Enrique Colmena

Decíamos en el díptico 1616/2016: 400 AÑOS. Cervantes y Don Quijote über alles (pinchar para ver parte I y parte II) que las adaptaciones de la obra cervantina han sido, abrumadoramente y como cabía esperar, para El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, de todas las cinematografías, estilos, formatos y modalidades imaginables, y que el resto de su obra había sido representada en una pantalla de forma mucho más modesta. Números cantan: de 112 títulos censados en la IMDb (ya saben, la base de datos más importante del mundo del cine) sobre textos cervantinos, en torno a 85 están relacionados, inspirados o basados en la novela sobre Alonso Quijano, el lector de obras de caballería que perdió el seso y dio en creerse otro Amadís de Gaula. El resto de títulos censados, poco más de 20, se reparten entre otras obras cervantinas. A ellas nos referiremos hoy, al Cervantes “off” Quijote.

La primera de la que hay noticia es El curioso impertinente, sobre el relato homónimo original de Cervantes, rodada en 1908 por Narciso Cuyás, uno de los pioneros del cine catalán y español, responsable también de una versión de Don Quijote en ese mismo año, que ya comentamos en el díptico quijotesco. Aclaramos que, aunque la historia de El curioso impertinente está incluida en la primera parte del Quijote, la damos como obra “off” porque, en puridad, nada tiene que ver con las andanzas de Alonso Quijano y es una historia que cuenta el cura en la novela quijotesca pero tiene autonomía propia y podría haberse publicado perfectamente aparte.

Será también el cine catalán, para la productora Barcinógrafo, la que rodará en 1914 La gitanilla, sobre la Novela Ejemplar del mismo título, con dirección de Adrià Gual. La primera vez que el cine internacional se interesa por un título cervantino no quijotesco (o al menos con una huella cervantina) será en 1922, cuando la productora británica Alliance pone en imágenes The bohemian girl, una versión de la ópera del mismo título de Michael William Balfe, a su vez inspirada libremente en La gitanilla de Cervantes. Dirigía Harley Knoles, con dos figuras de la época como Gladys Cooper e Ivor Novello. Como curiosidad, en los títulos de crédito aparece, como ayudante de dirección, Josef Von Sternberg, que con el tiempo sería uno  de los directores más importantes del cine de los años treinta y cuarenta (puede verse esta película en YouTube pinchando aquí).

En 1924 será de nuevo La gitanilla la versionada, ahora por el cine francés, con el director André Hugon a los mandos. El cine español retoma al Cervantes no quijotesco en 1927 con La ilustre fregona, adaptación de la Novela Ejemplar homónima.

Una de las más curiosas versiones cervantinas ajenas al Quijote, aunque sea de forma sesgada y tangencial, será la que interpretaron en 1936 (la primera sonora, por tanto) Stan Laurel y Oliver Hardy, el Gordo y el Flaco, en Un par de gitanos, versión muy libre de la mentada ópera The bohemian girl, que ya sabemos está inspirada, también libérrimamente, en La gitanilla. Dirigieron James W. Horne y Charley Rogers, correspondiendo a la bella Thelma Todd el papel de la sandunguera cíngara, siendo su última película antes de morir en extrañas circunstancias (para ver esta película en YouTube pinche aquí).

El cine español vuelve de nuevo a La gitanilla con una versión, la primera de la etapa sonora de nuestra cinematografía sobre un texto cervantino no quijotesco. La dirigió Fernando Delgado, un histórico del cine español, un pionero que empezó a dirigir en 1919. El papel protagonista recayó sobre una entonces ya lanzada Estrellita Castro.

El curioso impertinente, el relato quijotesco que estamos considerando “off” Quijote, tendrá nueva versión en 1953, en una película española que, sin embargo, dirigió un italiano, Flavio Calzavara, y en la que los papeles principales los encarnaron una actriz y un actor de moda, Aurora Bautista (ésta pocos años después de sus grandes éxitos Locura de amor y Agustina de Aragón) y Valeriano Andrés.

1957 será el año de la primera versión audiovisual (aunque de forma tangencial) de Los habladores, en lo que fue la grabación de la representación teatral de Les bavards, la “opera buffa” original de Jacques Offenbach, inspirada en el mencionado entremés cervantino. La producción correspondió a la Radiodiffusion Télévision Française, y la realización televisiva corrió a cargo de Bronislaw Horowicz. La grabación era tan teatralizante que incluso, deliciosamente, se mantenía la caída del telón (para ver este audiovisual en YouTube pinche aquí).

La Radiotelevisâo Portuguesa también echó su cuarto a espadas a la hora de llevar a la pequeña pantalla obras cervantinas no quijotescas; además, su versión, titulada A cova de Salamanca, es la única hasta ahora conocida del entremés La cueva de Salamanca. La puso en imágenes como realizador Artur Ramos en 1961. Cuatro años más tarde, será la televisión finlandesa la que, dentro de la serie Teatterituokio (algo así como Sesión de teatro), puso en escena Avioerotuomari, o, lo que es lo mismo, una versión finesa del entremés cervantino El juez de los divorcios, con realización de Pauli Virtanen.

Si antes comentábamos la grabación de la “opera buffa” Les bavards, será Televisión Española la que hará en 1965 la primera versión de Los habladores en castellano, con dirección del entonces realizador de moda, Fernando García de la Vega, que repitió ese mismo año con otro entremés cervantino, La guarda cuidadosa.

Una novela no incluida en la serie de las Ejemplares ni tampoco en los entremeses, sino en las consideradas como caballerescas y de ambiente morisco, El gallardo español, fue adaptada dentro del espacio Novela de TVE en 1966. Pero será José María Forqué en 1968, fecha en la que el cineasta estaba en plena madurez creativa, el que afrontará la más ambiciosa coproducción sobre un texto cervantino “off” Quijote. Es Un diablo bajo la almohada, versión libre de (de nuevo) El curioso impertinente, con producción hispano-franco-italiana y con un trío internacional al frente del reparto, la sueca Ingrid Thulin (entonces de plena actualidad por ser una de las actrices preferidas de Ingmar Bergman), el francés Maurice Ronet y el italiano Gabrielle Ferzetti. Lamentablemente, la taquilla no acompañó y lo que podría haber sido un interesante venero argumental (las obras cervantinas actualizadas al siglo XX) se cegó casi antes de nacer.

1970 es el año de otro dramático televisivo sobre una Novela Ejemplar, El casamiento engañoso, dentro de la serie teatral de TVE Hora once, con Juan Tébar en la realización y Joaquín Dicenta, Carme Fortuny y Ricardo Merino, entre otros, en la interpretación, con la peculiaridad de que la adaptación situaba la acción en la misma época en la que se grabó el dramático, actualizando el tiempo de la acción (puede ver este espacio en YouTube pinchando aquí).

Ese mismo año de 1970 será de nuevo el espacio Novela (que, junto a Estudio 1, proporcionó a los españoles de la época una impagable cultura teatral) el que pondrá en la pequeña pantalla, con producción de TVE, una nueva versión de La gitanilla.

La serie Los libros fue una de las más interesantes apuestas culturales de La 2 de TVE (entonces conocida como el UHF o La Segunda); en esa serie tendría cabida la primera adaptación, según nuestros datos, que se hizo de la novela ejemplar El licenciado Vidriera, con dirección del exquisito Jesús Fernández Santos (también uno de los escritores más interesantes de su generación), con Emilio Gutiérrez Caba y Lola Cardona al frente del reparto (puede ver este espacio en YouTube pinchando aquí).

La ilustre fregona, otra de las más famosas Novelas Ejemplares cervantinas, conocerá también su primera versión audiovisual en 1978 gracias al espacio Novela de TVE, con Teresa Rabal en el papel protagonista. Es el mismo caso de El celoso extremeño, que ya a las puertas del siglo XXI, en 1999, conocerá una versión televisiva dentro del espacio ¡Qué grande es el teatro!, para TVE y con la realización de Rafael Ruiz.

La última adaptación cervantina no quijotesca que se ha hecho hasta el momento de escribir estas líneas es la versión para televisión de La española inglesa, producida por Globomedia para Televisión Española, con dirección de  Marco A. Castillo y con Macarena García (la actriz de Blancanieves) en el papel protagonista.

Una vez hecho el recorrido (no exhaustivo, por supuesto) sobre la obra cervantina “off” Quijote, llama la atención el hecho de que muchas de sus novelas, comedias y dramas, estén aún inéditas en cine y televisión. Sin ánimo de ser prolijos, se nos ocurre que hay títulos entre los textos literarios de Cervantes que aportan una riqueza argumental, una materia cinematográfica que el cine, ahora tan ayuno de temas, hace mal en ignorar. A vuela pluma se nos ocurre que historias como las Novelas Ejemplares Rinconete y Cortadillo, La fuerza de la sangre o El coloquio de los perros, podrían dar mucho juego en una pantalla, grande o pequeña. Entre los entremeses nos parece que sería interesante ver la adaptación de, por ejemplo, El vizcaíno fingido (que parece como Ocho apellidos vascos, pero de hace cuatro siglos) o El viejo celoso. De sus comedias se podría hacer una divertida versión de El rufián dichoso, por ejemplo. Se entiende que su novela bizantina Los trabajos de Persiles y Segismundo sea, hoy día, poco menos que infilmable, aparte de que el público al que iría destinado sería ciertamente muy minoritario; valdría decir lo mismo de su novela pastoril, La Galatea, aunque sus tramas amorosas podrían tener un inesperado interés en pantalla incluso hoy día.

Cervantes “off” Quijote: el resto es (casi) silencio, por decirlo con la famosa frase shakespeareana de Hamlet. Es casi silencio, y ya vemos que no tendría por qué serlo. Claro que los criterios de la producción son inescrutables, y en estos tiempos en los que la aculturación es la medida de todas las cosas, pedir peras al olmo no parece que sea lo más oportuno, aunque debería ser lo más justo.


Pie de foto: Lola Herrera y Macarena García en La española inglesa, última adaptación de un texto cervantino no quijotesco.