La película se inicia con un prólogo en el que vemos a LeBron James cuando aún era un niño; está obsesionado con las maquinitas, con los videojuegos. La intervención de su entrenador será crucial para que deje esa afición y se pueda convertir en uno de los grandes. Ya de adulto, nos lo presentan como la gran estrella de la NBA que es. Lo vemos en su residencia, con sus dos hijos, uno adolescente y el otro todavía niño; LeBron es muy estricto con su hijo menor, porque ve que está reproduciendo su mismo esquema de falta de esfuerzo y afición a las maquinitas. El niño, llamado Dom, está desarrollando un videojuego de baloncesto; LeBron se interesa por el tema, intentando ejercer de padre... Por otro lado, un algoritmo de Warner Bros parece tomar conciencia de sí mismo; concibe entonces la idea de escanear a LeBron James para tenerlo en sus ordenadores, pero el famoso jugador rechaza la idea, cosa que el algoritmo (que es una máquina, pero tiene reacciones muy humanas…) se lo toma pero que muy mal…
En 1996 la Warner produjo Space Jam, un film que combinaba animación con acción real, con el director de vídeos musicales Joe Pytka a los mandos y el baloncestista Michael Jordan como estrella. La película, en buena medida un vehículo para el lucimiento de Jordan, entonces todo un ídolo en la NBA, recaudó en todo el mundo 250 millones de dólares, con un presupuesto de 80 millones, así que cumplió razonablemente su propósito. Un cuarto de siglo más tarde, Warner repite la jugada con esta Space Jam: Nuevas leyendas, ahora con otro baloncestista mítico, LeBron James, que aún sigue en activo, a sus 41 años, cuando se escriben estas líneas, y en este caso con Malcolm D. Lee a los mandos. Esta vez, sin embargo, el resultado comercial ha distado de ser bueno, al costar la película 150 millones de dólares y alcanzar su recaudación mundial apenas los 163 millones (fuente de todos los datos: The-numbers.com), lo que hace sospechar que se tardará al menos otro cuarto de siglo para hacer una nueva entrega de esta franquicia tan poco fecunda…
El mensaje de la película, ciertamente, es muy elemental, muy básico, un leve contenido de autoayuda que recuerda que hay que superar las adversidades con esfuerzo y sacrificio, y también el socorrido mensaje del amor paterno-filial, que la verdad es que tampoco viene mal, tal y como están los tiempos…
Al margen de esos mensajes que parecen más de libros de Paulo Coelho, lo mejor de la película es, sin duda, la aparición de los Looney Tunes, los dibujos creados por la Warner que alcanzaron gran popularidad en la televisión de los años sesenta: Bugs Bunny (en España conocido entonces como “El conejo de la suerte”), Porky, El pato Lucas, Silvestre y Piolín, Speedy Gonzales, el Correcaminos y el Coyote… personajes que confieren al film sus escenas más divertidas, transidas del típico humor “destroyer” de estos dibujos creados cuando lo políticamente correcto ni estaba ni se le esperaba… De hecho, aquí se “cortan” bastante, a pesar de lo cual resultan bastante divertidos, incluso transgresores.
También tiene su interés la aparición de otros personajes creados por la Warner, ya en el ámbito de la acción real, como Harry Potter, La Máscara, El Caminante Blanco de Juego de Tronos y el Pennywise de It, entre otros, todos ellos convertidos en dibujos animados para la película, en lo que supone todo un homenaje al universo de los personajes clásicos creados bajo la vitola de Warner Bros, una celebración del famoso sello a través de un siglo de películas, temas, géneros, referencias...
Nos parece bien también, por su capacidad para generar adrenalina, la secuencia final, en el decisivo partido en el que se enfrentan el equipo comandado por LeBron James y el del todopoderoso algoritmo, con un intrigante crescendo incluso con cuenta atrás a cámara lenta. Es interesante también la utilización del lenguaje de los videojuegos, algo que en cine no se consigue con frecuencia.
Hay también un villano cibernético, el algoritmo de marras (llamado no demasiado imaginativamente “AI G. Rhythm”, interpretado muy divertidamente por Don Cheadle) que ya está muy visto pero es muy recurrente, de nuevo el ser humano sospechando que, cuando las máquinas tomen conciencia de sí mismas, nos mandarán a paseo o nos esclavizaran, lo primero que se les ocurra...
Hay un cierto tono de locura que es quizá lo mejor de la peli, agradable por el humor de los Looney Tunes y por el reencuentro con aquellos adorables personajes de nuestra infancia. Eso sí, LeBron James es tan fantástico jugador de baloncesto como pésimo actor… y es que hasta los dibujos animados son más expresivos que él…
(16/08/2026)
115'