Película: 091, Policía al habla

Dentro del estimulante cine policíaco que se hizo en España durante los años cincuenta y primeros sesenta, 091, Policía al habla ocupa un lugar apreciable, aunque quizá no esté a la altura de las obras maestras del género, que se pueden considerar que son, sin faltar a la verdad, las magníficas Los atracadores (1961), de Francisco Rovira Beleta, y El salario del crimen (1965), de Julio Buchs. Pero ello no es óbice para reconocer que estamos ante un film muy entonado, que intentaba (y en buena medida lo conseguía) entroncar con el policíaco irisado de drama que por aquel entonces hacía furor fundamentalmente en Francia (Melville, Becker, Malle, Clouzot, entre otros).

A principios de los años sesenta, poco después de establecerse la llamada de urgencia al 091, teléfono de la Policía, asistiremos a la intervención de las patrullas policiales en varios casos de los que se daban cotidianamente en las grandes ciudades españolas de la época: la menor que huye de casa con pájaros en la cabeza y es seducida por el rufián de turno; el violento atraco a un local boxístico para llevarse la recaudación del día; el accidente de varios Rodríguez que se iban de farra con chicas de vida más o menos alegre; el niño enfermo que necesita urgentemente una bombona de oxígeno… sobrevolando todos ellos, el film se inicia con el atropello mortal de una niña de siete años, hija del protagonista, el inspector Martín (un excelente Adolfo Marsillach), lo que le supondrá, además de la ruptura matrimonial, una obsesión creciente y devoradora por atrapar al que mató a su hija.

Film inscrito en la mejor etapa de Forqué como director, la que va  desde mediados de los cincuenta a mediados de los sesenta, 091, Policía al habla, aunque tiene inevitables resabios del régimen bajo el que se rodó (de hecho, la ominosa Dirección General de Seguridad, de infausto recuerdo para la clandestina oposición de la época, prestó una colaboración plena), no se puede decir que sea, estrictamente, una película franquista: su tema es otro, es la lucha contra el crimen, organizado o no, y los patrones ideológicos desde los que se planteó, aunque fueron obviamente conservadores (en aquella época otra cosa era inimaginable, salvo que se presentara –como así lo hizo el cineasta valenciano--  con el sarcasmo de Berlanga), se pueden considerar homologables a los del cine negro que se hacía en ese tiempo en democracias consolidadas como la norteamericana o la francesa.

Dentro del tono grave, muy dramático, del film (que se abre con el fortísimo impacto de la muerte de la hija del protagonista), llaman la atención los excursos cómicos, propiciados fundamentalmente por el hilo argumental que porta la pareja de pequeños pícaros que componen Tony Leblanc y Manolo Gómez Bur, estupendos, y también por el personaje del subalterno del protagonista, el inspector (de segunda, como él mismo se encarga de aclarar) Barea, interpretado por un José Luis López Vázquez que aquí parecía prefigurar el rol del españolito poco agraciado y permanentemente salido al que sacaría gran partido en años posteriores, en un fenómeno similar al landismo que, sin embargo, no llegó a tener denominación propia, quizá porque “lopezvazquismo” era demasiado alambicado…

Fotografiada exquisitamente por el gran Juan Mariné en un elegante blanco y negro, muy apropiado al género y al tono de la película, 091, Policía al habla es interesante también por el retrato social que hace de la España de principios de la década de los sesenta, una sociedad, evidentemente (a la fuerza...) apolitizada, donde los problemas eran generacionales (la menor que se escapa), de seguridad (el atraco al local de boxeo), de infidelidades conyugales (el accidente de los Rodríguez): una mirada caleidoscópica en un film ciertamente curioso, que confirma que el cine negro español que se hizo en el período 1950-1965 fue el más interesante de cuantos se han hecho en nuestro país.

Además de los segurísimos intérpretes citados, la película se beneficia de un amplísimo reparto de grandes secundarios de nuestro cine, algunos en sus primeros papeles en la gran pantalla: gente tan buena como las hermanas Gutiérrez Caba, Agustín González, María Luisa Merlo, Antonio Ferrandis, Manuel Alexandre, Luis Peña (hijo)… entre otros muchos, conformaron un corpus interpretativo magnífico, sobre el que el director y coguionista, José María Forqué, se apoyó sin titubeos.


091, Policía al habla - by , Jan 26, 2018
3 / 5 stars
Cine negro a la española