. Se hicieron entonces en esa línea films como El último hombre… vivo (1971), Zardoz (1974), Nueva York, año 2012 (1975), Rollerball (1975) y La fuga de Logan (1976), entre otros.

Soylent Green. Cuando el destino nos alcance pertenece a esta misma estirpe, la del que cine que intentaba dar aldabonazos para alertar a la Humanidad de los peligros que le esperaban. En este caso el tema recurrente será la destrucción del planeta por la industrialización y la consecuente superpoblación, que en el año 2022, cuando se data la historia que se nos cuenta, ha sido devastado hasta tal punto que los alimentos convencionales han sido sustituidos (salvo para la élite dirigente, como siempre…) por unas pastillas sintéticas que, supuestamente, tienen todos los componentes necesarios para (sobre)vivir. Solo en Nueva York viven hacinados 40 millones de personas. En ese contexto, un rico millonetis es asesinado en su privilegiado edificio supuestamente superseguro por el que parece un ladrón. El policía Thorn es encargado de investigar el caso; en el lugar del crimen se maravilla de los lujos que disfrutaba el viejo asesinado, como bourbon, ducha de agua caliente y una concubina a la que llaman “accesorio” (“furniture” en el original inglés), por formar parte del mobiliario (sic) de la lujuriante vivienda. Aparte de afanar algunas regalías impensables en su modesto hogar, el policía se da cuenta de que hay demasiados cabos sueltos en el caso y de que parece haber prisa por cerrarlo como un vulgar asesinato por robo a mano armada.

Soylent Green es ciertamente una película insólita. Sobre Make room, make room! (en España publicada como ¡Hagan sitio, hagan sitio!), la novela distópica del especialista en ciencia ficción Harry Harrison, Fleischer, que era un estupendo profesional, realiza una obra madura y adelantada a su tiempo, en la que Bien y Mal se dan la mano; así, el policía protagonista ya no será el incorruptible agente de la ley al que el cine y la televisión tenían acostumbrados hasta esa época, sino que, amparándose en su autoridad, “distrae” para su propio disfrute elementos propiedad del interfecto. La pintura del Nueva York del 2022 es desoladora, con gente paupérrima que duerme en cualquier sitio: en escaleras, en iglesias, en la propia calle, turbas deseosas de acceder al mísero comistrajo que suponen las pastillas sintéticas de Soylent, con los colores amarillo, rojo y el verde como novedad, supuestamente obtenidos del plancton marino.

El recuerdo de cómo era la Tierra cincuenta años atrás solo lo poseen los ancianos, como el viejo que convive con el policía protagonista, que tiene la función de “libro”, algo así como un documentalista especializado en aportar información en los casos investigados por el personaje central. Es curioso en ese sentido cómo, no existiendo en aquella época ni la más remota idea de internet, el personaje del viejo (espléndido Edward G. Robinson) es lo más parecido (por supuesto en modo analógico…) a esa hoy imprescindible herramienta cibernética, un buceador en los libros para encontrar los datos que ayuden a avanzar en los casos de su amigo.

Rodada con la profesionalidad habitual en el director de films tan eclécticos, diversos y magníficos como Los vikingos (1958), Viaje alucinante (1966), El estrangulador de Boston (1968) y Mr. Majestyk (1974), entre otros, Soylent Green cuenta, como es marca de la casa, con un ritmo narrativo que roza la perfección, y con una osadía argumental (la relación meramente carnal del protagonista con el “accesorio”, la mujer incluida en el mobiliario de la vivienda) ciertamente llamativa para su época. Además, conocedor Fleischer del momento histórico y las tendencias, utilizó varios actores negros, como Brock Peters, que aquí es el superior jerárquico del protagonista (otra audacia, en una época en la que los negros seguían siendo siempre los subalternos de los blancos), buscando atraer también a los públicos “coloured”, como hacían los productos del “blaxploitation” que en aquellos tiempos hacían furor.

Charlton Heston da vida al protagonista, en un personaje que, como queda dicho, varía apreciablemente con respecto a otros que había interpretado: aunque sigue siendo un hombre recto, sin embargo, cuando la tentación le llama, cae en el hurto desacomplejado de los bienes que no son suyos, fascinado por el lujo desconocido y por las pruebas fehacientes de que no siempre el mundo fue la basura que era en ese momento; su comportamiento ultraviolento con los testigos también confirma que aquí, Heston, el paradigma en los años sesenta y setenta del americano honrado a carta cabal, presentaba una evolución apreciable. Entre los secundarios citaremos a un Joseph Cotten que era gloria viva del cine USA, habiendo estado presente con un papel importante en la mismísima Ciudadano Kane y en otros films del primer Orson Welles, y, por supuesto, la venerable presencia del gran Edward G. Robinson, en su última interpretación para el cine antes de morir.


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97'

Año de producción

Soylent Green. Cuando el destino nos alcance - by , Jan 07, 2018
3 / 5 stars
40 millones, Nueva York, año 2022