Enrique Colmena

Retomamos la glosa sobre la forma en la que El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha ha sido adaptado o versionado, respetuosa, libre o libérrimamente, en cine y televisión, tras el anterior artículo en el que reseñamos la incidencia del caballero manchego durante la etapa muda del cine.


Don Quijote habla (y hasta canta)

A partir de 1933 el cine vuelve a retomar la figura del caballero de la Triste Figura, pero ahora ya con sonido y diálogos, tras el invento del cine sonoro cuyo comienzo se da en datar, convencionalmente, con el estreno de El cantor de jazz (The jazz singer, 1927), de Alan Crosland. Ese 1933 es el año de la primera gran adaptación cervantina en Don Quichotte, bajo la dirección de Georg Wilhelm Pabst, con Feodor Chaliapin Jr. como estrella indiscutible e indiscutida, en una ambiciosa producción que inicialmente iba a dirigir Charles Chaplin, pero que finalmente quedó en manos del cineasta germano, quien haría una versión musical de algunos de los capítulos cervantinos, en un filme irregular pero evidentemente más que interesante.

El “cartoon” o dibujo animado se acercará por primera vez a la figura del caballero manchego en Don Quixote (1934), del cineasta norteamericano Ub Iwerks (que sería famoso como diseñador de prodigiosos efectos visuales, como los de Mary Poppins o Los pájaros). Es una versión muy heterodoxa, ocho minutos que le dan la vuelta a los ítems quijotescos. Por su parte, la primera versión sonora española sobre el mito manchego será la muy pulcra y conservadora Don Quijote de la Mancha (1947), de Rafael Gil, cineasta del régimen franquista, con Rafael Rivelles como el caballero y Juan Domenech como su escudero, y en papeles episódicos algunos de los que años más tarde serían grandes de la cinematografía española, como Fernando Rey o Sara Montiel.

Para comprobar la universalidad del mito cervantino baste recordar que la televisión portuguesa realizó a partir de 1954 una serie de episodios titulados genéricamente Aventuras de Don Quixote. Qué decir entonces de una de las más célebres (y exóticas) adaptaciones cervantinas, Don Kikhot (1957), dirigida por Grigori Kozintsev bajo la férula de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, con Nikolay Cherkasov como el Caballero de la Triste Figura y Yuri Tolubeyev como Sancho Panza, en una versión que fue muy celebrada, curiosamente bastante ajustada al original literario.

Eduardo García Maroto, uno de los grandes del cine español de los años cuarenta y cincuenta, inicia en 1960 la que debería ser una serie de seis películas de media hora, bajo el título Aventuras de Don Quijote, en la que el papel del caballero lo interpretaba el crítico e historiador cinematográfico Ángel Falquina, cuya enjuta figura tan bien convenía al estereotipo del mito. Desgraciadamente, la serie se quedó en aquel primer episodio, sin posibilidad de continuación por problemas financieros.

Los dibujos animados se fijan de nuevo en el personaje cervantino en la serie televisiva The famous adventures of Mr. Magoo, concretamente en el episodio Mr. Magoo’s Don Quixote de la Mancha (1964), dividido en dos partes, en el que se saca partido a la miopía galopante del protagonista, puesto en las tesituras quijotescas de molinos y similares.

La Alemania del milagro del Plan Marshall llevará a la pequeña pantalla una serie bajo el curioso título de Don Quijote von der Mancha (1965), con Josef Meinrad como Alonso Quijano y la aportación española de una María José Alfonso que el año anterior había hecho La niña de luto para Manuel Summers.

Con Don Chisciotte e Sancio Panza (1968) se nos dio la visión cómica italiana del mito a través de las pantomimas de los actores Franco Franchi y Ciccio Ingrassia, que durante años conformaron una pareja de comicastros a la manera del Gordo y el Flaco o Abbot y Costello, en una fórmula que se ha confirmado como efectiva a lo largo de los tiempos, y que responde al viejo esquema del payaso serio (clown) y el cómico (augusto), correspondiéndose, aunque fuera superficialmente, con las obvias circunstancias físicas y de pensamiento de los personajes centrales cervantinos. Con dirección de Giovanni Grimaldi, es evidente que no es, precisamente, la mejor de las aproximaciones al caballero, pero también que aporta una visión humorística que se agradece, aunque sea intelectualmente tan endeble. Será también Italia la que pondrá en pantalla, en este caso pequeña, La fantastica storia di Don Chisciotte della Mancia (1970), en la que Gigi Proietti daba vida al hidalgo manchego.

Entre las más exóticas versiones del personaje cervantino debe estar, sin duda, Don Kihot i Sanco Pansa (1971), telefilme rodado en la antigua Yugoslavia cuando el país era aún uno y no la miríada de taifas que es ahora; Don Quijote lo hacía Vladimir Popovic, y dirigía Zdravko Sotra.

1972 fue un buen año para las adaptaciones cervantinas, o al menos para aquéllas que tuvieron repercusión popular. El hombre de la Mancha fue una costeada coproducción italo-norteamericana que dirigió Arthur Hiller, que venía del exitazo de Love Story, y los personajes principales eran Peter O’Toole (lógicamente como Don Quijote), James Coco (también razonablemente como Sancho Panza) y Sophia Loren (que era, obviamente, Dulcinea, o Aldonza, que es la misma persona). Se trataba de la adaptación al cine del musical de Broadway Man of La Mancha, por lo que ciertamente no se le podía pedir mucha fidelidad al texto original cervantino.

El otro filme de ese año es Don Quijote cabalga de nuevo, con coproducción hispano-mexicana, y con dos monstruos sagrados al frente del reparto, Fernando Fernán Gómez como el caballero y Mario Moreno “Cantinflas” como el escudero, todos bajo la dirección del azteca Roberto Gavaldón, en un sólido trabajo que gozó de reconocimiento del público.

Una nueva versión musical la tendremos en Don Quixote (1973), filme australiano dirigido e interpretado por Robert Helpmann y el mismísimo Rudolf Nureyev, con coreografía del gran Marius Petipa, en una preciosista versión del ballet homónimo de Leon Minkus.

Para adaptación curiosa la que propuso el rijoso Raphael Nussbaum en The amorous adventures of Don Quixote and Sancho Panza (1976), una versión “softcore” del clásico cervantino, con el caballero dándose revolcones con mozas de taberna, campesinas y similares, versión heterodoxa donde las haya pero que, ciertamente, amplía hasta límites insospechados las posibilidades del mito.

Cruz Delgado, uno de los pioneros del cine de animación en España, lleva a la pequeña pantalla Don Quijote de la Mancha (1978), con las voces de Fernando Fernán Gómez y Antonio Ferrandis en los papeles principales, una serie que forma parte del imaginario colectivo infantil de toda una generación. También de animación, aunque mucho más exótica, es Zukkoke Knight: Donderamancha (1980), serie japonesa con una versión libérrima sobre la historia cervantina.

El director teatral Maurizio Scaparro llevó a la pantalla Don Chischiotte (1984), coproducción italo-española, muy peculiar y (obviamente) teatralizante versión de la historia cervantina, con un único decorado y Pino Micol y Peppe Barra en los papeles principales. Aunque para coproducción extraña, la de la serie televisiva Tshkovreba Don Kikhotisa da Sancho Panchosi (1988), serie producida por la Unión Soviética (y dentro de ésta, por Georgia) y España (y dentro de ésta, por Euskadi, en concreto por Euskal Telebista), con dirección del ideólogo soviético Rezaz Chjeidze, una más que curiosa visión de Alonso Quijano en clave marxista-leninista, que ya es imaginación… En la televisión vasca se emitió con el título en euskera, Don Quixote eta Santoren Bizitza.

1991 es el año en el que Televisión Española pone en escena una de las versiones más celebradas de la novela cervantina (en este caso de su primera parte), la serie Don Quijote de Miguel de Cervantes, con dirección de Manuel Gutiérrez Aragón y con Fernando Rey como el caballero y Alfredo Landa como Sancho, en una costeada producción que, de alguna forma, ha quedado como el paradigma de la adaptación a la vez fiel y sin embargo creativa. El año siguiente, 1992, será el que se da como fecha de producción para Don Quijote de Orson Welles, que terminaría Jesús Franco montando lo rodado por el autor de Ciudadano Kane a lo largo de varias décadas, en uno de esos proyectos inacabados que Welles dejó  por falta de medios y de tiempo.

De nuevo la cinematografía rusa, con el apoyo de la búlgara, acomete el empeño de versionar la novela cervantina en Don Kikhot vozvrashchaetsya (1997), con Oleg Grigorovich y Vasiliy Livanov codirigiéndola.


Don Quijote en el siglo XXI

El tercer milenio se abre con una adaptación norteamericana, una costeada TV-movie titulada Don Quixote (2000), con John Lithgow como bastante atinado (al menos físicamente) caballero y Bob Hoskins como su escudero, con Peter Yates (al que se le dan mejor los thrillers) a los mandos, y una Vanessa Williams como improbable Dulcinea negra.

Manuel Gutiérrez Aragón culminará con El caballero Don Quijote (2002) la segunda parte de la novela cervantina, aunque tras la muerte de Fernando Rey será Juan Luis Galiardo quien retome el yelmo, la adarga y la cabalgadura de Rocinante; Carlos Iglesias (entonces con notable fama televisiva) se convierte en Sancho Panza; ahora con formato cinematográfico, se completa con ella la que probablemente es la mejor y más ajustada adaptación de la novela de Cervantes.

En otra de esas exóticas producciones que han tomado como base la historia cervantina, la cinematografía israelí hace Don Kishot be’Yerushalaim (2005), cortometraje de cinco minutos con dirección de Dani Rosenberg, que sitúa a ambos personajes en la Jerusalén dividida entre judíos y palestinos. Por su parte, Francia graba para la pequeña pantalla Don Quichotte ou Les mésaventures d’un homme en colère (2005), bajo la dirección de Jacques Deschamps, con Patrick Chesnais en el papel principal y nuestra Assumpta Serna en el elenco artístico.

Donkey Xote (2007) será una nueva adaptación al universo del dibujo animado (ya con la acreditada fórmula digital que impuso Toy Story), en este caso visto mayormente desde la perspectiva de Sancho Panza y su burro, con las voces de José Luis Gil y Andreu Buenafuente y la dirección de José Pozo.

Don Quixote: The ingenious gentleman of La Mancha (2015) es, por ahora, una de las últimas películas relevantes que se han hecho sobre el personaje cervantino, una producción norteamericana con dirección colegiada de nueve realizadores, y con Carmen Argenziano (que es un señor, a pesar del nombre de pila…) como Don Quijote, además de algunos conocidos actores de Hollywood, como James Franco o Luis Guzmán, en pequeños papeles secundarios.

Es evidente que en los años venideros, si el mundo no se va al traste (lo que no hay que descartar, tal y como van las cosas), veremos otras nuevas versiones o visiones sobre el original cervantino. Quede aquí una amplia, que no exhaustiva, relación de títulos que, de una forma u otra, han tomado como base a Don Quijote y/o los personajes de la novela. Pero la obra magna de Cervantes es un río caudaloso, del que todavía se puede seguir (y se seguirá, no me cabe duda) bebiendo sin recato…


Pie de foto: Fernando Rey y Alfredo Landa, caracterizados como sus personajes en Don Quijote de Miguel de Cervantes.