Rafael Utrera Macías

En capítulos precedentes hemos comentado la afición, como espectador cinematográfico, de Francisco Franco, así como las películas que para él se proyectaron en el Palacio de El Pardo, desde 1946 hasta 1975; seguimos, para ello, el libro “Las películas que vio Franco”, de José María Caparrós y Magí Crusells. A continuación, efectuamos un análisis, temático y estilístico, de “Raza”, la novela escrita por Franco Bahamonde bajo el pseudónimo de “Jaime de Andrade”. En la presente entrega precisaremos las características de la película Raza, estrenada en 1942, y de su posterior versión, titulada El espíritu de una raza, proyectada en 1950.



Producción del Consejo de la Hispanidad

El guion o la novela “Raza” debió de escribirse entre dos fechas concretas: el Desfile de la Victoria, celebrado el 19 de mayo de 1939, y el rodaje del film, que comenzó el 31 de Julio de 1941. Ello, al margen de las notas que el autor tuviera redactadas en fechas anteriores. Según Ricardo de la Cierva, “se escribió en el invierno de 1940-1941, año y medio después de terminada con éxito la guerra civil y como un desahogo en medio de las preocupaciones de la segunda guerra mundial...”. Como asesores de la película actuaron Manuel Aznar y Manuel Halcón; algún investigador ha señalado que el primero corrigió el estilo en el manuscrito original de la futura publicación.

Para coordinar la producción de la película se creó el Consejo de la Hispanidad (futuro Instituto de Cultura Hispánica) cuya cancillería se encargaría de controlar el rodaje y su futuro inmediato. Para la elección de director se hizo una especie de examen entre varios profesionales, quienes desconocían la autoría del texto sobre el que trabajaban. Fue elegido José Luis Sáenz de Heredia y Primo de Rivera, quien gozó de la confianza del “Caudillo”, entre otros motivos, por pertenecer a la familia del fundador de la Falange. El guionista y realizador eliminó farragosos párrafos del original; se justificó diciendo que no filmaría cuanto el espectador pudiera encontrar en el diccionario Espasa.


Equipo artístico y técnico

El equipo artístico y técnico fue elegido entre lo más distinguido y granado de los profesionales del momento. Entre los intérpretes, Alfredo Mayo (José Churruca), Ana Mariscal (Mary Sol Mendoza), José Nieto (Pedro Churruca), Luis Arroyo (Jaime Churruca), Blanca de Silos (Isabel Churruca), Raúl Cancio (Luis Echeverría, el cuñado) y Rosina Mendía (Isabel, la madre). Entre los técnicos, el fotógrafo Enrique Guerner, el operador Cecilio Paniagua, el montador Eduardo García Maroto (quien sustituyó al director, en breve ausencia por enfermedad), el decorador Burmann o el compositor Manuel Parada. Se rodó en los madrileños Estudios CEA, de Ciudad Lineal, y en la banda sonora participaron las Orquestas Nacional, Sinfónica y Filarmónica, “coaligadas” (según créditos).  El estreno oficial de la película se efectuó en Madrid, en el cine Palacio de la Música, el 5 de enero de 1942.

Raza se concibió como una empresa de Estado. Su financiación alcanzó la cifra de 1.650.000 pesetas. Se rodó a lo largo de 3 meses en los citados estudios (con 50 decorados) y en algunos escenarios naturales, marítimos o de tierra adentro.


Aspectos temáticos; combinación de géneros

El argumento de la película sigue las líneas generales que precisamos al describir el de la novela, aunque se dan algunas diferencias que señalaremos oportunamente. Desde la perspectiva de los géneros, esta producción aglutina varios de ellos, especialmente el “histórico” y, dentro de éste, el específico de las “gestas”, ahora, referido, obviamente, a los militares franquistas en el enfrentamiento con sus enemigos; en la primera parte, adquiere singular importancia la pérdida de las colonias (Cuba y Filipinas) y con ello se elucubra, con la consiguiente puesta en escena, la visión política y militar relativa a la “crisis del 98”.

De otra parte, la narración se apoya en la evolución de una historia familiar donde el sacrificio militar y religioso es tema fundamental; este bloque introductorio está dedicado al marino Churruca, a su condición humana, militar y religiosa; quien fue una víctima de la guerra, lo hace con la satisfacción del deber cumplido y, de modo semejante, a como lo hubiera hecho cualquier almogávar, el modelo de patriótico guerrero propuesto a sus hijos.

De la misma manera que, posteriormente, José, tras sus diversas hazañas bélicas, será fusilado, aunque su buena suerte le depare la salvación gracias a los empeños de Marisol; por su parte, el personaje de Jaime, ingresado en una orden religiosa, practicará la caridad tal como su fe se lo aconseja y, por ello mismo, será otra víctima del enemigo; el género histórico se cruza con el religioso, al tiempo que plantea los hechos en torno a una familia ejemplar donde sólo Pedro es la excepción a la regla; como buen Churruca, sus veleidades republicanas tienen oportuna caducidad, de modo que, cuando sea tocado por el arrepentimiento, dará su vida en modo semejante a como lo hicieron sus hermanos. Únase a ello la dignidad de la madre según el canon de las mujeres católicas y, al tiempo, la rectitud esperada de las esposas de tradicionales militares españoles. Este cruce de ejemplar y patriótica milicia junto a católica y apostólica religión, ofrece en Raza un modelo tan ejemplarizante que otros títulos coetáneos, elaborados con semejante ideología y adecuados propósitos, no tienen comparación posible con el diseño de Jaime de Andrade.

Sobre este entramado argumental subyacen las líneas ideológicas que atraviesan el film; como también las patrióticas conclusiones previas a su última secuencia. De modo que la nefasta actitud liberal de los políticos de la Restauración y cuantos les siguieron en años sucesivos, acarrearon los peores males para España: la pérdida del imperio de ultramar, primero, y el advenimiento de la república, después. Masones y judíos, verdaderos enemigos de España, llevaron el caos a la nación española; el almogávar Francisco Franco se rebelaría contra tantos malos españoles y emprendería el golpe de estado que daría lugar a la guerra civil, esa que, según él, quedaba plasmada en su libro, en su película.


Transposición autobiográfica

Román Gubern, en sus tempranos y diversos trabajos sobre Raza, estimó que la película funcionaba como un “transfer”, es decir, como una transposición autobiográfica en la cual Francisco Franco y los suyos se proyectan en el personaje de José y en la familia Churruca, ejerciendo sobre aquella una exaltada vocación de ascenso social, auto-ennoblecimiento, además de una “feroz potenciación del ego”; el investigador aplica las interpretaciones psiquiátricas del austriaco Alfred Adler al dictador y a su personaje, de manera que el militar tímido, austero y siempre concentrado en la disciplina, consigue una compensación psíquica con un poder ilimitado. En fin, la sublimación autobiográfica queda de manifiesto en el personaje de José, pero, al tiempo, el propio Franco se duplica con las referencias verbales e icónicas tan presentes en toda la novela, en toda la película: fotografías suyas presidiendo despachos, ilustrando barracones, carteles en las calles madrileñas, conversaciones en las que se alude a su tranquilidad y sosiego ante ciertas adversidades bélicas que deben entenderse por los suyos como simples contrariedades.

De la misma manera, el padre de Franco, que tantos quebraderos de cabeza produjo a su hijo, se encuentra, novelada y cinematográficamente, transformado en nada menos que el mejor marino y con mayor prestigio de la España finisecular capaz de dar su vida por su patria. A su vez, el hermano de Francisco, Ramón, tomará en la ficción el nombre de Pedro y será, consecuentemente, su enemigo y el de toda la familia tras haberse convertido en poderoso político republicano. Pedro y José simbolizan las dos Españas. Las mujeres (la madre, la hermana y Mary Sol, la novia/esposa de José) cumplen las funciones que la sociedad del momento les tiene asignadas en el segmento social, profesional y religioso al que pertenecen: burguesía, milicia, catolicidad. En conjunto, representantes típicos de “la raza” y herederos, ante ambientes tan degradados, de lo más granado de la casta almogávar.

Un caso aparte, es el de Echeverría, el militar amigo de José. Aquí, Saénz de Heredia se separa radicalmente de Andrade y, desobedeciéndole, salva en la pantalla a quien moría en la novela. Luis, acogido en la familia Churruca, casa con Isabel. En el frente, su carácter “caviloso”, eufemismo respecto a cobardón, le obliga a pasarse al enemigo en su ardiente deseo de estar con su familia; el rechazo de su esposa ante la deserción y el obligado retroceso a su destino le deparará la mala suerte de encontrar la muerte en las sombras de la noche. Ese fue el “final” que Jaime de Andrade tenía preparado para quienes, como militares, sólo se distinguen por su uniforme. Los cineastas consideraron excesivo este final y optaron por salvar al personaje; Luis merodeará por las cercanías de las líneas enemigas, pero la oportuna llegada de José, impedirá salirse con la suya. Los Churruca no se merecían tan cobarde deserción; por ello, Echeverría, para orgullo de su familia, formará parte del Desfile de la Victoria; su hijo, un niño vestido de falangista, preguntará a su madre: - ¿Cómo se llama esto, mamá? Y la madre, en oportuna respuesta de “historia oficial”, le responde: - Esto se llama raza, hijo mío.


Recursos técnicos

Es rasgo peculiar de la película el manejo de una cámara ágil que se traslada cómodamente por amplios salones amplios o estrechos interiores; en el primer caso, sirviéndose de generoso trávelin que se desplaza en dos o más direcciones, en el segundo, con diestro manejo en el uso de la luz. A este respecto, hay diversos momentos en los que se pone especial énfasis en su utilización; así, cuando Echeverría, dubitativo y caviloso, se inquieta ante su deseada deserción, su rostro queda artificialmente iluminado en una zona encuadrada en los ojos. Y del mismo modo, en una de las peores escenas de la película, cuando Pedro reconoce su traición ante sus compañeros de filas, la iluminación se exacerba mientras la cámara, plano picado sobre el personaje, lo muestra transfigurado, deleitándose en su discurso fascista, mientras los republicanos le rodean, quietos y callados, como si se tratara de una aparición sobrenatural.

El flashback se usa, ocasionalmente, para aludir a las glorias de un histórico pasado, que no por desastroso fue menos heroico; el desastre del navío San Juan Nepomuceno, allá en Trafalgar, inscribió a su antepasado en el libro de la Historia; la filmación y el montaje se alían para ofrecerlo en la película mediante un collage en el que se combinan páginas de periódico con actividades marineras además de eficaces cañonazos y destrozadas arboladuras. Y nuevamente el collage es utilizado para ofrecer temporalizaciones de la etapa republicana, la rápida sucesión del tiempo y, paralelamente, de los acontecimientos. Las portadas de “Ahora”, de “Abc”, las páginas de populares revistas, se suceden en vertiginoso ritmo para dar información, espacial y temporal, de los eventos políticos y de las insurrecciones de ultramar; un plano cartográfico de Cuba, el baile de una verbena, la marinería del “Vizcaya”, se suceden y alternan, complementando los diversos temas de la narración. De la misma manera, el final de la película, cuando el nombrado Desfile avance marcialmente por el Paseo de la Castellana, unas cuantas secuencias remiten, en paso atrás, a los hechos previamente acontecidos, uniendo, intencionadamente, el doloroso pasado con el glorioso presente.

El carácter de la película y su catalogación por género parecen eximirla de toda nota humorística capaz de distraer al espectador de aquello que interesa; dos excepciones: la reacción de la pianista en la sala de fiestas (el miliciano rojo le enseña la pieza de salchichón) y la canción del “Carrasclás” (en la ingenuidad de su letra, tan propia para soldados fascistas). 

Entre las secuencias mejor valoradas, tanto por su ejecución técnica como por los valores emocionales ejercidos sobre el entregado espectador, está la relativa al fusilamiento de los frailes. Construida sobre la antítesis comportamiento sacrílego de los soldados republicanos frente a benefactora actuación de los eclesiásticos, selecciona un adecuado paisaje al que se une la armónica musicalidad que subraya el momento.


Estreno. Recepción en España y en el extranjero

La película fue estrenada, como hemos dicho, en el madrileño Palacio de la Música el lunes 5 de enero de 1942. Al día siguiente, el periódico “Abc”, le dedicaba la página 11 en un artículo, a tres columnas, en cuyos titulares podía leerse: “El cine nacional. Estreno, en función de gran gala, de Raza, película de España”. A lo largo de cinco bloques se daba cumplida cuenta de la esencia del film, de su producción e intérpretes, de las características de tan importante sesión. Seleccionamos algunos párrafos:
“…La familia española contemplaba con dolor, con indignación santa, aquella proliferación de ruines pasiones, que se extendían sobre la Patria y querían destruirla. Con su sacrificio –no se puede vencer, pero se puede morir- la familia española nos salvó de la indignidad y la humillación – Trafalgar, Santiago de Cuba- y puesta en pie, decidida ya detrás de su Caudillo, venció en la más sublime epopeya de nuestra vida nacional (…)”.
“A nuestro juicio, el gran acierto de Raza estriba en su sencillez y en su verdad. No hay la menor concesión a la fantasía, salvo la indispensable para la trama. Sobriamente, de modo escueto, la película nos va mostrando el ritmo de la vida española en el 98 y el tremendo contraste entre lo superpuesto y ajeno a nosotros mismos, a nuestra tradición y a nuestros ideales y lo austero, auténtico y entrañable de la España que parecía dormida, aunque velaba”.

El comentarista (que se firma “L”) destaca como mejores secuencias las relativas al asalto del Cuartel de la Montaña, la salvación del protagonista por Mari Sol, la del fusilamiento de los religiosos. Otros párrafos están dedicados al Consejo de la Hispanidad, a la labor de los intérpretes, a las reacciones de los espectadores y al desbordado entusiasmo de los asistentes, entre quienes estaba el Gobierno, Cuerpo diplomático, Ejército, etc. Y termina: “Velada llena de amor para España y su Caudillo…”.


Estreno en Sevilla

En el sevillano Cine Pathé, la película fue estrenada el viernes 30 de enero de 1942. Un anuncio en el periódico “Abc” (edición de Andalucía) indicaba la hora, seis y treinta de la tarde, en “Función a todo honor” (sic), seguido de ficha artística y técnica. Al día siguiente, se publicó la crítica. El periodista (que firma Gil), titula “Solemne estreno de Raza con éxito resonante”; los dos primeros párrafos los comienza con “A todo honor…”; ya, en el siguiente, define cuál es la esencia de la película: “¿Y qué es Raza? Una exaltación del espíritu español. Un canto a las virtudes de la raza hispana. Una exhibición de aquellos dones positivos, específicos, que no son de ahora ni de antes, sino de todos los tiempos…” (…) Nos ha señalado dónde está el enemigo, el cauto y pertinaz disociador, el que, resintiéndose de falaces formas políticas, trabajó tenebrosamente por la ruina de España”.


Objeciones críticas

Por su parte, en la revista “Primer Plano” (11 de enero. 1942), el comentarista Más Guindal hacía el elogio correspondiente al autor, seguido de las esencias patrióticas de la película, “acierto de intención (…) en la que los buenos españoles pueden aprender una lección de arte y de amor patrio”. Sin embargo, desde la propia publicación, unos meses más tarde, Fernando Fernández de Córdoba, ortodoxo falangista, se quejaba de que nuestro cine, “desde el punto de vista falangista, o que sirva al punto de vista de nuestro Movimiento Nacionalsindicalista, está todavía por hacer”. Sin duda, a este sector le habría saabido a poco, tal vez a nada, su presencia en la película de Jaime de Andrade; en ella, el hijo de Echeverría, en esa secuencia final del desfile, es la única camisa azul que se destaca. 

Desde criterios bien distintos, el historiador Ángel Zúñiga, en su libro “Historia del Cine-II”, se refería, en la cercana fecha de 1946, a la habilidad de Sáenz de Heredia para conseguir la plasticidad de algunas escenas, aunque sin obviar “los fallos de continuidad, de construcción y por la caída en la fácil sensiblería”.

Cuando, en enero de 1992, se cumplieron los 50 años de Raza, diversos medios de comunicación dedicaron espacios específicos a recordar el carácter de la película y al autor de su argumento. En el periódico “El País”, Ángel Fernández-Santos firmaba un artículo titulado “El extraño cinéfilo”; tras recordar cómo Franco salvó de la quema a Gilda sólo porque su intérprete, Rita Hayworth, era española, dedica unos párrafos al film en su cincuentenario: “Pese a ser mala de solemnidad, Raza como película se puede ver, pues sus imágenes se sostienen. La habilidad de Antonio Román y de Sáenz de Heredia en la redacción del guion técnico –que corrige con sutileza los muchos infilmables disparates del guion literario escrito por Franco-  y la dirección del último, que es un expertísimo artilugio para mantener en pie a un muerto y dar aspecto de seriedad a imágenes deducidas de un texto literalmente tronchante, merecían aquel “Has cumplido” del caudillo, que probablemente sabía lo que, sin decirle, le estaba diciendo”.


Interesada difusión internacional

Los numerosos estrenos oficiales que se hicieron en diversas capitales de toda España tuvieron su paralelo con la proyección de Raza en embajadas y consulados de España, muy especialmente, en Alemania, Italia y algunos países sudamericanos. Hasta pudo conseguirse que el Papa Pío XII pudiera verla en el Vaticano. Otros ejemplos semejantes podrían ponerse. El resultado de la Segunda Guerra Mundial, con la caída del Eje y el comienzo de la “guerra fría”, enfrentados como enemigos Rusia y Estados Unidos, pondría fin a un tiempo en el que la película, hasta entonces, admirada por regímenes fascistas, perdía todo su valor y algunas secuencias, con sus impertinentes diálogos o sus imágenes a contracorriente, resultaban tan políticamente incorrectas que se aconsejó hacerla desaparecer, no una sino todas las copias existentes. En 1949, se producirá la necesaria y obligada “reconversión”, y lo que fue Raza (1942) se convirtió en El espíritu de una raza (1950). Franco se vio obligado a censurarse a sí mismo.


Ilustración: Cartel de la película Raza.

Próximo capítulo: Franco: exhumación literaria y cinematográfica. La película El espíritu de una raza (y V)