Película: Don Quijote Maurizio Scaparro, italiano, prestigioso director de teatro, configuró sus visiones del Quijote mediante una triada compuesta por obra teatral, película y serie de televisión. Cada una de ellas con las esencialidades propias de su específico lenguaje aunque, en el fondo, vinculadas a una personal idea núcleo de la que partía y se organizaba todo lo demás.  

La película Don Chisciotte se apoya en la adaptación del original cervantino efectuada por Rafael Azcona, Tulio Kezich y Maurizio Scaparro; fue filmada en 1984 e interpretada en sus principales papeles por los actores italianos Pino Micol (Don Quijote) y Peppe Barra (Sancho Panza); la compañía Els Comediants participó activamente en la filmación.

¿Dónde se inscribe esta película en la larga filmografía de la obra cervantina? “El Ingenioso hidalgo Don Quijote…”,  ha sido ejemplo, a lo largo de más de un siglo, del diverso proceso industrial que el Cinematógrafo fue creando durante su Historia. Rafael Azcona y Maurizio Scaparro, tras rigurosa elección y selección de aventuras y fragmentos, privilegian en su guión el juego escénico para que el teatro se constituya en eje del mismo al considerar que la obra original está impregnada de una sugerente teatralidad en el ámbito de  una novelesca ficción.

De otra parte, han resuelto el diseño plástico del héroe, de los héroes, tras interpretar  y resolver cuestiones relativas tanto a lo físico de los personajes como a aspectos vinculados a lo psicológico y a lo temperamental. Y junto a ello, otras resoluciones que afectan a convertir en concreto lo abstracto de la manifestación literaria: entre otras, mostrar o no la visión quijotesca de los hechos, prescindir de Dulcinea, compensar adecuadamente "lo real" frente a "lo imaginario".

Mientras sucede la proyección y comprobamos esa dimensión teatral antes citada, se nos viene a la memoria una opinión del escritor Don Juan Valera que, con ocasión de las adaptaciones quijotescas (y no precisamente referida al cine) nos pone sobre aviso de que la unidad de esta novela no está en la acción sino en el pensamiento de Don Quijote y Sancho unidos por la locura. A partir de aquí, pueden quitarse lances, como hacen Scaparro y Azcona, o ponerse, pero la acción, la sustancia de la fábula, quedará la misma.

Al tiempo, la presencia de este Don Quijote (en su interpretación por parte del actor Micol) que Scaparro propone nos permite rememorar la versión de G. W. Pabst (Don Quijote, 1932) no tanto por mostrar a un rey Arturo, propio de teatro ambulante, que arma caballero a Don Quijote, como por incorporar cierto tono operístico (y por tanto teatral) con las canciones puestas en boca del hidalgo, interpretado por Feodor Chaliapine.

A propósito de tal versión, el escritor Benjamín Jarnés en su libro “Cita de ensueños”, tras catalogarla como excelente poema dramático o la más original rapsodia española, afirma que Pabst difiere intencionadamente de Cervantes y ahí radica su más alta excelencia. La originalidad de los cineastas, según su opinión, no debe sustentarse en mantener la máxima sustancia novelesca sino en ofrecer una propuesta fílmica donde se evidencie la máxima sustancia plástica. Aplicado a la temática teatral es cuanto han pretendido hacer Azcona y Scaparro por lo que el citado escritor no hubiera dudado en tildarlos de “soñadores” por conseguir tan desaforado intento.

El personaje de Sancho (aquí en interpretación de Peppe Barra) nos lleva a la versión de Kozintsev (Don Quijote, 1959), supervisada por el exiliado escultor español Alberto Sánchez, no tanto por el evidente didactismo propio de aquel cine del “deshielo ruso” ni, acaso, por la sutil lectura social/socialista capaz de efectuarse sobre situaciones y personajes, sino por el carácter del encuentro final entre hidalgo y criado, cuando quijotización y sanchificación han llegado a su punto álgido, es decir, cuando la dignidad del aspirante a gobernador de la ínsula es capaz de moderar la inutilidad de tantas acciones de tan iluso pero ya tan querido amo.

En síntesis, tomando las palabras del propio director como guía para el espectador, su pretensión ha sido verificar cuánta teatralidad hay en la obra original y, en paralelo,  mostrar cuánto amor se ofrece por parte de un Quijote que busca, desesperadamente, la inexistente belleza de la inexistente Dulcinea. No estamos pues, según Scaparro, ante un viaje de aventuras al uso, sino ante un viaje al sueño, a la búsqueda de lo fantástico y de la ilusión en el interior del cerebro del hidalgo; de un viaje desde la realidad a la utopía siguiendo a Cervantes en su amor por el teatro.

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Don Quijote - by , May 03, 2014
4 / 5 stars
Verificar plásticamente la teatralidad de la novela