Pelicula:

Esta película se proyecta en la sección Las Nuevas Olas, dentro del Festival de Cine Europeo de Sevilla (SEFF’20).

El cine griego nos llega a cuenta gotas. Hubo un tiempo en el que parte de las películas de Theo Angelopoulos llegaban a los circuitos de lo que entonces se llamaba “arte y ensayo” (nombre que hoy día resulta deliciosamente cursi, pero que en su momento era toda una declaración de intenciones); muerto el maestro de Paisaje en la niebla, el siguiente director que llamó la atención fue Yorgos Lanthimos, que abrió una veta de cine esquinado, y además le permitió dar el salto a la industria cinematográfica internacional. Lo cierto es que Lanthimos, en films como Canino (2009) y Alps (2011), puso de moda en el cine de su país los temas extraños, de corte social pero con una mirada sesgada, oblicua: así, en el primero de los títulos habló de la sobreprotección familiar ante los supuestos peligros de la vida exterior, con un inusitado gusto por lo explícito, y en el segundo por la sustitución del sujeto amado cuando este se pierde. No es el único en Grecia que apunta ese tipo de cine: recuérdese, por ejemplo, a Argyris Papadimitropoulos y su Suntan (2018), sobre la obsesión sexual de un pobre diablo, o Babis Makridis y su Pity (2018), sobre la pena como adicción que llega a ser literalmente asesina.

Christos Nikou (Atenas, 1984) había ejercido hasta ahora su carrera en cine como ayudante de dirección, estrenándose como tal en la citada Canino de Lanthimos; probablemente estar en ese film, que fue la tarjeta de presentación de su director, pero también del nuevo cine griego del siglo XXI, le sirvió para, además de continuar con esa tarea en su país, hacerlo también fuera, tanto en Francia como incluso en Estados Unidos, ejerciendo como tal en Antes del anochecer (2013), la tercera parte de la famosa trilogía de Richard Linklater. Ahora Nikou vuela solo en su ópera prima como director de largometraje, habiendo hecho antes solo un corto, Km (2012).

La acción de esta Apples se ambienta en la Atenas contemporánea, aunque con cierta atemporalidad (el uso habitual en el film de tecnologías hoy obsoletas como las cámaras Polaroid o las cassettes de audio parecen indicar que estaríamos a finales del siglo XX). En la escena inicial vemos al protagonista solo, en su casa, ensimismado. Escucha por la radio que para luchar contra una creciente pandemia de amnésicos a los que la falta de memoria les ataca de forma inesperada y total, un hospital realizará un programa específico para ellos. Acude al centro clínico aduciendo que ha perdido totalmente la memoria. No tiene identificación ni nadie lo reclama, por lo que el centro lo inscribe en un programa llamado “Nueva identidad”, que le permitirá iniciar una nueva existencia. Para ello, le dan instrucciones para que periódicamente vaya realizando una serie de acciones que deben ir construyendo su nueva vida; pronto el protagonista se dará cuenta de que ese programa es el mismo de otros amnésicos que va conociendo...

Tiene Apples la originalidad de su tema: a la manera del Ensayo sobre la ceguera, de Saramago (en la que se extiende una repentina ceguera entre los ciudadanos), aquí también existe un a modo de epidemia que hace que la gente, de buenas a primeras, pierda la memoria de forma absoluta. Claro que en el caso del film de Nikou hay un dato que no conoceremos hasta casi el final (y que no desvelaremos, para no incurrir en “spoiler”) que la hace sutilmente distinta. El neófito director griego apunta buenas maneras: su cine recuerda bastante al primer Lanthimos, al que tenía medios económicos escasos pero mucha (torcida, eso sí) imaginación. Nikou opta por el estilo impersonal: se ve que quiere pasar desapercibido, en ningún momento hay subrayados ni utilización de recursos cinematográficos llamativos; la narrativa es clásica, trufada de ocasionales momentos de cierta comicidad irónica, de corte sutil, en la que no falta cierto gusto por lo estrafalario, como en la escena de la fiesta de disfraces, tirando a estrambóticos: gorila, astronauta, esqueleto... Curiosamente, en su estilo Nikou recuerda un poco al Lanthimos primitivo, como era de esperar, pero también a Aki Kaurismäki, en un cierto (y buscado) acartonamiento formal y un humor a contra corriente, esquinado.

Metáfora sobre la vida moderna, acelerada, insatisfactoria, pero también de las penas insoportables, de todo lo cual el individuo contemporáneo tiende a intentar escapar a todo trance, Apples (que se refiere en su título a las manzanas que el protagonista come obsesivamente durante casi todo el metraje del film, hasta que se entera de que son buenas para la memoria...) es una tragicomedia de corte naturalista que, ciertamente, tiene interés y llega con nitidez al espectador. Película hecha de silencios y de miradas, curiosamente cuando los personajes hablan baja en interés, como si el estado natural del film fuera precisamente el contemplativo y silente. Finalmente una obra dolorosa a pesar de su comicidad como encubierta, Apples se cierra con un final levemente esperanzado que nos reconciliará con el ser humano.

La interpretación se amolda al estilo buscado por Nikou, donde los actores y actrices son un poco autómatas: la pérdida de memoria les confiere una apariencia como de individuos al comienzo de todo, cuando no hay una vida detrás que respalde emociones, hechos, actitudes vitales. En ese sentido, los desconocidos intérpretes (aunque al protagonista, Aris Servetalis, ya lo vimos en Alps, de Lanthimos) se ajustan a lo que se les pide, convertirse en seres que carecen, o parecen carecer, de una vida propia, seres cuyas mentes hubieran sido borradas de su experiencia vital.

(14-11-2020)


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Apples - by , Nov 14, 2020
3 / 5 stars
Manzanas para recordar